Descarbonización

Ciudades que aspiran a ser 100% renovables

Reikiavik, Seattle u Oslo han dejado atrás el carbón, el petróleo o el gas. Pero otras muchas ya tienen objetivos para abandonar las energías fósiles.

Vista de la ciudad de Seattle, en Estados Unidos.
Vista de la ciudad de Seattle, en Estados Unidos.

La quiebra de la mayor empresa de carbón del mundo, la estadounidense Peabody, anunciada la semana pasada, tiene una conexión interesante con el objetivo de Pekín y otras diez ciudades chinas de frenar sus emisiones de dióxido de carbono antes de 2030, adelantándose al propio Gobierno nacional. Este país asiático es, junto a India, uno de los principales consumidores mundiales de esta materia prima, además de Australia.

Puede que el golpe de la multinacional no signifique el fin de la era del carbón –su caída no ha llegado por ninguna regulación ambiental, sino que ha estado provocada por el desplome de los precios–, pero se produce en un momento en el que incluso los países más retrasados en asumir el cambio climático, causado por la quema de energías fósiles, ya están tomando medidas para frenar su impacto.

De hecho, China ya ha empezado a reducir sus importaciones de carbón. Pero ya no se trata solo de los países, también de las ciudades. El anuncio de estas 11 urbes del país asiático llegó poco antes de la Cumbre del Clima de París, que el pasado diciembre se cerró con un acuerdo internacional considerado histórico contra el cambio climático.

Burlington fue la primera ciudad de EE UU que en 2014 se pasó a la energía de origen limpio

Hoy está previsto que firmen en Nueva York los 195 países que dijeron sí a tomar medidas para limitar en dos grados el aumento de temperatura del planeta. Michael Bloomberg, exalcalde de la urbe que acoge la firma, ha sido uno de los más activos en la lucha contra el calentamiento global. A París llegó como enviado especial de la ONU para las ciudades, que tuvieron su propia cumbre paralela, en la que participaron 440 alcaldes. 

Lo significativo es que desde Pekín hasta San Francisco, el 70% de las megaciudades como las que acudieron a la capital francesa ya sufren los impactos del cambio climático y están demostrando moverse. Así lo explican en la organización Carbon Disclosure Project (CDP), con sede en Londres y dedicada a acompañar a empresas, instituciones y centros urbanos en la transición energética de un modelo basado en la quema de energías fósiles a otro que pase cada vez más del petróleo, el gas y el carbón.

“Las ciudades consumen entre el 60% y el 80% de la energía que utilizamos a nivel mundial. Y en un momento en el que no tienen obligación legal de hacerlo, cada vez son más las que miden su huella de carbono e informan sobre sus planes para reducirla”, comenta Conor Riffle, director del área de Ciudades e Innovación en esta asociación.

El reparto de fuentes de energía en la red eléctrica ampliar foto

Sin embargo, muchas van más allá y anuncian objetivos para cambiar el origen de la electricidad que entra en su red y alimentarse solo de renovables. En un informe publicado a finales de 2015, CDP comparaba en qué punto estaban 162 ciudades en su camino para abandonar petróleo, gas y carbón.

Las hay previsibles, como Reikiavik (Islandia), donde sus humeantes suelos volcánicos permiten alcanzar ya hoy el 100% de renovables mezclando hidroeléctrica (70%) con geotermia (30%). También Oslo, con el 98%; Seattle, que iguala a la capital noruega, o la canadiense Vancouver (94%). Lo interesante es que prácticamente en todo el mundo hay urbes que ya planean cambiar la mezcla de energía eléctrica que llega a las casas de sus vecinos.

Uno de los ejemplos más llamativos es Burlington, de 42.000 habitantes, capital del Estado de Vermont, en Estados Unidos, pues la suya ha sido una larga travesía hasta conseguir ser la primera ciudad estadounidense 100% renovable. Lo logró a finales de 2014, 36 años después de que el Gobierno regional aprobara la construcción de una planta de generación de electricidad a partir de biomasa. Hace dos años, el camino terminó con la compra de una planta hidroeléctrica.

Este tipo de adquisiciones es una de las claves, según Carbon Disclosure Project, para que una ciudad pueda superar el obstáculo que supone depender en la mayoría de ocasiones de la red nacional, o de compañías privadas para las que únicamente es un cliente más. “Se dan casos como Los Ángeles, que es propietaria de la compañía eléctrica, así puede tener mucha más influencia sobre el tipo de electricidad que consume.

Por ahora, solo el 35% de las urbes desea integrar electricidad verde

Pero hay otros, como Londres, que depende de la red nacional, o Karachi (la ciudad más poblada de Pakistán), que tiene poco que decir a la compañía privada que suministra la energía”, matiza Riffle. También otras, como Boulder, en el estado de Colorado. En realidad, por ahora son muy pocas las que han conseguido un objetivo tan ambicioso como es darle la vuelta al modelo energético, pero algunas sí se han autoimpuesto una fecha para alcanzarlo. Son Aspen, Santa Mónica, San Francisco o Seattle, en Estados Unidos, o Estocolmo, en Europa.

En España, la isla de El Hierro aspira también a ser la primera en tener electricidad solo renovable. Otras se quedan muy cerca, como Vancouver, en Canadá, que aspira al 93% de renovables en su modelo energético; Canberra, en Australia (90%); Austin (EE UU), que quiere alcanzar el 55%; la australiana Adelaida con el 50%; Los Ángeles (EE UU), con el 33%, o Sídney (30%).

Lo llamativo es que en todos los casos, el 86% de las 600 ciudades que informaron a CDP sobre su impacto ambiental reconoce un beneficio económico en transformar su sistema eléctrico. Es el caso de Ciudad del Cabo (Sudáfrica), que depende en un 72% del carbón y donde el precio de la electricidad ha subido un 340% en los últimos seis años, asfixiando el poder adquisitivo de los hogares y las posibilidades del comercio.

Sin embargo, el Gobierno ya ha anunciado que quiere alcanzar el 10% de renovables en 2020, en concreto, comprando electricidad de origen solar fotovoltaico y la procedente de los parques eólicos de la región. 

Imagen de la capital de Islandia, Reikiavik.
Imagen de la capital de Islandia, Reikiavik.

El de Sídney quizá sea uno de los más simbólicos, pues la capital australiana depende casi en exclusiva del carbón. Según Carbon Disclosure Project, que realiza su estudio a partir de la información que envían las ciudades, el de Sídney es uno de los objetivos más ambiciosos para pasar de cero al 30% de renovables en 2030. En concreto, esta metrópoli quiere introducir en su sistema energía solar fotovoltaica, solar térmica, energía eólica y geotermia.

A pesar del progreso que ya supone que cada vez más Gobiernos regionales informen sobre sus objetivos y su impacto ambiental, en la asociación Carbon Disclosure Project recuerdan que solo el 35% de las ciudades confirma haberse marcado objetivos de energía renovable.

La dificultad, en muchos casos, es que los propios Gobiernos nacionales subvencionan las energías fósiles, “expulsando del mercado las tecnologías limpias”, según el informe publicado el año pasado. Otras veces, la ciudad ni siquiera sabe cómo de sucio o limpio es su sistema energético”, pues las compañías no ofrecen información a sus clientes locales.