Roberto García, director general de Castilla Termal

"Nos gusta que Madrid esté estresada"

Roberto García es el director general de la cadena de hoteles balneario, que fundó en 2004

Roberto García, director general de Castilla Termal
Roberto García, director general de Castilla Termal

Pegado al río Duero, en la pedanía vallisoletana de San Bernardo, se levanta, rodeado de viñedos, el imponente monasterio de Santa María de Valbuena. Una construcción del año 1143, que durante siglos acogió a monjes y abades. Sin embargo, 872 años después, sus aposentos han dado paso a 79 habitaciones, y sus dependencias interiores se han convertido en una zona termal de 2.000 metros cuadrados, las del hotel balneario de cinco estrellas que Castilla Termal inauguró allí este verano. Una de esas estancias está ocupada por su director general y máximo accionista, Roberto García (Olmedo, Valladolid, 1966), aunque él prefiere considerarse hotelero, “un ratón de hotel”, para más señas.

Una gran mesa preside el espacio en el que debería haber elementos algo más confortables. Pero es el lugar de trabajo de García, como ocurre en cada uno de los cuatro hoteles-balnearios que Castilla Termal tiene entre Castilla y León y Cantabria. Su puesto le obliga a estar en un viaje constante de coche, entre sedes y buscando nuevas oportunidades. “Siempre digo que mi despacho de verdad es el coche. Al año hago unos 85.000 kilómetros. Por nuestra ubicación, tengo que moverme en automóvil siempre”, afirma. Roberto García se ha dedicado siempre al sector hotelero. Fue director de los balnearios de Mondariz y La Toja, y llegado el momento, decidió emprender, “dar el salto” con su propio negocio, porque, como relata, “uno viene de familia de empresarios y acabas teniendo una idea propia de desarrollo empresarial”.

En enero de 2005 abría el primer hotel balneario de Castilla Termal, en Olmedo, su localidad natal. “En la familia teníamos un edificio que era un antiguo convento del siglo XII. Ese fue el origen de todo. Invertimos 12 millones de euros”. Para ello contó con la ayuda de amigos, de capital riesgo y réditos de inversiones paralelas, y también “de todos los ahorros de toda la vida de trabajo. Todo en el mismo cesto”. Su idea siempre estuvo clara. Dar una vuelta al concepto tradicional de balneario, con la base de los edificios históricos, para “hacer hoteles de cuatro y cinco estrellas con aguas termales, enfocados a un segmento medio-alto”. Casi 11 años después, la empresa ha pasado de facturar 2 millones de euros a 15, y de emplear a 50 personas, a 270.

Para hacer crecer el negocio, además de los edificios, hacía falta que estuviesen cerca de zonas de aguas termales y no más lejos de dos horas en automóvil de Madrid. “Las grandes ciudades, donde el nivel de estrés es alto, son importantes para nosotros. Nos gusta que Madrid esté estresada”. Para relajarla, han cambiado el modelo clásico de tratamientos en balnearios. “En el modo de vida actual, la gente no tiene 10 días para hacer un tratamiento. Nos decidimos por ofrecer todas las alternativas: tratamientos de una semana y de una tarde. Nos adaptamos, nosotros no vamos a decir al mercado lo que tiene que hacer”.

Pocos papeles y la ventana siempre abierta

Los elementos de trabajo que acompañan a Roberto García
Los elementos de trabajo que acompañan a Roberto García

El director general de Castilla Termal, Roberto García, no necesita muchas cosas para trabajar. Su pequeño ordenador portátil y algunas hojas, pero no muchas. Reconoce que le gusta trabajar con pocos papeles alrededor: “Por una necesidad de no tener muchas cosas que me aten, que pueda ir ligero de un lado a otro. En el ordenador ya tengo toda la información, y los papeles que correspondan los reparto. En mis despachos hay pocos papeles, y en todo caso, revistas del sector, que son las que se acaban amontonando”.

No es la única particularidad. La tarde es apacible, pero el aire vallisoletano se deja sentir cuando sopla. Pero las ventanas del balcón del espacio de trabajo de García están abiertas de par en par. “Me gusta siempre sentir cierta sensación de frío, y de libertad. Al final, tener una ventana abierta es aire de fuera. Me gusta trabajar así”.

Reconoce que la etapa de crecimiento de la empresa le multiplica la agenda, aunque intenta delegar en todo lo posible. “Al crecer, incorporas gente nueva y cada día te lo hacen más cómodo. Pero sí te obliga a viajar, a estar en cada hotel, a buscar nuevas oportunidades... Es algo que va con el puesto. Y te tiene que gustar. A mí, mi trabajo me gusta más que comer con las manos. Me satisface mucho”. Es el máximo accionista de la compañía, pero explica que las decisiones se toman de manera consensuada en el consejo de administración, enfocándose siempre a “productos que puedan entrar en nuestro concepto de negocio, no lo primero que se nos ponga encima de la mesa”.

Turismo interior para un segmento medio-alto, en edificios históricos, también con un enfoque gastronómico... Cualquiera diría que a Paradores le ha salido un rival. “Nosotros somos los paradores del agua”, asume García. “Quizá el concepto es similar en cuanto a los edificios históricos, aunque no es fácil competir en ese mercado. Son inversiones altas, y Paradores es estatal, que tiene sus cosas malas y también sus cosas buenas”. En Valbuena y en Burgo de Osma, Castilla Termal tiene la concesión de los espacios por 50 años. En el caso de Solares, la empresa se hizo con este histórico balneario de Cantabria en 2006.

Esta última vía, afirma el director general de Castilla Termal, será la que utilice con más frecuencia para seguir creciendo más allá de Castilla y León. Incluido el mercado internacional. No solo en la captación de clientes (el 15% de los clientes que han recibido en Valbuena desde julio son extranjeros), sino en llevar el modelo a otros países: “Estamos viendo opciones de negocio en América y en Europa. Queremos consolidarnos como líderes en turismo termal y crecer, ser más fuertes, pero no crecer por crecer”. El viaje de Castilla Termal, por tanto, dejará pronto el coche y se subirá al avión.

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