Editorial

La recuperación frente a la gota fría en los mercados

El preocupante salto de la volatilidad registrado por el índice VIX el pasado viernes no presagiaba nada bueno para los mercados. Una subida de más del 46%, hasta niveles superiores al 28%, es de las mayores registradas en la historia reciente, y no precisamente por falta de oportunidades para anotar vaivenes. Tras el descalabro del viernes en las Bolsas europeas, al que se sumó como amplificador Wall Street con caídas superiores al 3%, los analistas respiraron solo porque al día siguiente era sábado, pero a la vez se hacían cruces ante la jornada de lunes. La esperaban muy movida, pero pocos vaticinaron momentos de histeria como los registrados ayer, con los mercados entrando por momentos en modo de pánico a ambos lados del Atlántico. El ejemplo más claro se dio en Apple, la mayor empresa del mundo por capitalización, que llegó a perder un 13%, lo que obligó a su máximo ejecutivo, Tim Cook, a salir al quite en una acción nunca vista y asegurar que está creciendo en China. Al final, la bajada de Wall Street, como la de Apple, se moderaron tras pasar en el día por caídas inéditas en mucho tiempo, pero a esa hora los grandes mercados europeos ya habían cerrado con batacazos en torno al 5%.

Las nuevas turbulencias en Grecia siguen pesando en los mercados europeos, pero el factor decisivo del pavor global que ha desatado esta gota fría en las Bolsas han sido las dudas generadas por los emergentes, sustanciadas en un frenazo de la economía china y en el miedo a que este se transforme al final en un patinazo de consecuencias imprevisibles a nivel mundial que aborte la recuperación. Es lo que interpreta el precio del petróleo, que ayer ahondó de nuevo su desplome otro 5% y está en mínimos desde marzo de 2009.

La reacción histérica de los mercados, sin embargo, se da cuando no ha ocurrido nada nuevo. Los analistas se aferran al temor a la desaceleración china, pero también al miedo que puede provocar en términos de inestabilidad de los mercados. De manera que al final puede resultar que el principal riesgo para los mercados sea el propio mercado. Pero lo que resulta innegable es el alto apalancamiento de los inversores en activos de riesgo, dada la escasa rentabilidad de la deuda y el entorno de elevada liquidez.

De esta manera, todo indica que los especuladores se han puesto a vender los activos más vulnerables y el dibujo empieza a esbozar la crisis financiera de Asia en los noventa, pero además con los países emergentes presentando serias dudas sobre el crecimiento, entre las que no es la menor Brasil.

Lo cierto es que los datos de las economías de EE UU siguen mejorando y la zona euro mantiene su recuperación, aunque la incógnita de Grecia siga activa –y seguirá por mucho tiempo–. Si a esto sumamos que, a la vista de la tormenta en los mercados, la Reserva Federal seguramente se replanteará ese calendario no oficial que preveía la subida de tipos para septiembre, el panorama vuelve a llevarnos a China. Porque la economía del gigante asiático ha sido clave para la recuperación tras la crisis. Porque también ha resultado básica para la bonanza en los mercados financieros, como exportadora de capitales en un marco de acumulación de reservas.

Ese doble motor, de la mano de la acción de los principales bancos centrales con la Reserva Federal y el BCE a la cabeza, hace que la desaceleración de su economía sea el gran ogro. Pero las referencias del gigante asiático van a seguir mostrando debilidad y continuarán inyectando presión en el escenario global, y más por su impacto en la evolución de las materias primas y sobre las demás economías emergentes. La cuestión sin respuesta es si esta recomposición del crecimiento chino puede ser un proceso ordenado.

Por ahora, China desquicia a los mercados, y existe consenso en que, a pesar de las medidas de intervención, si el frenazo es mayor sus autoridades empiecen a tener que afrontar problemas sociales. La volatilidad creciente en agosto, los índices de EE UU en cotas máximas sin haber sufrido corrección alguna y el inevitable contagio entre los mercados de renta variable son más elementos que añadir al gran susto de ayer, en el que el Ibex sufrió el mayor batacazo en tres años, cuando todos los datos avalan hoy una clara recuperación de la economía española.

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