Tribuna

De renovables, liberales y supuestos mercados

Los economistas liberales se posicionan muchas veces en contra de las renovables por el hecho de recibir primas. Parece razonable si lo que se propugna es, con todas las consecuencias, un mercado de libre competencia y/o concurrencia. Pero… ¿es realmente así? La derogada Ley del Sector Eléctrico (Ley 54/97), que nació de un Gobierno del Partido Popular, justificaba las primas a las renovables como una compensación por los costes evitados y es que, al compararlas con el resto de tecnologías de generación, a la hora de generar un kilovatio-hora (kWh) salían peor paradas de forma contundente y la razón era, y hoy no es otra, que el concepto de externalización de costes.

Durante el pasado siglo y lo que llevamos de este nos han vendido que el desarrollo económico solamente era posible con costes de producción baratos y, por supuesto, para empezar debía serlo la generación de energía para hacer competitivos a bienes y servicios. Hoy sabemos que para producir energía barata se deben trasladar costes a terceros en todas las tecnologías excepto en las renovables.

Las tecnologías térmicas recibieron subvenciones por una cantidad que cuadruplicaba el importe de las primas que en 2013 recibieron las energías renovables. ¿Es eso competir en igualdad de condiciones?

Los residuos nucleares, con actividad radiactiva de cientos y cientos de años, no serán responsabilidad de las compañías propietarias de las centrales que los generan durante toda su vida. En efecto, la regulación les ayuda y limita a 70 años esta responsabilidad, por no hablar del Convenio de Bruselas, que limita la responsabilidad civil en caso de accidente para las centrales nucleares en 1.500 millones de euros, una cantidad que está muy, muy lejos del coste de desastres como el de Fukushima. No parece muy liberal la cosa.

Si hablamos del mercado eléctrico, podemos mencionar los 3.400 millones de euros de los famosos costes de transición a la competencia (CTC’s) que las eléctricas percibieron de más y que el anterior Gobierno y este, hasta la fecha, han olvidado reclamar. Por supuesto, de competencia, más bien poca.

Más de 15 años después de la derogada Ley del Sector Eléctrico (54/97), los cinco operadores dominantes del mercado acaparan más del 90% de cuota en las actividades de comercialización, distribución eléctrica y generación. ¿Qué han hecho los sucesivos gobiernos para dar entrada a nuevos actores o limitar el poder de mercado? No podemos olvidar ni obviar que mecanismos como los pagos por capacidad de las centrales de gas (por el simple hecho de existir), los famosos windfall profits de la nuclear y de la gran hidráulica, la desajustada, innecesaria e inapropiada “interrumpibilidad” o los desproporcionados servicios de ajuste del sistema eléctrico ayudan descaradamente a las tecnologías tradicionales en detrimento de las renovables. Otro ejemplo clamoroso de esa ausencia de mercado en condiciones de igualdad está en las ayudas del carbón, que si están justificadas por la necesidad de ayudar a los trabajadores de su industria, deberían cargarse a los Presupuestos Generales del Estado y no al recibo de la luz.

Podemos tocar también el tema de la independencia energética, muy valorada por nuestro actual ministro de Industria a la hora de defender el fracking, pero olvidada cuando es una virtud de las energías renovables sin la necesidad de consumir recursos finitos y de contaminar.

La libre concurrencia a los mercados entiendo que es asumida por los liberales, pero es contradictorio que se opongan a la introducción de las tecnologías renovables en el mercado mayorista con la excusa de que incrementan el precio de la energía cuando, precisamente, generan un efecto deflactor en este al expulsar de la subasta a las centrales de gas más caras.

Son las únicas al alcance de inversores diferentes a los gigantes energéticos y por tanto con capacidad de acabar con las posiciones dominantes de estas empresas que limitan, a la postre, la competitividad de nuestra economía y encarecen el recibo de la luz a los consumidores domésticos. ¿Liberales? Sí, las renovables.

Liberalizar el mercado de la generación de energía solo es posible con renovables.

No me cabe duda de que si cada tecnología internaliza todos sus costes, las más atractivas serán las renovables, no únicamente desde el punto de vista medioambiental que por sí solo debe ser razón suficiente. Cualquiera que sepa sumar y restar verá claramente que la mejor alternativa energética pasa por el dominio de las renovables. Evidentemente ladran, luego cabalgamos.

 

Jorge González es director Comercial y Marketing de Gesternova

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