Tribuna

Tres meses de un silencio atronador

En un entorno tan mediatizado como el que vivimos hay ocasiones en las que mantenerse en silencio es todo un reto. Con este artículo rompo con una pausa obligada de tres meses, tiempo en el que, por mi cargo como CEO de Carbures, ahora Presidente, me debía a la obligación legal de no emitir información u opiniones por cauces más allá de los ortodoxamente corporativos. Además, dicho paréntesis también se debe a mi voluntad y compromiso por respetar el trabajo de la auditora PricewaterhouseCoopers, que durante ese tiempo ha examinado a la compañía de arriba abajo. Ahora toca mirar a la próxima revolución industrial, la de la fibra de carbono.

Las aplicaciones de la fibra de carbono ya son numerosas en la sociedad actual, desde cañas de pescar hasta fundas de ‘tabletas’… Pero aún queda mucho por hacer: desde puentes resistentes, flexibles, anticorrosivos, hechos de fibra de carbono, a carcasas de relojes, pasando por televisores, bicicletas eléctricas, etcétera. La aplicabilidad de un material con tantas ventajas es ilimitada. Si se tiene tecnología industrial para fabricar. Y Carbures la tiene.

La sociedad desarrollada demanda un mundo más ecológico, sostenible y menos contaminado. Existe ya una importante conciencia social preocupada por el futuro del planeta, en el que las últimas reservas de la naturaleza, como Alaska, están bajo el yugo de la necesidad de explotar los recursos que ofrecen, en especial, los fósiles, sobre todo, el petróleo. Pero, ¿es posible hacer un mundo mejor? ¿Al menos en lo que a la industria se refiere? ¿Es posible contaminar menos? La conciencia colectiva del mundo desarrollado así lo exige. Un futuro cada vez más eficiente desde un punto de vista energético. Con vehículos que contaminen menos, ciudades más limpias, aire menos polucionado. ¿Se puede conseguir? La respuesta es clara. Sí. De hecho, la industria ya avanza por esa senda. Por ejemplo, los grandes fabricantes de automóviles ya han apurado y desarrollado sus motores para reducir, al mínimo que la tecnología actual permite, las emisiones de CO2. Tenemos motores híbridos, muy populares ya en nuestras ciudades, motores de hidrógeno, eléctricos…

Si los vehículos, por ejemplo, tienen dos componentes básicos, el motor y su estructura, la senda del primero ya lleva recorrida un buen trecho. Sin embargo, la estructura de los vehículos va rezagada, especialmente en el sector de la automoción. El sector aeroespacial destaca como el pionero en muchos aspectos de la industria. Es el que marca la vanguardia industrial. Si hace poco más de un lustro las estructuras de los aviones estaban fabricadas en un 5 por ciento con piezas de materiales compuestos, ese porcentaje se ha incrementado hoy hasta el 55 por ciento de media. Por cada kilo que rebaja de peso un avión, se ahorra 3.500 dólares en queroseno al año. La rebaja de emisiones de CO2 también es considerable.

La estela de los aviones la siguen los coches. Tiene toda la lógica del mundo. ¿Qué sentido tiene que para transportar a una persona -cuyo peso medio es, pongamos 80 kilos- haya que emplear un vehículo que ronda las dos toneladas? Ninguno. Se viene haciendo hasta ahora, pero la evolución es clara. La industria fabrica coches pesados porque la tecnología aún no permitía hacerlos más ligeros. Pero esa barrera ya está superada. Disponemos de una tecnología que permite fabricar piezas de coches en fibra de carbono en series largas, competitiva desde el punto de vista industrial, con el método de fabricación tradicional en metal. Permite sustituir los lineales de fabricación de piezas de coche metálicas por otros de piezas en fibra de carbono. Con ella se democratiza el uso de la fibra de carbono en coches. Lo que ahora se hace a pequeña escala, fundamentalmente para prototipos y coches de alta gama, se puede aplicar a la fabricación de todo tipo de vehículos. Es decir, avanzamos hacia la fabricación de coches eficientes, más ligeros y de motor más pequeño, una tendencia denominada downsizing, que ya se ha instalado en la fabricación de motores de combustión. Motores de menor cubicaje, pero que rinden los mismos caballos. Si esos motores se montan sobre carrocerías, chasis, estructuras de coches 4,5 veces más ligeras y tres más resistentes, el resultado es un coche mucho más eficiente, que consume menos gasolina. Eso es trabajar por un mundo mejor. Ese es el granito de arena que Carbures quiere aportar al mundo: una nueva tecnología diseñada para satisfacer una importante demanda de la sociedad del siglo XXI.

Rafael Contreras es Presidente de Carbures