Tribuna

Nos deja un banquero eterno

Hay muchos bancarios y gestores, pero el banquero es una especie en extinción y Botín era un personaje único e irrepetible. Muere el hombre, pero el personaje ha conseguido tener una página propia en la historia económica de España. Emilio era la cuarta generación de banqueros de los Botín. Heredó un banco local que operaba en la tierruca, como llaman los cántabros a su preciosa tierra, y lo convirtió primero en líder en España y luego en líder de América Latina.

Por lo tanto, estamos ante el banquero que ha conseguido el mayor hito en la historia bancaria española. Pablo Martín Aceña, colega en Alcalá y referente como historiador bancario, me contaba que muy pocos bancos mantenían su nombre tras un siglo de existencia. Santander es la excepción que confirma la regla. Pero convertir un banco local en glocal es una hazaña que pocos en el mundo han conseguido.

Cuando Botín llegó a la presidencia del Santander el sistema bancario español era obsoleto y oligopolístico

Yo solo coincidí una vez con Botín. Iba a entrar a un acto y él abrió la puerta como si fuera un miura en los San Fermines. Tenía una enorme vitalidad, se cuidaba muchísimo y me cuentan que este verano estaba sano y pleno de energía. Pero su corazón ha dicho basta y cuando está de Dios, está de Dios.

Hoy es el día de las alabanzas y las hagiografías, pero Botín era mortal y cometió muchos errores. No obstante, ha conseguido pasar a la historia por aprovechar sus virtudes y sus éxitos. Yo destacaría su capacidad para rodearse de los mejores y gestionar el talento. Cuentan que era muy conservador y averso al riesgo, pero supo tener cerca a Francisco Luzón para pilotar la aventura latinoamericana, sin duda su gran logro, y a Alfredo Sáez para pilotar la gestión del banco. Aunque él era presidente ejecutivo y ejercía, es imposible conseguir una hazaña de esta magnitud sin un gran equipo.

Siempre quiso cumplir con sus sueños imposibles. Cuando llegó a la presidencia de Santander el sistema bancario español era obsoleto y con prácticas oligopolísticas de los siete grandes bancos. Con la llegada de la democracia se eliminó la planificación, similar a la China actual, donde Franco y sus tecnócratas determinaban cuánto había que prestar, a qué sectores y a qué tipos.

Aquel sistema cerrado acabó explotando por pura entropía y provocó la crisis bancaria de los años ochenta que costó a los contribuyentes españoles el 12% del PIB de la época. En la actual, de momento, el coste ha sido del 6%. Botín al llegar a la presidencia reventó el statu quo pagando más por los depósitos que sus competidores. Y luego prestando a tipos más bajos. El joven de los Botín ya dejaba claro que su tierruca se le quedaba pequeña.

Los años noventa, cuando el Santander apostó por América Latina, eran tiempos turbulentos y la banca internacional estaba de salida. Botín y su equipo gestionaron el tequilazo de México en 1994, el sambazo de Brasil en 1998, el tangazo de Argentina en 2001. En todos sufrieron fuertes pérdidas que pusieron en riesgo la nave. Pero Botín siempre supo crecerse ante la adversidad, alcanzar la cima y cumplir sus sueños imposibles.

No es posible contar la historia de España de los últimos 40 años sin hablar del banquero más existoso

Su desembarco en Reino Unido también fue turbulento. Abbey tenía graves problemas de solvencia pero también de eficiencia y de gestión. Botín, con un equipo español de su máxima confianza, llegó y retornó el banco a la senda de viabilidad. Cuando llegaron el ratio de eficiencia era de 65%, gastos operativos para generar 100 libras de margen, y el Santander llegó a bajarlo a 45%. Este indicador en banca es lo que en el resto de sectores llamamos productividad y competitividad. Luego aprovechó como nadie la crisis de 2008 para hacerse con un 25% de las hipotecas del Reino Unido.

Como nos enseñó Schumpeter y el propio Marx el capitalismo puede acabar muriendo de éxito. España necesita muchos Emilio Botín y muchos Amancio Ortega para no concentra el poder económico en pocas manos y evitar una economía oligopolística. Ana Patricia Botín, la nueva presidenta del Santander, tiene un gran reto y su prioridad debe ser continuar el proyecto y garantizar la estabilidad del banco.

Pero la prioridad de España no es que el Santander gane mucho dinero fuera. España necesita bajar la tasa de paro y resolver la pobreza y sin bancos no hay paraíso. Nuestras empresas necesitan crédito más accesible y a tipos más asequibles a una economía en depresión, con deflación, donde las ventas y los beneficios de la mayoría de las empresas crecen de manera anémica.

El Santander fue corresponsable de la burbuja, como el resto de entidades, y casi la totalidad de créditos a promotores le han impagado. También le han impagado empresas en las que tomado participación o directamente el control de la gestión. Y familias que son desahuciadas. Por lo tanto, además de crédito, España necesita que la gestión de esos activos tóxicos sea eficiente y con el objetivo final de garantizar la viabilidad y el empleo de esas empresas y gestionar el drama de las familias, sin poner en riesgo la solvencia del banco.

Pero hoy es día de reconocimiento y hasta sus mayores detractores tendrán que admitir que Emilio Botín es un personaje sin el que no es posible contar la historia de España de los últimos cuarenta años y el banquero español más exitoso de la historia.

José Carlos Díez es profesor de Economía de la Universidad de Alcalá.