El Foco

Los retos de la era post-BRICS

Los desafíos económicos relacionados con la superación de la crisis y los de seguridad derivados del desafío de Putin a Occidente en Ucrania y de China a sus vecinos por el control y recursos de los mares de China oriental y meridional están alterando el paradigma internacional surgido del final de la Guerra Fría. En los últimos quince años, el modelo de crecimiento de la economía internacional se ha caracterizado por la transformación de algunas potencias emergentes (China, India, en menor medida Brasil, Sudáfrica, Turquía) en grandes fábricas de producción y exportación de bienes a países desarrollados. Pero China, India y Turquía tienen que importar volúmenes sustanciales de hidrocarburos y materias primas de otros países emergentes para propulsar sus aparatos productivos y satisfacer los deseos de sus nuevas clases medias. Se ha invertido el modelo que prevaleció desde el inicio de la revolución industrial hasta 1945, durante el cual Europa y EE UU exportaban bienes industriales y de consumo con materias primas y energía procedentes de países en vías de desarrollo. Pero el modelo de los BRICS y otros emergentes convertidos en grandes fábricas se está agotando.

El ritmo de crecimiento de los emergentes se ha ralentizado notablemente. Hay que remontarse a 2010 para encontrar el último ejercicio en el cual el PIB de China creció más del 10%. Para 2014, el FMI pronostica crecimientos del 7,5% para China, del 2,3% para Brasil (7,5% en 2010), recesión en Rusia (4,5% en 2010) y 5,4% para India (10,3% en 2010).

El ritmo de crecimientode los países emergentes se ha ralentizado notablemente en los últimos años

Factores coyunturales como la recuperación de los países desarrollados y el flujo de capitales de los emergentes hacia los avanzados debido al previsible aumento de los tipos de interés en EE UU explican parte del cambio de tendencia global. Pero el modelo se agota debido a factores estructurales. Los aún endeudados países avanzados no pueden seguir aumentando sus importaciones de bienes. Los mercados dónde la mayoría de la población no dispone de vehículo, electrodomésticos y móviles disminuyen. Se hallan ya fundamentalmente solo en el África subsahariana y países de Asia meridional. Y las clases medias y bajas de los países emergentes reclaman salarios superiores, una urbanización sostenible, estándares laborales y medioambientales más elevados y menos corrupción.

Debemos promover estándares laborales, medioambientales, de lucha contra la corrupción y de comercio libre y sostenible a nivel global. Dicha armonización debe ser consensuada con las potencias emergentes en el seno del G20 y de los organismos internacionales. EE UU y Europa pueden estrechar sus vínculos mediante la conclusión del Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión (ATCI), que crearía un mercado común de 800 millones de habitantes y serviría de patrón para la regulación de la globalización.

Una gobernanza económica global a través del G20 y el ATCI son objetivos deseables que exigirán años de arduas negociaciones cuyo desenlace es incierto. Por ello, España debe aspirar a pertenecer al grupo selecto de potencias económicas mediante la superación de retos energéticos, de envejecimiento, de equidad y de innovación.

España continúa siendoun productor destacadode bienes de consumoy de equipo tradicionales

Nuestra situación ha mejorado notablemente desde 2011. Continuamos siendo la decimotercera mayor economía mundial en volumen de PIB. Boston Consulting nos acaba de situar como la segunda economía más competitiva en Europa occidental. En 2013 lideramos la UE en incremento de exportaciones. Este año registraremos nuevamente un superávit por cuenta corriente. Nuestra prima de riesgo (158 puntos) ha descendido al nivel de 2010 y es inferior a la italiana. Batimos también récords en incremento de turistas (60 millones en 2013, recuperando la tercera plaza mundial) y atracción de inversión productiva. Podríamos registrar en un horizonte cercano superávits comerciales si disminuyéramos nuestra dependencia de la energía exterior apostando por las centrales nucleares, explotando nuestras reservas de gas de esquisto y modernizando una red que nos permita exportar energía. Para frenar el envejecimiento debemos mantener el retraso en la edad de jubilación hasta los 67, bonificar fiscalmente la natalidad y atraer a inmigrantes y nacionales con talento.

La desigualdad ha aumentado poco en España porque los recortes y aumentos de impuestos han recaído con mayor fuerza sobre las rentas mayores. Necesitamos generar más empleo y aumentar la tasa de participación laboral para mantener las prestaciones sociales. El gobierno debe combinar reducciones de los tributos que afectan a las clases medias y bajas (IVA, impuestos especiales, IRPF) con más recortes de gasto improductivo.

España continúa siendo un productor destacado de bienes de consumo y de equipo tradicionales. Debemos consolidar nuestro poderío industrial, agrícola y en servicios con el desarrollo de productos con un alto valor tecnológico añadido en ámbitos como la biomedicina, biotecnología, TIC y nanotecnología. Asimismo, tenemos que ofrecer servicios avanzados de transporte (autopistas y vehículos inteligentes), energéticos (tecnologías limpias) y sanitarios (medicamentos para nuevas enfermedades).

Las reformas consiguieron primero una mejora en los indicadores macroeconómicos en España. Ahora están logrando una reducción indiscutible en la cifra de desempleados. Con paciencia, perseverancia y más reformas recuperaremos nuestro lugar entre las primeras diez potencias económicas mundiales.

Alexandre Muns Rubiol es profesor de la EAE Business School.