Argentina provoca caídas en las Bolsas de todo el mundo

Vuelve el miedo a los mercados: las claves de la crisis en los emergentes

Vista de un tablero en una casa de cambio de divisas hoy, viernes 24 de enero de 2014, en Buenos Aires.
Vista de un tablero en una casa de cambio de divisas hoy, viernes 24 de enero de 2014, en Buenos Aires. EFE

El viernes llegó el gran susto de 2014. Tras unos meses de paz en los mercados, la devaluación del peso argentino agudizó las tensiones financieras en los mercados emergentes y provocó un fuerte desplome de las Bolsas, que continúa el lunes.

¿Qué ha pasado en Argentina?

La desconfianza en el peso que ha terminado por forzar la devaluación es el síntoma de una preocupación más profunda sobre la economía, con crecimiento débil, un elevado déficit y mucha inflación (aunque el Gobierno reconoce el 11% oficialmente, se estima está por encima del 25%), factores que hacen insostenible la cotización del dólar frente al peso. Durante los últimos meses el Banco Central había intervenido para evitar la devaluación del peso argentino: compraba pesos en el mercado para compensar las salidas de capitales privados. En paralelo, el Gobierno ha tomado numerosas medidas para evitar esta salida de capitales (incluidos controles sobre el comercio electrónico). Sin éxito: las reservas de divisas han caído el 31% hasta los 29.400 millones de dólares y, aun así, el peso se había depreciado el 7% en lo que va de 2014. El viernes el Gobierno anunció que dejaría de intervenir en el mercado de divisas, permitió a los argentinos comprar dólares y, en consecuencia, el peso se desplomó de 6,9 dólares a ocho, la mayor caída en más de 10 años.

Pero, ¿es tan importante Argentina?

Es el foco de la crisis y acapara titulares, pero ni es el único factor en juego ni tiene capacidad para desestabilizar los mercados de todo el mundo. La presión sobre los emergentes que ha rebrotado en este arranque de 2014 ya se vivió en verano de 2013, cuando las expectativas de retirada de estímulos por parte de la Fed provocaron fuertes pérdidas en países como India. Estos mercados emergentes han sido una gran apuesta inversora durante los años de crisis en el mundo desarrollado, y el dinero, prácticamente regalado en los bancos centrales de Europa, Japón y EE UU, llegaba sin freno a estos mercados. Se calcula que entraron unos tres billones de euros entre 2009 y 2013. Ahora que las tornas han cambiado, los inversores se fijan en los desequilibrios del mundo emergente y buscan retirar los capitales. Argentina es uno de los eslabones más débiles de la cadena.

¿Qué otros países están bajo el foco de los mercados?

Varios. Y, de hecho, las tensiones se acumularon la semana pasada ya antes de la devaluación argentina. En Europa, más allá de la crisis ucraniana, el gran asunto es Turquía. Ha sido uno de los destinos favoritos de las inversiones en los últimos años y ha mostrado altas tasas de crecimiento, pero ha perdido el favor del mercado y por su elevado déficit exterior necesita la entrada divisas. Así, la lira turca ha perdido un 16% desde mediados de diciembre, el Banco Central intervino el jueves para paliar la salida de capitales y ha convocado una reunión extraordinaria para mañana. En Asia, China se enfrenta a las ya crónicas dudas sobre si podrá mantener el ritmo de crecimiento (la Bolsa está en el nivel más bajo en cinco meses) y si existe en el mercado interbancario una burbuja de créditos fallidos y productos exóticos a punto de estallar. En Tailandia la situación política es similar a la ucraniana, sin visos de solución y dosis cada vez mayores de violencia.

¿Y la Reserva Federal, tiene algo que ver en todo esto?

Sí y no. La retirada de estímulos es, en términos cuantitativos, poco importante, y los planes de la Fed son más que conocidos. Si bien en verano de 2013 la Fed provocó un gran susto a los inversores especializados en estos activos, esta vez no podrán decir que el tapering les ha pillado de sorpresa. Ahora bien, el contexto ha cambiado; los inversores saben que no tendrán las facilidades de financiación de los últimos años, y eso les hace mucho más susceptibles y temerosos. Por eso, a la primera señal, aprietan el botón de vender. Como ha sucedido estos días

¿Hay contagio? ¿Estamos abocados a otra gran crisis emergente?

Contagio sí ha habido. El viernes cayeron con fuerza un gran abanico de activos: la Bolsa en Brasil, los bonos en Indonesia, la moneda de Sudáfrica. La caída del viernes en el índice MSCI emergente fue del 2,3%, y la volatilidad de estos mercados, es decir, el precio que el inversor exige por protegerse de estas caídas mediante contratos de opciones, ha crecido el 40% en un día, algo que no sucedía desde 2011. Ahora bien, si en etapas anteriores las crisis emergentes afectaban a todos los mercados catalogados bajo esta etiqueta, aún está por ver si volverá a suceder lo mismo. Es decir, si los problemas de uno acaban siendo problemas de todos. Los analistas insisten en que, a diferencia de otras veces, las vulnerabilidades de los emergentes no son las mismas para todos los países. Argentina o Ucrania tienen problemas endémicos de política económica, Turquía está pagando algunos desequilibrios, y Brasil o China tienen que digerir los cambios estructurales en sus economías. Ahora bien, la experiencia sugiere que los mercados, una vez empiezan los problemas, no suelen ser muy dados a la reflexión.

¿Cómo afectará esto a España?

Depende de si el contagio se prolonga. Los mercados ya tienen en cuarentena el negocio argentino de las empresas españolas desde la expropiación de YPF. Pero América Latina es el granero de beneficios para las empresas del Ibex 35, y una depreciación de las monedas de la zona significa, de modo casi automático, menores beneficios para las empresas. De ahí la fuerte caída del viernes, el español es el mercado desarrollado más expuesto a América Latina. En paralelo, un deterioro del ánimo inversor en todo el mundo afecta especialmente a países como España, donde la crisis de deuda europea es un recuerdo muy reciente. Pero si la crisis no se contagia, puede suceder como el verano pasado, cuando el efecto de las turbulencias duró pocas semanas.

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