Draghi prevé algún suspenso para dar credibilidad a la prueba
Una escultura del símbolo del euro ante la sede del Banco Central Europeo en Fráncfort (Alemania).
Una escultura del símbolo del euro ante la sede del Banco Central Europeo en Fráncfort (Alemania). EFE

El chequeo del BCE será distinto para cada banco de la zona euro

La banca española no prevé sustos pero recela de la neutralidad de la prueba

Draghi convoca a una reunión sin precedentes a los consejeros delegados de 128 entidades

Fráncfort / Madrid

"Nos gustaría informarle que su entidad ha sido incluida en este ejercicio [de evaluación de riesgos]”. El mensaje, firmado por Victor Constáncio, vicepresidente del BCE, y por Yves Mersch, el miembro del comité ejecutivo del Banco encargado del examen, llegó ayer a las ocho de la mañana al despacho de los consejeros delegados de los 128 mayores bancos de la zona euro, incluidos los de 16 entidades españolas.

Aunque la metodología será común, el plan remitido por el BCE y hecho público dos horas después señala que la aplicación se ajustará a cada entidad “para evaluar su perfil de riesgo intrínseco”. La evaluación escrutará todos los riesgos del balance, incluida la liquidez, el apalancamiento y la financiación. Y aunque para el escrutinio se hará un muestreo de los activos, la selección incluirá todo tipo de activos, tanto créditos como también deuda soberana o instrumentos financieros.

La selección se hará en función de cada entidad, lo que abre una vía de discrecionalidad que el sector teme que puedan aprovechar algunos países para camuflar los puntos débiles de sus entidades, sobre todo, porque el muestreo lo harán los supervisores nacionales. El BCE, sin embargo, advirtió ayer que se reserva la última palabra sobre esa selección. “Hace falta que algún banco suspenda para mostrar la credibilidad (de la evaluación). No hay duda sobre eso”, dijo ayer Mario Draghi a Bloomberg TV.

En el caso de entidades con presencia en varios paises, el análisis se hará sobre la actividad de todo el grupo, de forma consolidada. Es decir, que para bancos como los dos grandes españoles, Santander y BBVA, se estudiará la calidad de sus activos no solo en el mercado nacional sino también en el resto de Europa e, incluso, en países terceros, como EE UU o Latinoamérica.

Tras el examen, el BCE no se limitará a publicar una nota con las necesidades de capital, fijadas en un umbral mínimo del 8%, sino todo un recetario con las medidas que deberá emprender la entidad que no supere la prueba (desde segregación de activos a reducción de apalancamiento, por ejemplo), con un plazo para cumplirlo.

La publicación de esta metodología supone por tanto la puesta en marcha de un chequeo sin precedentes de la banca europea, tanto por su alcance (atañe al 85% de los activos del sector) como por su nivel de detalle.

El ejercicio pretende marcar un antes y un después en la credibilidad del sector. Y para empezar a prepararlo, Constáncio y Mersch aprovechan su carta de presentación, de una sola página, para convocar a una reunión en Francfort a más de un centenar de ejecutivos de la talla de Botín, González o Goirigolzarri, una cumbre financiera que se celebrará en las próximas semanas y de la que tampoco se recuerdan precedentes.

Dos horas después de enviar ese mensaje, el director general de Estabilidad Financiera del BCE, Ignacio Angeloni, explicaba en rueda de prensa en la sede del Banco la metodología del chequeo y el procedimiento que se seguirá. El ejercicio, dijo, comenzará en noviembre y debe concluir, como muy tarde, en octubre de 2014, antes de que el BCE asuma las funciones de supervisión de la zona euro.

El sector teme que esos plazos tan largos generen incertidumbre entre los inversores, efecto que ya se notó ayer mismo, con un castigo bursátil a entidades italianas y españolas. Angeloni se desentendió de ese problema con ironía: “Nos gustaría publicar los resultados antes de hacer el chequeo, pero no es posible”, ironizó el italiano, mano derecha del presidente Mario Draghi para asuntos de estabilidad financiera. Angeloni reivindicó, en cambio, la credibilidad de las pruebas, que a su juicio serán más robustas que las llevadas a cabo en 2009 y 2011 por la Autoridad Bancaria Europea (ABE), que no lograron despejar las dudas sobre la salud del sector.

Alemania será el país donde un mayor números de bancos, 24 en total, se someterá a esa evaluación de riesgos. Entre ellos, Deutsche Bank o Commerzbank y los bancos regionales o landesbanken, entidades de tamaño mediano que superan el listón de 30.000 millones de euros de activos que obliga a someterse al escrutinio del BCE. Sin embargo, por debajo de ese límite, y fuera por tanto del examen, quedan las pequeñas cajas de ahorros alemanas, las denominadas sparkassen, un total de 423 pequeñas entidades que nunca se han sometido al escrutinio de la ABE y que ahora tampoco se retratarán ante el BCE, de acuerdo con la lista, aunque no definitiva, publicada ayer por la institución.

Los inversores prevén que las mayores sorpresas negativas surjan precisamente entre la banca alemana e italiana. La banca española, que aún debe sacudirse de forma oficial el estigma del rescate, también está en el foco, como demostró la caída en Bolsa de ayer. Según prevén en el propio sector, la lupa del BCE se pondrá ahora en hipotecas, crédito a pymes y en refinanciaciones, el segmento de crédito en el que podría aflorar nueva morosidad.

La banca española confía en superar la nueva prueba sin apuros pero teme que el ejercicio de transparencia no se realice en igualdad de condiciones para el conjunto de la banca europea y deje en desventaja a la española. “No vamos a poner en duda el análisis que haga el supervisor de los activos que considere de mayor riesgo, aunque el criterio debe ser homogéneo”, señalan en un banco español. Pero el BCE no detalló ayer cuál debe ser el criterio para contabilizar los activos ponderados por riesgo y dejó entrever que no habrá cambios en ese sentido y que no interferirá en un terreno que ahora es materia de los reguladores nacionales, con notables diferencias entre países. De momento, la ABE solo ha armonizado la definición de crédito moroso y refinanciado, punto de partida obligado para una comparativa fiable.

Draghi exige a Almunia "que aplique lo que ha escrito"

El Banco Central Europeo reconoce que el chequeo de la banca no logrará convencer a los mercados si no se preparan por adelantado los fondos públicos necesarios para cubrir las necesidades de capital que surjan y que no puedan cubrirse con capial privado. “En 2009, [cuando EE UU hizo un ejercicio de limpieza similar], la Reserva Federal puso muchísimo énfasis en la existencia de un cortafuegos y esa información fue clave para el éxito de la operación”, recordó ayer en Francfort el director general de Estabilidad Financiera del BCE, Ignazio Angeloni, tras dar el pistoletazo de salida al chequeo de la banca europea. Angeloni aseguró que los ministros de Economía y Finanzas de la UE son conscientes de que deben preparar esos fondos públicos, aunque también admitió que todavía no hay acuerdo ni sobre su configuración ni sobre el momento en que deberían intervenir.

El comisario europeo de Competencia, Joaquín Almunia, defiende que la entrada de capital público solo debe producirse después de que accionistas, acreedores y preferentistas hayan absorbido parte de las pérdidas. El BCE, en cambio, reclama que se exima de las pérdidas a la deuda subordinada (preferentes) cuando un banco solo necesite ayuda para cumplir el baremo del test de estrés y no para garantizar su viabilidad.

Angeloni aseguró ayer que las directrices de ayudas de estado de la CE que entraron en vigor el pasado 1 de agosto permiten esa salvedad. “Las escribieron ellos [en el departamento de Almunia] así que lo único que tienen que hacer es aplicarlas”, señaló tajante el ejecutivo italiano.

Angeloni recordó que el artículo 45 de esas directrices “no menciona que se aplique caso por caso, sino que se refiere a riesgos potenciales, lo cual es muy importante”. El BCE cree que la imposición de pérdidas a preferentistas de manera generalizada sería uno de esos riesgos, al poner en peligro la estabilidad financiera. Varios países, incluida España, se decantan ya por esa interpretación, según fuentes diplomáticas.

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