La mala gestión del rescate del país ha reavivado la crisis de la deuda de la eurozona

El callejón sin salida de la economía chipriota

El PIB chipriota representa el 0,2% del total de las economías de la eurozona

Sus relaciones con Grecia y Rusia complican la solución

Centenares de personas se manifestan contra la ratifiación del paquete de medidas del Eurogrupo, que incluye una quita a todos los depósitos privados, ayer lunes.
Centenares de personas se manifestan contra la ratifiación del paquete de medidas del Eurogrupo, que incluye una quita a todos los depósitos privados, ayer lunes. EFE

El rescate a Chipre ha destapado de nuevo la caja de Pandora de la deuda soberana europea. El patrón seguido por los mercados es similar al que se vivió con las inyecciones de fondos europeos en Grecia, Irlanda, Portugal o España: desplomes bursátiles generalizados, fuertes incrementos en las primas pagadas por la deuda soberana de los países periféricos y los focos mediáticos de medio mundo apuntando a un mismo lugar.

La gran diferencia es que, ahora, ese lugar tiene un tamaño ínfimo en relación a la eurozona (alrededor del 0,2% de su PIB, menos de lo que representan Ceuta y Melilla para la economía española) y una situación ultra periférica (Nicosia está a 200 kilómetros de Beirut, frente a los 900 kilómetros que la separan de la capital europea más cercana, Atenas). De hecho, geográficamente se encuentra en Asia, no en Europa. 

El rescate ni siquiera afecta a una isla entera, sino a media. La República de Chipre, miembro de la Unión Europea desde 2004 y de la zona euro desde 2008, ocupa la zona sur de la isla, mientras que la zona norte está controlada por Turquía. Hasta los años 50, Chipre era una colonia británica y aún hoy se mantienen dos bases militares en las que hay acuartelados alrededor de 3.000 militares. Su población supera escasamente el millón de habitantes.

Una de las circunstancias que más ha complicado el acuerdo de rescate entre Chipre y el Eurogrupo proviene de las implicaciones económicas del mismo para dos importantes socios comerciales y estratégicos: Grecia y Rusia. En el primer caso, el descalabro de la banca chipriota, que ha terminado por desencadenar el rescate de todo el país, se debió a las fuertes inversiones que mantenían en deuda soberana griega. La quita aplicada a los bonos de Grecia a cambio de la inyección de fondos europeos, provocó un importante agujero en los balances de los bancos de Chipre.

En el segundo caso, cerca del 30% de los depósitos bancarios en Chipre (20.000 millones, de un total de 70.000 millones) está en manos de ciudadanos y empresas rusas. El gravamen especial de hasta el 9,9% que el Eurogrupo pactó con el Gobierno chipriota sería un duro golpe para Rusia, cuyos mandatarios ya han rechazado de plano.

LA CONEXIÓN GRIEGA
La quita de la deuda de Grecia propició la caída de la banca
Tras el proceso de descolonización en relación al Reino Unido, en 1960, las comunidades turcochipriota y grecochipriota mantuvieron una convivencia tensa pero en 1974, tras un golpe de Estado progriego, Turquía invadió el norte de la isla y esta quedo partida en dos. De hecho, las Naciones Unidas mantienen una misión internacional desde 1964 (la más antigua de todas) con el encargo de mantener la paz entre las dos comunidades. El coste de la misión en los últimos 20 años ha superado los 3.000 millones de euros.

En la zona sur, Grecia mantiene una influencia muy importante. Tras la independencia de Chipre, diversos movimientos políticos llegaron a defender su anexión a Grecia, pero la iniciativa no llegó a cuajar. El 80% de la población profesa la religión ortodoxa, una circunstancia que ha acercado también a la isla a Rusia, el país con mayor población ortodoxa del mundo.

Los lazos culturales y económicos entre Grecia y Chipre se estrecharon tras la incorporación de la última a la Unión Europea. En el sector bancario, todos los grandes bancos chipriotas cuentan con potentes filiales en Grecia y durante los años de bonanza destinaron buena parte de sus inversiones a la compra de deuda soberana del país heleno.

La quita acordada con los tenedores de bonos griegos ha supuesto un agujero de 4.500 millones de euros para las entidades financieras chipriotas. Una cifra que representa alrededor del 60% del PIB y que ha sido el principal desencadenante del rescate europeo.

Para recapitalizar a estos bancos y enderezar las cuentas públicas, el Eurogrupo pactó un rescate que se ha valorado en 17.200 millones de euros, un 150% del PIB del país. Bruselas y el FMI pondrán 10.000 millones, mientras que 1.400 procederán de privatizaciones y el resto, 5.800 millones, imponiendo una tasa especial a los depósitos.

5.800 MILLONES
El rescate exigido supera los ingresos fiscales de un año
Los 5.800 millones que Bruselas y el FMI exigen que los ahorradores de Chipre aporten a su propio rescate supone un importe casi inasumible para un país cuyo PIB no alcanza los 18.000 millones de euros. La recaudación tributaria (IRPF, IVA, Sociedades, impuestos especiales, etcétera) de la pequeña isla asciende a 4.700 millones de euros. Es decir, ni los ingresos fiscales de un año alcanzan para pagar los 5.800 millones exigidos.

Si se suman las cotizaciones sociales, la recaudación chipriota ya supera los 6.300 millones. Nicosia debería destinar todo el dinero que ingresa en un año a pagar su parte del rescate. O multiplicar por dos todos los impuestos tradicionales. Ambas opciones resultan simplemente inasumibles. No hay economía en el mundo que pueda resistir que los impuestos se multipliquen por dos en un año. Además, ello no elevaría en la misma cuantía los ingresos y solo generaría recesión y pobreza.

Con independencia de si la idea de aplicar un impuesto sobre los depósitos saliera del propio Gobierno chipriota o de las autoridades comunitarias, la realidad es que no existe otra alternativa en el ámbito fiscal para lograr esos 5.800 millones. Los depósitos en Chipre, destino preferente de los oligarcas rusos, equivalen a cuatro veces el PIB de la isla. Cuestión distinta es si resulta lógico exigir que un país pague el equivalente a los ingresos fiscales de un año.

De hecho, la aportación al rescate que deben acometer los ahorradores multiplica por diez el presupuesto sanitario anual. El gasto público total en Chipre asciende a 8.288 millones. Para abonar el importe que exige Bruselas y el FMI, la Administración chipriota debería destinar el 70% de su presupuesto al rescate. Otra ecuación irresoluble.

Extrapolando la situación, lo que ha sucedido en Chipre con los depósitos sería algo parecido a que las autoridades comunitarias reclamaran a España el pago de 340.000 millones. Para poner en perspectiva esa cifra basta indicar que la recaudación por IRPF, IVA, Sociedades e impuestos especiales en España se situó en 2012 en 160.727 millones. Es decir, los ingresos derivados de los principales impuestos no bastarían ni para pagar la mitad de ese hipotético rescate que debería asumir España si sufriera la misma suerte que Chipre.

En cualquier caso, es cierto que el sistema fiscal chipriota destaca por tener unos impuestos bajísimos. Por ejemplo, el tipo nominal de Sociedades, el tributo que grava los beneficios empresariales, se sitúa en el 10%, un gravamen más propio de un paraíso fiscal que de un Estado miembro. España aplica un tipo del 30% y la media en la UE supera el 22,6%. Chipre es, junto con Irlanda, el país de la zona euro que menos grava a las empresas. Respecto al IVA, Chipre mantenía el tipo más bajo permitido por la UE (15%). Sin embargo, la crisis económica obliga al Gobierno a elevar ese nivel hasta el 18% vigente actualmente.

BANCA
Un sector financiero ocho veces mayor que el PIB
Uno de los casos de rescate más equiparables al que se prepara para Chipre es el que el FMI decretó para Islandia. En ambas economías, el sector bancario tenía un tamaño desproporcionado con respecto a sus economías. En el caso de Chipre, los activos registrados en los balances bancarios ascienden a 126.000 millones de euros, representando ocho veces el importe de su PIB. Antes del comienzo de la crisis financiera global, en 2007, el balance agregado era de 78.000 millones de euros.

Además de un tamaño desmesurado, otra de las particularidades de su sector financiero es la fuerte dependencia respecto a los depósitos. A diferencia de los bancos de las otras economías europeas, el sistema bancario chipriota tiene el 60% de su pasivo está constituido por depósitos, en gran parte depósitos de extranjeros. El porcentaje de depósitos de no residentes es muy superior al de otros países y hay algunos indicios de que el país estaría funcionando como un paraíso fiscal.

En el caso de Islandia, la deuda de los bancos llegó a ser 12 veces superior al PIB del país y, al igual que ha sucedido con Chipre, su fuerte expansión estuvo muy vinculadas a atractivas ofertas de remuneración de los ahorros para no residentes. En ese caso, fueron ciudadanos británicos y holandeses los que más dinero habían depositado en la banca islandesa.

La rentabilidad de los depósitos a un plazo inferior a dos años en Chipre era en enero del 4,45%. En España, tras la recomendación del supervisor bancario, la rentabilidad máxima para un depósito entre 12 y 24 meses es del 2,25%.

“Los bancos han crecido gracias a que han atraído fondos de extranjeros ricos, pero ahora su tamaño es demasiado grande para que el Estado pueda manejarlos por sí mismo”, explica Philipp Haessler, un analista de banca de la firma Equinet.

RUSIA
Una alianza que se convierte en arma de doble filo
Durante la última década, Chipre se ha convertido en un refugio paradisíaco muy solicitado por miles de ciudadanos rusos: tanto en el sentido turístico como en el fiscal. Alrededor de 50.000 rusos residen habitualmente en la isla mediterránea, convirtiéndose así en una de las mayores comunidades extranjeras. Además, controlan alrededor del 25% de los depósitos bancarios (por lo que podrían verse especialmente damnificados si se llega a concretar el impuesto sobre los mismos) y un tercio de la inversión extranjera.

Muchos de ellos se han visto atraídos por un impuesto de sociedades del 10%, que ha atraído a numerosas sociedades offshore, lo que provocó la petición por parte del ministro de Finanzas alemán de que se llevara a cabo una investigación sobre si Chipre estaba siendo utilizado como una base para el lavado de dinero negro.

La alianza con Rusia llevó al Kremlin a conceder una préstamo de 2.500 millones de euros al Gobierno de Nicosia para que pudiera rescatar a dos entidades financieras, Banco de Chipre y Laiki Bank, muy afectadas por la quita de la deuda griega.

Hoy mismo, el ministro de Finanzas chipriota se reunirá con las autoridades rusas para renegociar las condiciones del crédito. La reunión se prevé tensa, después de que el presidente Vladimir Putin calificara el proyecto de gravar los depósitos de “peligroso e injusto” y anunciara la intención de endurecer los términos del préstamo.

Entre los acreedores de Chipre también hay destacar a Grecia, cuyas entidades financieras tienen una exposición de 12.700 millones (en préstamos, títulos de deuda, líneas de crédito...). La banca alemana, por su parte, mantiene inversiones por 5.900 millones en Chipre.

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