EDITORIAL

La euforia señala el camino a la Bolsa

La Bolsa española se apunta en su haber otra buena semana. El pasado viernes cerró en 11.777,3 puntos, con una subida semanal de 2,83%. Los inversores ya han puesto el punto de mira en el 12.000, cuando hace apenas un mes intentaban superar un 11.000 en el que el índice chocó en sucesivas ocasiones antes de consolidarse. Desde mínimos, cuando el Ibex bajó a mediados de marzo hasta 6.817 puntos, la revalorización alcanza la nada desdeñable cifra del 72,7%.

Semejante revalorización explica que la incredulidad sea la tónica general. Los expertos llevan anunciando varios meses una corrección que no acaba de llegar y, a pesar de los vaivenes, el índice vuelve una y otra vez a la alegría de los números negros. Pero, con una subida tan fuerte y prolongada, los analistas reiteran que antes o después se producirá el ajuste. Y por ello habrá que estar preparado, pese a que el consenso diga que no será de gran calado. La sensación es que algo muy grave tendría que suceder para que el selectivo español vuelva a zona de mínimos.

Los mercados descartan, al menos de momento, acontecimientos que puedan provocar un nuevo susto, como el padecido tras la caída de Lehman Brothers, hace ahora un año. Aunque no hay vacuna contra nuevos fiascos bancarios en el mercado internacional, cada vez parecen más improbables y, sobre todo, de menor calado. Las grandes entidades con riesgo sistémico ya parecen relativamente depuradas.

Tampoco se esperan sustos graves de la economía real. Prevalece la certeza, cada vez más asentada, de que lo más grave de la crisis mundial ha pasado. La salida de Alemania y Francia de la recesión, al registrar de nuevo crecimiento trimestral de su PIB, apuntala esta afirmación, que se apoya además en innumerables señales positivas en la mayoría de los países desarrollados, especialmente en EE UU, o emergentes.

Todo hace pensar que el camino de la Bolsa se vea relativamente despejado. Algo que no excluye la obligación de mantener la calma y ser muy selectivo en cualquier decisión de compra. Ahora más que nunca hay que analizar los fundamentales de cualquier empresa antes de colocar en ella los ahorros.

Sin abandonar la prudencia natural en toda buena inversión, los expertos aportan varios aspectos que explican ese optimismo. Para empezar, la subida desde mínimos ha sido rápida y pronunciada, lo que ha dejado a muchos ahorradores fuera de las ganancias y ansiosos por subirse al carro. El deseo de muchos de recuperar parte de los réditos perdidos por un exceso de cautela contribuirá a seguir tirando de ese mismo carro bursátil.

Los conocedores de los mercados auguran además un aumento de las operaciones corporativas de fusiones y adquisiciones, lo que siempre activa el negocio. La progresiva apertura de los mercados de capitales, la propia ebullición de las Bolsas y una mayor disposición del crédito bancario aportaría el capital necesario para aprovechar las muchas oportunidades que ha destapado la crisis. Numerosas compañías están en venta, total o parcialmente, y se detectan gangas que muchas empresas no querrán perderse. Eso contribuirá a que salgan reforzadas de esta crisis, además de aminorar sus mercados de competidores.

Podría parecer que el Ibex parte con desventaja, pues es un hecho que la economía española tardará más que sus pares en volver a la senda de crecimiento. Las altas tasas de desempleo derivadas de los más de dos millones de parados que se ha cobrado de momento la crisis, hasta llegar a un total cercano a los cuatro millones, afectan negativamente la recuperación del consumo. Sin embargo, la mayoría de las empresas del selectivo español tienen una exposición cada vez menor a la economía nacional, y muchas de ellas obtienen más de la mitad de sus ingresos en el exterior.

A eso se suma una política de dividendos que, aunque se resentirá de la caída de beneficios, parece que aguantará con cierta holgura el año próximo. No parece descabellado que la líder de la Bolsa, Telefónica, o las eléctricas lo incrementen. Todo ello justifica que, a pesar de los lógicos altibajos de una etapa económica tan turbulenta como la actual, los expertos ya descuenten que el índice español terminará el año en positivo.