TRIBUNA

Gastos militares

Por encima de los 1.000 millones de dólares diarios han quedado fijados los gastos militares de EE UU después de los últimos compromisos de la Administración Bush. Es una cifra asombrosa que merecería las críticas más acerbas de esos analistas jovenzanos con algún rastro de sentido común. Estarían dispuestos a preguntarse qué sentido tienen esos gastos desorbitados que agudizarán el déficit fiscal del país y que serán incapaces de aportar un solo miligramo adicional de seguridad frente a la recién descubierta amenaza del terrorismo esgrimida como el motivo desencadenante de estos dispendios.

Pero sucede que, mientras en los demás países los gastos militares son considerados ruinosos -y a la vista están los efectos letales que tuvieron para la antigua URSS cuando fue obligada a sostener la carrera de armamentos en tiempos del presidente Ronald Reagan y de Gorbachov-, para Washington se trata de inversiones venturosas cargadas de maravillosas consecuencias, primero en el desarrollo tecnológico y enseguida para la economía del país.

Aquí en España, como en los demás países europeos de la Alianza Atlántica, los gastos militares siguen congelados, en crecimiento cero, para desesperación del actual secretario general de la OTAN, Lord Robertson, quien en una de las últimas sesiones del Consejo, según refería el general Juan Martínez Esparza, su adjunto, amenazó con la necesidad de que le buscaran un sustituto si persistían en la actitud de bloquear los incrementos imprescindibles para desempeñar las nuevas tareas asignadas tras el 11 de septiembre.

Esta situación fue analizada en el XIV Seminario Internacional de Defensa celebrado estos días en Toledo bajo el título de El terrorismo: una amenaza del siglo XXI. Guerra sin enemigo. Paz sin seguridad. Por eso tuvo el mayor interés escuchar al Secretario de Estado de Defensa, Fernando Díez Moreno, referir de qué sistemas ingeniosísimos se vale su departamento para llevar a cabo los programas de las fragatas F-100, de los submarinos S-80, de los helicópteros de combate, de los carros Leopard, del Eurofighter, del avión de transporte A-400 M ideado por el consorcio EADS o de los satélites Helios que relevarán a los aún en servicio.

Unos sistemas que, para sorpresa de todos, recurren al leasing y a los anticipos con interés cero, facilitados a Defensa con cargo al Ministerio de Ciencia y Tecnología. Se diría que los equipos directivos del Ministerio de Defensa se hubieran reciclado en las escuelas de administración de empresas y que hubieran adquirido las más depuradas técnicas de ingeniería financiera de modo que las modernizaciones puedan hacerse sin transgredir el sacrosanto principio del déficit cero, instalado ahora en el frontispicio del Estado igual que antes figuraba aquel lema de Todo por la Patria campeando en el dintel de los antiguos acuartelamientos militares.

Qué ventura, por cierto, la del crecimiento urbanístico que los ha convertido en valiosos edificios y solares, cuya venta ordenada actualmente en negociación con 456 entidades locales generará ingentes plusvalías en las que se cifran tantas esperanzas económicas básicas de las Fuerzas Armadas.

Luego pudimos avistar los planes de externalización de servicios y sistemas de mantenimiento imposibles de gravitar sobre unos efectivos reducidos, imposibles de reclutar según se va observando.

En todo caso, como subrayó Díez Moreno, una de las cuestiones pendientes cuyas consecuencias negativas se hacen notar es que, mientras empieza a existir una industria europea de la defensa, todavía sigue sin despegar una verdadera política europea de defensa.

Además las encuestas reflejan un decidido apoyo a las misiones de mantenimiento de la paz asumidos por contingentes españoles desplegados en los Balcanes o en Afganistán, pero las respuestas cambian de signo cuando se pregunta por la asignación de mayores recursos para las nuevas tareas de la defensa.

Sucede que, como explicaba Javier Solana, el coordinador de la Política Exterior y de Seguridad de la Unión Europea, después del 11 de septiembre vamos con el paso cambiado respecto a EE UU. Aquí, después de dos guerras mundiales y muchos millones de muertos por primera vez se divisa un horizonte de paz sin nuevos conflictos civiles entre europeos mientras allí, también por vez primera, se ha instalado la percepción de la propia vulnerabilidad. Han sido víctimas de un acto de terrorismo masivo, cuya única novedad reside en cuál ha sido el país destinatario, que se siente en guerra y que después de tantas décadas de adaptarse a los despliegues en cualquier lugar del mundo va a nombrar un comandante militar para la defensa de su propio territorio, tarea hasta ahora cumplida por los océanos circundantes. Solana dejó clara la condena incondicional del terrorismo pero reclamó que se atienda con toda urgencia a la desactivación de los que denominó yacimientos de odio. Vale.