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Análisis
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La productividad y el debate sobre la reducción de la jornada laboral

En los sectores en los que España está más especializada, la eficiencia de la actividad avanza a menos ritmo

Concentración de CC OO ante la sede de Foment, en Barcelona, para reivindicar la reducción de jornada laboral y protestar por el bloqueo de los convenios colectivos, el 8 de julio.
Concentración de CC OO ante la sede de Foment, en Barcelona, para reivindicar la reducción de jornada laboral y protestar por el bloqueo de los convenios colectivos, el 8 de julio.Alejandro García (EFE)

En el debate sobre la reducción de la jornada laboral se utiliza con frecuencia un argumento sobre el efecto que esta medida tendría en la productividad. Una distribución de tiempo de trabajo/ocio más favorable a los trabajadores puede traducirse en que su desempeño mejore debido a una mayor motivación, eficiencia, etc., que redunde en mejoras en su productividad. Pero, desde mi perspectiva, la dirección de causalidad habría que buscarla en la dirección contraria. Se tendría que analizar si las ganancias de productividad en España son compatibles, o hacen posible, la reducción de la jornada laboral. Y, desde esta óptica, las cosas ya no se ven tan claras.

Quizá el primer punto es recordar qué es la productividad. Los economistas solemos medir la eficiencia productiva, lo que llamamos productividad total de los factores, como la capacidad de una empresa o un país para obtener mayor volumen de producción con la misma cantidad de capital –máquinas, edificios, etc.– y con las mismas horas trabajadas. Si la productividad crece, quiere decir que somos capaces de producir más con las mismas máquinas y trabajo. De ahí se deriva que los ingresos de la empresa serán mayores. A partir de una tarta más grande se puede plantear cómo se reparte: si aumentan los beneficios, los salarios, o se reduce la jornada laboral. De hecho, si el crecimiento de la productividad es robusto, se puede lograr todo a la vez.

En el primer trimestre de 2024, la productividad total de los factores creció un 1,6% en tasa interanual, según los datos del Observatorio de la Productividad de la Fundación BBVA y el Ivie. Sin duda, es un dato muy positivo, teniendo en cuenta que durante 2023 se desaceleró continuamente. Ahora bien, desde una perspectiva de un periodo un poco más largo, que es el que debería guiar decisiones estructurales como las de la jornada laboral, hay rasgos muy significativos, y alguno de ellos preocupantes.

En primer lugar, desde principios de los años 2000 hasta 2013, el comportamiento de la productividad de la economía española fue continuamente decreciente. De hecho, se redujo un 0,5% de media anual durante 13 años (reducción acumulada del 6,2%). Segundo, desde la recuperación que empezó en 2014, el patrón de crecimiento ya no es tan negativo, con un crecimiento medio anual del 0,4% hasta la crisis sanitaria. El impacto de la covid-19 fue importante, pero tras el shock inicial se ha vuelto a los niveles de productividad previos a la pandemia

En cualquier caso, pese a la mejora desde la Gran Recesión, es todavía pronto para poder asegurar que el patrón de crecimiento español ha cambiado y se basa actualmente en un crecimiento virtuoso de la productividad. Lo que hasta el momento se puede decir es que la productividad en España ha dejado de ir al revés del resto de países de nuestro entorno. En otros países, cuando la economía va bien, la productividad mejora, y cuando va mal, empeora. Sin embargo, en España sucedía lo contrario. Ahora parece que ya no. Esta normalización ya es un cambio importante. La duda es si realmente se va a acelerar la productividad más allá de este comportamiento procíclico.

Pero incluso ante este cambio de la evolución de la productividad agregada, por sectores existen diferencias importantes. En general los sectores en los que España está más especializada, la productividad es menor y avanza a menor ritmo, como en la construcción, actividades inmobiliarias, la hostelería, o la industria alimentaria. En sentido contrario, en los sectores donde la digitalización ha penetrado más, las ventajas de productividad son claras.

Las diferencias de productividad no solo se dan entre sectores. Dentro de un mismo sector de actividad existen grandes diferencias, incluso mayores que en los sectores entre sí. En cualquier ámbito se observan empresas que destacan por su elevada eficiencia y otras en las que la productividad es muy reducida.

Dadas estas diferencias sectoriales y entre empresas de un mismo sector, la capacidad de internalización de un cambio de tanto calado como el de la reducción de la jornada laboral puede tener efectos muy distintos. En algunos sectores y en algunas empresas, este tipo de medida podría ser encajada sin dificultad y tendría un efecto beneficioso. En otros casos, puede ser una losa para la viabilidad de la compañía.

En cualquier caso, la clave es lograr que la productividad aumente de forma sostenida a lo largo del tiempo. Solo de esta forma será compatible que las empresas mantengan la rentabilidad y mejoren las condiciones laborales. La mejora de la productividad pasa por muchos factores: cambios en la especialización hacia sectores más productivos, la digitalización, la reducción de la temporalidad, el acceso a la financiación de empresas emergentes, o mayor dinamismo empresarial. También se ha de mejorar en las capacidades directivas, y en la inversión en I+D+i y en otros intangibles, como la estructura organizativa y la formación dentro de las empresas. Las mejoras en la comercialización de productos y diseño son fundamentales para ser más productivos. Se debería propiciar un entorno más competitivo y libre de barreras en el que las empresas más productivas pudieran ganar cuota de mercado a costa de las menos eficientes. Para esto, las reformas estructurales son fundamentales.

En mi opinión, el debate sobre la reducción de la jornada laboral debe pasar por un buen diagnóstico sobre las causas de la evolución de la productividad en España y los efectos de esta medida. Sin embargo, las causas de nuestro problema de productividad no están estos días en el centro del debate. Como sociedad, tenemos que ser conscientes de que buena parte de los retos y de las mejoras laborales a las que aspiramos son más fáciles de lograr si la productividad aumenta. Si no es así, las ganancias de unos serán las pérdidas de otros.

Juan Fernández de Guevara es investigador del Ivie y profesor de la Universitat de València

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