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A fondo
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El curso de las materias primas tras el ataque de Hamás

Todo puede pasar, pero sería raro ver generalizarse esta guerra en los países árabes. Los gráficos del petróleo y demás productos básicos indican otra cosa

Gaza
Explosiones en el norte de Gaza tras la respuesta de Israel al ataque terrorista de Hamás.MOHAMMED SABER (EFE)

Todo el mundo está muy asustado por la subida del precio del petróleo, pero, de momento, la que ha tenido el barril de Brent tras el ataque de Hamás a Israel no ha sobrepasado el nivel máximo de este año 2023, que se produjo hace justo tres semanas y que fue de 96 dólares. Es más, a poco que se produce un compás de espera, el precio del barril no sobrepasa los 90 dólares.

La subida del precio del Brent en lo que va de año es de un 2,7%, y todo gracias a esa subida reciente. Si se considera, en vez del período transcurrido del año, la variación de precio del barril de Brent en los últimos 12 meses, la conclusión es que ha sido de -2%.

Sorprende, por tanto, al tomar algo de perspectiva (bastante poca, ciertamente, ya que solo es de 12 meses) una alarma tan elevada, incluso en un contexto de amenaza para la paz mundial. Hay que recordar que, por estas mismas fechas, el año pasado la subida respecto a los doce meses anteriores era de 8%. La situación ha mejorado, pues, sensiblemente si solo se tienen en cuenta esos dos datos. Además, el precio del petróleo, respecto a su último máximo relativo de principio de junio del año pasado (124 dólares/barril, uno de los tres máximos de la historia) ha caído un 27%.

La comparación hecha más arriba debe llevar aparejada la cautela de que apenas han pasado 18 meses desde la última vez que vimos un precio tan elevado del precio del petróleo, precio al que se llegó por diferentes circunstancias, entre las que pesaba mucho la invasión de Ucrania por parte del ejército ruso.

El comportamiento de las demás materias primas, industriales y agrícolas, así como el del propio grupo de todas las materias energéticas, no ha sido muy distante en 2023 de lo que le ha pasado al precio del Brent.

El grupo de la energía (que, obviamente, incluye además del Brent, el crudo ligero norteamericano, el gasoil, el gas natural en el mercado de EEUU, el fuel de calefacción y la gasolina sin plomo) acumula en lo que va de año una ganancia de 0,3%. Y, para qué hablar del Gas Natural en el mercado europeo que, en lo que va de año, ha bajado de precio un 31%, y desde el mes de octubre del año pasado, un -61%.

Visto esto y mirado el asunto fríamente, se podría concluir que “¡en peores garitas hemos hecho guardia!”.

Desde el punto de vista de quien tiene que importar metales industriales o materias primas agrícolas, la situación es muy parecida: -11% y -16% en lo que va de año, con algún caso, como el del trigo, con -27%.

Todo recuerda los años 2011-2016 en que las materias primas, tras haber alcanzado los máximos históricos de 2008 y 2011, mantuvieron un proceso acelerado de caída que solo se detuvo o empezó a recuperarse de verdad en el segundo trimestre de 2020 para las energéticas, las agrícolas y los metales industriales.

¿Ha cambiado esta situación de bajada de precios por doquier la guerra desatada por Hamás contra Israel y la respuesta del ejército israelí? A primera vista, y aunque sea un poco pronto para vislumbrar el final de todo esto, parece que no. Es más, sin el ataque de Hamás a Israel, el petróleo estaba llamado a terminar el año con un precio muy inferior al actual (ese era y es el pronóstico de la Newsletter de mercados).

Es normal que las turbulencias en Oriente Medio provoquen el temor de una repetición de los acontecimientos de 1973 tras la guerra del Yom Kipur, pero sería muy raro ver a Arabia Saudí abandonar la ruta que ha emprendido de modernización del país y de construcción de un futuro industrial y tecnológico que no se base solo en la producción de petróleo, y más cuando Occidente, con su obsesión con el cambio climático, está explorando vías diferentes de obtención de la energía que, de cumplirse, a largo plazo dejarían el petróleo casi obsoleto.

También sería un logro muy alejado de la voluntad de los contendientes el que Arabia Saudí e Irán dejaran de hacerse la guerra por contrincantes que les representan interpuestos, como es el caso del régimen de Yemen y la guerrilla houtí.

O que Siria se vaya a involucrar en una guerra con Israel, cuando viene de una guerra civil que ha durado casi 13 años y que, además, no está completamente resuelta, con territorios aún controlados por sus rebeldes, como la región e Idlib en el noroeste del país, y problemas con Turquía en el noreste.

Para qué hablar de Irán, que aún arrastra numerosas secuelas de la guerra de 1980-1988 contra Iraq. O el propio Iraq, reponiéndose aún de las heridas morales y físicas de las guerras de los 1980s, de 1991 y de 2003.

O Egipto, que bastante tiene con mantener su estabilidad interna, lograda a duras penas tras aquella llamada primavera árabe, que tuvo de todo menos de primavera.

En un mundo entrecruzado de convulsiones diversas, todo puede pasar, pero sería raro ver generalizarse esta guerra a los países árabes, ni siquiera en el caso de que la presión popular, atizada por los tribunos de la plebe (orientales y occidentales) les empuje a ello.

Desde luego, los gráficos del petróleo y demás materias primas indican otra cosa.

Juan Ignacio Crespo es estadístico del Estado y analista financiero

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