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La Bolsa se juega la continuidad del rally al beneficio de las empresas

Para el segundo semestre los analistas se dividen entre los temerosos a la recesión y a los tipos altos frente a los que esperan un fuerte repunte de las ganancias de las cotizadas. Las tecnológicas serán decisivas

Economy graph: euro cash bills and stock exchange board
Economy graph: euro cash bills and stock exchange boardJavier Ghersi (Getty Images)

Nadie daba un euro a comienzos de año por las Bolsas en este 2023. Sin embargo, han llegado al ecuador del ejercicio liderando las ganancias de las inversiones financieras: de alrededor del 16% para el Ibex, Euro Stoxx 50 y S&P 500. Un tecnológico Nasdaq va al frente de la subida y con un 32% de revalorización ha borrado las pérdidas de 2022. Analistas, gestores e inversores han elevado a los altares a los bonos que, por fin, empezaban a dar rentabilidad tras una década de tipos cero o negativos. Y la liquidez en forma de fondos monetarios ha alcanzado este año récords históricos en Estados Unidos, como explican los analistas de Capital Group: “Los inversores han ungido al efectivo como rey, sacando activos de inversiones en acciones y bonos hasta un récord de 5,4 billones de dólares a cierre de mayo de este año”.

Pero a pesar de los movimientos de los grandes capitales hacia los tipos a corto, las Bolsas han sorprendido. Incluso pese al susto de la banca mediana estadounidense que llegó en marzo, con la quiebra del Silicon Valley Bank (SVB) junto a otras entidades de similar tamaño. Los gurús de la inversión está claro que se equivocaron con el mundo de las acciones, siguiendo el modelo histórico por el que es difícil sacar ganancia a la Bolsa en tiempos de subidas del precio del dinero por parte de los bancos centrales.

Índice S&P y deuda de EE UU

Sin duda, ahora existe menos unanimidad en el juicio negativo sobre las Bolsas para lo que resta de año. Y eso que siguen pesando los mismos factores a la contra: los bancos centrales continúan prometiendo alzas de tipos –aunque ya el recorrido es menor con los datos de inflación más embridados– y persiste el temor a una brusca desaceleración económica que termine en recesión, provocada por el propio encarecimiento del precio del dinero.

Alejandro Vidal, responsable del equipo de investment managers de Deutsche Bank, espera continuos cambios de signo en las Bolsas, y dada la falta de visibilidad sobre el ciclo económico y la política monetaria, “no nos sorprendería ver un retroceso a corto plazo tras los fuertes avances registrados durante el primer semestre del año”.

Y desde la gestora Fidelity también ven un panorama complejo: “Esperamos que este final de 2023 sea de contracción de los beneficios, con presiones especialmente fuertes en EE UU y Europa, donde las empresas tendrán que seguir lidiando con la inflación y el endurecimiento monetario. Los sectores defensivos, como el consumo básico y la atención sanitaria, están mejor situados”, explican. Visión muy similar a la de la gestora Edmond de Rothschild AM, para la que la clave será la “reducción de la liquidez en el mercado debido a las emisiones del Tesoro estadounidense, las ventas de activos y el endurecimiento de las condiciones de préstamo. En consecuencia, seguimos siendo prudentes con la renta variable”.

Para Mario Aguilar, del equipo de estrategia y carteras de Janus Henderson, el acceso de los clientes al crédito “pesa sobre los ingresos, y junto a los mayores costes de los insumos reducen los márgenes, por lo que los beneficios de 2023 podrían desviarse hacia el extremo inferior del rango de consenso”.

También desconfían desde el banco estadounidense Goldman Sachs en su reciente informe de visión global del mercado. “Creemos que la posibilidad de alza para los mercados de acciones es limitada tanto por las valoraciones altas como por las perspectivas de que los tipos de interés seguirán más altos durante más tiempo”. Y concluyen que, “si bien no esperamos una recesión, la perspectiva de crecimiento de las ganancias empresariales sigue siendo baja. La combinación de valoraciones elevadas y un crecimiento de los beneficios relativamente lento implican un rendimiento de las acciones positivo, aunque moderado”.

Y es justamente la expectativa de los beneficios empresariales (este julio empezarán a conocerse los del primer semestre) la que genera la discrepancia sobre el resultado final de este paradójico 2023. Frente a la prudencia de buena parte del mercado, otro buen puñado de firmas sí confía en el potencial de las ganancias empresariales. Ramón Forcada, director de análisis de Bankinter, ve todavía recorrido de un 10% para las Bolsas, justamente porque las empresas van a ganar más dinero y entramos en un ciclo expansivo de las economías hasta 2025. “No hay problema de márgenes empresariales porque los precios se sostienen en economías que están en pleno empleo y el consumidor está dispuesto a pagar”, y pone como ejemplo los precios de los billetes de avión o las bruscas subidas de las tarifas hoteleras. Además añade que “desde los problemas de la pandemia no existe una competencia fluida que obligue a las compañías a bajar o contener precios y, por último, en los últimos años se ha producido un ajuste de costes empresariales que empuja los beneficios”. A Forcada únicamente le inquieta el devenir de la guerra de Ucrania y las elecciones presidenciales de Estados Unidos el próximo año.

Este optimismo sobre las ganancias empresariales se extiende a otros analistas que ven un mercado de acciones prometedor para lo que resta de año. Geir Lode, director de renta variable global de Federated Hermes, señala que “esperamos un segundo semestre de 2023 boyante, ya que prevemos una potente oleada de crecimiento de los beneficios que impulsará las cotizaciones bursátiles, con los gigantes tecnológicos estadounidenses y los valores de comunicaciones a la cabeza”. Y finaliza con todo un reto: “A medida que avance el año, será interesante observar este tira y afloja entre el aumento de los beneficios y la subida de los tipos de interés”.

Volviendo al terruño, desde GVC Gaesco apuntan que, debido a que los índices bursátiles no reflejan en su totalidad las sólidas proyecciones de beneficios, las acciones brindan un potencial que supera con creces a la renta fija. Víctor Peiro, director general de análisis de esta firma, sostiene que “la economía global ha demostrado una notable capacidad de adaptación, logrando mitigar la inflación sin incurrir en una ralentización económica significativa”. Y remarca que “en GVC Gaesco anticipamos un segundo semestre positivo, impulsado por la normalización gradual de las políticas monetarias”.

Las tecnológicas, clave

La subida de casi el 16% del S&P 500 estadounidense en el semestre obedece al empuje de los valores tecnológicos. A diferencia de lo ocurrido en Europa, con variedad de sectores participantes, el alza en este mercado se ha reducido a poco más de una docena de gigantes tecnológicos y acompañantes. La firma de semiconductores Nvidia ha subido el 190% en este semestre; Tesla, el 113%; Apple, el 48% (con una capitalización que roza los 3 billones de dólares); Amazon, el 55%, o Netflix, el 49%, por poner unos ejemplos. Por tanto, el devenir de este sector será clave para el cierre de 2023.

El analista de tecnología de Bankinter Juan Tuesta considera que el sector tecnológico está cotizando con buenos ratios. “Los beneficios del Nasdaq crecerán un 16% y los de las firmas de semiconductores hasta un 20%. Esto supone que el sector cotiza 20 veces beneficios en 2024 y 17 veces en 2025. El inversor está entrando, incluso tras recuperar las pérdidas del pasado año. La inteligencia artificial (IA), el desarrollo del coche eléctrico y de la conducción autónoma dan una gran proyección al sector”, explica.

Dentro de la IA, ChatGPT, propiedad de Microsoft y OpenAI, se convirtió en la aplicación de más rápido crecimiento de la historia. Una evolución que ha dirigido el dinero de los inversores hacia esta nueva fuente de negocio para el sector tecnológico.

Kevin Thozet, miembro del comité de inversión de la gestora Carmignac, apuesta por las tecnológicas a pesar de las fuertes subidas ya registradas por su potencial con la IA y la ortodoxia que se ha implantado en el gasto en los últimos años. Cheryl Frank, gestora de Capital Group, apunta que “los márgenes de beneficios están superando las expectativas, ya que las compañías han comenzado a aplicar de repente una mayor disciplina de costes”, Pese a ello a Frank le preocupan las altas valoraciones del sector y el devenir de la economía estadounidense: “Para que este repunte resulte sostenible, necesitamos un aterrizaje suave”.

También hace sus puntualizaciones sobre la euforia que se vive en el sector Wolf von Rotberg, estratega de renta variable en J. Safra Sarasin Sustainable AM. “Cada vez somos más cautos sobre la recuperación del sector tecnológico. En nuestra opinión, una caída de los beneficios del segundo trimestre con respecto a las expectativas podría provocar una corrección sustancial”, dice. Y agrega que “el buen comportamiento que han tenido, una recuperación de los beneficios algo apagada y unos tipos que siguen cerca de sus máximos recientes han llevado a una situación en la que el rendimiento de los beneficios tecnológicos ha caído por debajo del rendimiento del Tesoro a 10 años por primera vez desde julio de 2007″.

La marcha de la Bolsa hasta final de año y de su sector abanderado, el tecnológico, muestra una drástica división de opiniones entre los que esperan un fuente incremento del beneficio empresarial y aquellos que temen una desaceleración más pronunciada y unos tipos frenando las cuentas empresariales. ¿Quién llevará razón?

Dos estrategias para los bonos

Escenario recesivo. En el supuesto de que las economías entrasen en una recesión, los actuales niveles alcanzados por los bonos –el de diez años al 3,38% en España o al 3,8% en Estados Unidos– serían muy atractivos ya que se aceleraría la bajada de tipos de interés. En estos niveles, los precios de los bonos se apreciarían. Los analistas que tienen esa visión negativa a futuro de la economía recomiendan, pues, esta estrategia de comprometerse ahora en los plazos largos. 

Economía pujante. Una evolución de suave aterrizaje y rápida fortaleza económica llevaría a tipos de intervención más elevados que se reflejaría en niveles superiores para los bonos a medio y largo plazo. En consecuencia, los bonos actuales perderían valor. Los analistas que comparten esta visión apuestan por invertir en plazos cortos (a dos años como mucho) y esperar a ver la evolución económica. 

Calidad. Estas dos visiones opuestas coinciden en invertir en deuda pública o en deuda de empresas de calidad. Apuntan a que no compensan los bonos de alto riesgo con los diferenciales que ofrecen ahora sobre la deuda más solvente.

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