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La sostenibilidad toca el bolsillo de los altos ejecutivos

El 88% de las empresas del Ibex 35 tiene pagos de incentivos vinculados al cumplimiento de prácticas sostenibles

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Sakorn Sukkasemsakorn (Getty Images)

Que la sostenibilidad ha llegado para quedarse en el seno de las empresas ya es un hecho, aunque haya sectores de la sociedad que aún se muestren reacios. Las compañías parecen haber comprendido que tienen que poner su grano de arena en mejorar la situación del planeta y las personas que viven en él. Básicamente porque les va el futuro en ello, ya que los consumidores, Gobiernos e inversores se han vuelto cada vez más exigentes en este campo.

La incorporación de la agenda sostenible en las firmas ha sido paulatina y dependiendo mucho del tamaño y los sectores. En las más adelantadas, de los criterios sostenibles dependen incluso lo que ganan sus altos directivos. “No es lo mismo la realidad de las empresas cotizadas versus las no cotizadas. Incluso dentro de las cotizadas, lo que es el Ibex 35 de lo que es el resto del mercado. En el mundo cotizado es una actividad extendidísima”, asegura Jaime Silos, director de desarrollo corporativo de Forética, la asociación de empresas y profesionales de la responsabilidad social empresarial. Silos detalla que el 88% de las firmas del Ibex tienen incentivos vinculados a la sostenibilidad, según los datos de los informes de remuneración que están obligadas a presentar a la CNMV. “Ese porcentaje baja al 49% en el resto de cotizadas. Y en las que no lo son no hay datos fiables, porque no existe esa obligación de reportar”, añade.

Según los datos publicados por Forética en el informe Sostenibilidad en los consejos de administración de la empresa del Ibex 35, en el 56% de las firmas la retribución variable anual asociada a objetivos ESG tiene un peso de entre el 5% y el 15% del total. El porcentaje sube a entre el 15% y el 30% en el 27% de las compañías del índice bursátil.

Peso de la remuneración variable ESG en las empresas del Ibex 35

Del mismo modo, sostiene que también es una realidad en aquellas empresas que, no siendo cotizadas, tienen un nivel de exigencia en la gestión muy parecido a estas, en referencia a las grandes empresas familiares.

Una firma que incorpora esta variable en el pago a sus directivos es Coca-Cola Europacific Partners. “Se ha incluido un objetivo de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en el plan de incentivos de gestión a largo plazo (LTIP por sus siglas en inglés) en los niveles superiores de la dirección. Este representa el 15% del LTIP basado en la reducción de emisiones de GEI en el marco temporal entre 2020 y 2023. En este caso implica, aproximadamente, 300 empleados a nivel europeo”, explica un portavoz de la compañía. Además, según sus palabras, los mánager de la cadena de suministro (fábricas y logística) tienen un 20% de sus objetivos centrados en sostenibilidad, que incluyen embalaje y descarbonización. Y no solo se tienen en cuenta criterios medioambientales, también hay objetivos de representatividad de mujeres en posiciones de gestión dentro del programa del bonus anual. “La filosofía retributiva de la firma prevé que los objetivos de los altos dirigentes deben bajarse en cascada al resto de la organización”, finaliza.

Por su parte, Pablo Bascones, socio responsable de sostenibilidad y cambio climático en PwC, opina que, “aunque en los últimos cinco años se ha incrementado considerablemente la incorporación de criterios de sostenibilidad en la retribución de la alta dirección, el peso de los mismos sobre el total es reducido, siendo por el momento los criterios financieros los que pesan más”. Asegura que en la mayor parte de los casos los objetivos de sostenibilidad que se vinculan con la retribución son de carácter ambiental, fundamentalmente emisiones de CO2. “El CO2 se ha convertido en la métrica más empleada de entre las de sostenibilidad porque ofrece la mejor comparabilidad entre empresas, existe un fuerte consenso de los inversores y los objetivos de las empresas se divulgan públicamente. Y también debido a que existen organismos externos e independientes que aportan un enfoque estandarizado para su validación”.

Precisamente el papel de los inversores es señalado tanto por Bascones como por Silos al ser preguntados por los factores que han influido en que las empresas incorporen los criterios sostenibles en el pago de incentivos. “Es algo que cada vez más están reclamando los inversores, con mayor énfasis en la variable del clima. Esperan que los objetivos climáticos se incorporen en todos los planes de incentivos a largo plazo, especialmente en las empresas de sectores intensivos en emisiones. Es más, a día de hoy, este tipo de prácticas son consideradas positivamente por las agencias de calificación en los ratings de sostenibilidad que generan de las compañías”, asegura Bascones.

A ojos de Silos, “la sostenibilidad está siendo premiada por los mercados, que pagan una prima de valoración a las empresas más sostenibles. Esa prima, en renta variable europea, por ejemplo, ronda el 20%. A igualdad de beneficios, el mercado paga un 20% más por una compañía europea sostenible que por una que no lo sea”. Y hay, afirma, “un premio a los incentivos de manera particular”, ya que es la remuneración lo que fomenta los cambios. “Cuando una compañía, además de decir que va a trabajar en este campo, informa de que un porcentaje de lo que ganan sus directivos va a estar vinculado a criterios sostenibles, refuerza el argumento”.

Al respecto de si aumenta el compromiso de los directivos el que parte de lo que se embolsan dependa de cumplir unos objetivos sobre sostenibilidad, Bascones sostiene que, si bien no es “una panacea, si se hace bien puede ayudar a reforzar la responsabilidad ejecutiva de cara a cumplir con las metas de la compañía. Sin duda, ayudaría dotarle de un mayor peso del que actualmente tienen sobre el total de los criterios de remuneración”.

En el caso concreto de Coca-Cola Europacific Partners, la compañía asevera que los objetivos y compromisos en este campo surgen del diálogo con sus grupos de interés, entre ellos los empleados. “El hecho de vincular los objetivos a los temas relacionados con la sostenibilidad ayuda a que haya un mayor compromiso de los equipos. En parte porque comprueban que la empresa mantiene una apuesta real. Sin duda alguna, entender de qué forma tu desempeño individual contribuye a la consecución del resultado corporativo refuerza el compromiso en dos sentidos: la persona se siente recompensada y, adicionalmente, ayuda a reforzar el vínculo entre la cultura empresarial y el propósito personal”, dice el portavoz de la firma.

El riesgo ESG, entre las cinco principales preocupaciones reputacionales de las firma

M. G.

Imagen. Con las preocupaciones ESG (medioambientales, sociales y de gobernanza) ascendiendo a la cima de las agendas corporativas, las organizaciones son cada vez más conscientes del coste potencial del daño reputacional en ese contexto. Así se afirma en el 2023 Reputational Risk Readiness Survey Report publicado por WTW. En dicho informe, elaborado tras una encuesta en la que participaron 375 altos ejecutivos de grandes multinacionales en 20 países, se recoge que los riesgos medioambientales, sociales y de gobernanza son tres de las cinco principales preocupaciones reputacionales de los ejecutivos consultados.
Incremento. La preocupación por la reputación la compañía es ahora uno de los tres principales riesgos para el 26% de las empresas, frente al 18% en 2021. 
Redes sociales. Sostiene Hugo Wegbrands, global head of broking de WTW, que con la explosión y el impacto de las redes sociales las empresas han empezado a evaluar el riesgo reputacional con más rigor. “Eso les ha hecho ver la reputación como un riesgo financiero, no solo como una preocupación de relaciones públicas, y les ha llevado a aumentar los presupuestos para hacer frente a las crisis de reputación”, añade en un comunicado emitido por la firma. 

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Sobre la firma

Manme Guerra

Redactora de la sección Fortuna, donde escribe de recursos humanos, empresas, sostenibilidad, lujo y estilo de vida. Licenciada en Periodismo por la Universidad de Sevilla y Máster de la Escuela de Periodismo UAM-El País. Ha trabajado en El País, Vozpópuli, Microsoft News y la revista ¡HOLA! antes de incorporarse a Cinco Días en 2022.

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