La industria y la inversión consolidan la fortaleza económica gallega
Las previsiones estiman un alza anual del 2,4% en el primer trimestre de 2026. La demanda interna y el empleo extranjero refuerzan el modelo frente al envejecimiento de la población


Galicia crece sobre cimientos conocidos en una nueva etapa. La fortaleza industrial, el auge de la inversión y un mercado laboral dinámico sostienen una economía que mantiene el pulso pese a la desaceleración del entorno y retos estructurales como el envejecimiento demográfico. Ese equilibrio ha permitido a la comunidad registrar un alza del PIB del 2,4% en el primer trimestre de 2026, respecto al mismo periodo del año previo, según los cálculos del Instituto Galego de Estatística (IGE). La cifra se sitúa ligeramente por debajo de la media nacional (2,7%) estimada por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
Buena parte de esa resistencia se explica por la fortaleza de la demanda interna, señala María Bastida, doctora en Organización de Empresas y profesora de la Universidad de Santiago de Compostela. “La economía gallega está tirando de su propio motor: lo que consumen las familias y lo que invierten las empresas, que es la partida que más crece, un 3,5%”, aclara.
Entre los sectores que sostienen el avance, “la construcción lidera el crecimiento”, apunta José Manuel Sánchez, catedrático de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de A Coruña. Esta actividad avanzó un 6% en el primer trimestre de 2026 respecto al mismo periodo de 2025, por delante de los servicios (2,5%), la industria (2,3%) y el sector primario (0,8%), recoge el IGE.
La manufactura sigue siendo uno de los principales activos del modelo gallego. “Tiene unos polos industriales competitivos de automoción, construcción naval, agroalimentación e incluso metal, madera o energía”, describe Sánchez. Ese tejido productivo se refleja en una marcada vocación exportadora. Las ventas de bienes al exterior equivalen al 37,9% de la economía gallega, el segundo mayor porcentaje del país, 14 puntos por encima de la media española (24,1%) y solo por detrás de Navarra (38%), recoge CaixaBank Research.
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Sin embargo, la especialización industrial “que hace fuerte a Galicia, la ata al ciclo europeo”, advierte Bastida. “Más del 70% de sus exportaciones van a la Unión Europea. Cuando se enfría, la comunidad lo nota antes que las economías que viven más de los servicios”, añade la doctora. CaixaBank Research prevé que las ventas al exterior sigan condicionadas por “la debilidad de la economía europea y las tensiones geopolíticas y comerciales” tras retroceder un 0,3% en 2025.
Frente a este horizonte, Bastida insiste en diferenciar entre una ralentización puntual y un proceso de debilitamiento. “Galicia no está intentando reconstruir una industria desaparecida, sino consolidar una base productiva que ha resistido, se ha diversificado y sigue demostrando capacidad para atraer nuevos proyectos”, recalca.
Retos
El mercado laboral también acompaña con un crecimiento de las afiliaciones en junio del 1,8%. Durante el primer trimestre de 2026, la ocupación subió un 2,4% y la población activa registró el segundo mayor incremento del periodo desde la crisis de 2008 (33.000 personas más). Este aumento responde principalmente a la incorporación de mujeres y a la población extranjera, según Bastida. Sánchez considera que el desafío pasa por aumentar el peso de sectores de alta productividad y conectar formación y empleo para retener el talento.
A pesar del crecimiento económico, la autonomía se enfrenta a escenarios que la sitúan ante un cambio de ciclo más profundo. “Está viviendo tres transiciones simultáneas: la demográfica, la energética y la tecnológica”, resume Sánchez. A su juicio, la capacidad para gestionar esos tres procesos determinará la competitividad de su economía durante la próxima década.
El envejecimiento es el principal condicionante estructural. La autonomía se mantiene como la segunda comunidad con mayor índice de envejecimiento (232%), solo superada por Asturias (265%), y el 26% de su población excede los 65 años, de acuerdo con el INE. Esta situación condiciona las tasas de ocupación y actividad de la región. “No es que se trabaje menos, sino que hay una estructura más envejecida”, anota Bastida.
La productividad emerge como otro de los grandes desafíos. Sánchez indica que el reto ya no pasa por trabajar más, sino por “producir mejor con tecnología, conocimiento, formación y una organización empresarial más eficiente”. Ese salto, agrega, exige ganar tamaño empresarial, invertir en innovación y conectar mejor la formación con las necesidades del tejido productivo para sostener la competitividad.
Apuestas de futuro
- Energía. Galicia parte con ventaja por su capacidad de generación renovable. “Este potencial puede traducirse en electricidad abundante y barata con la que atraer industria, centros de datos y proyectos de descarbonización, siempre que parte del valor se quede aquí”, cree María Bastida, profesora de la Universidad de Santiago de Compostela.
- Tecnología. “La innovación tecnológica debe convertirse en la herramienta para elevar la productividad y completar las cadenas de valor”, apunta José Manuel Sánchez, catedrático de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de A Coruña. “La inteligencia artificial debe ser el eje de esa transformación”, añade Bastida.
- Economía sénior. El envejecimiento ofrece nuevos nichos de actividad. Sánchez destaca el desarrollo de la salud, los servicios sociales o la economía plateada. “Lo importante es que estos servicios vayan acompañados de profesionalización y de condiciones salariales adecuadas”, sentencia.