La incertidumbre geopolítica obliga al inversor a mirar más allá del ruido
La rivalidad entre Estados Unidos y China, la fragmentación económica y las tensiones de todo tipo han convertido a la inseguridad en un elemento estructural del nuevo escenario global


El mundo ha dejado atrás una etapa marcada por la hegemonía estadounidense y una globalización basada en la búsqueda constante de eficiencia. La rivalidad entre grandes potencias, la revolución digital y las crecientes fracturas sociales han introducido factores de incertidumbre que no desaparecerán con el siguiente titular ni con la resolución de un conflicto concreto.
Esta fue una de las principales conclusiones del desayuno informativo organizado por CincoDías junto a Bestinver, y que reunió a Miguel Otero-Iglesias, investigador principal del Real Instituto Elcano; Victoria Torre, responsable de oferta digital de Self Bank, y Tomás Pintó, responsable de renta variable internacional de Bestinver, para analizar cómo debe comportarse el inversor en un entorno cada vez más condicionado por la geopolítica.
El principal cambio frente a décadas anteriores, según explicó Otero-Iglesias, es que la incertidumbre ha pasado a formar parte del propio funcionamiento del sistema internacional: “La rivalidad entre Estados Unidos y China es algo muy estructural, no va a cesar en las próximas dos o tres décadas”. A ello se suman, en su opinión, las consecuencias de la revolución digital, el cambio climático y unas sociedades cada vez más polarizadas.
Este nuevo panorama obliga a las empresas a tomar decisiones que hace solo unos años habrían resultado difíciles de imaginar. La prioridad ya no es únicamente producir allí donde sea más barato, sino reducir dependencias, garantizar suministros y protegerse frente a posibles bloqueos comerciales o regulatorios. “Y el resultado es un modelo más complejo, en el que muchas compañías deben duplicar capacidades, diversificar proveedores y asumir mayores costes”.
Tomás Pintó, sin embargo, defendió que ese escenario no debe llevar al inversor a quedar paralizado por el análisis macro. Desde la perspectiva de un gestor centrado en seleccionar compañías, sostuvo que los negocios “han demostrado a lo largo del tiempo una alta capacidad de adaptación a circunstancias que parecían inicialmente extraordinarias”. Las firmas “se suelen adaptar muy bien”, resumió, tras evocar la sucesión de crisis financieras, pandemias, alzas de tipos, guerras y tensiones comerciales en lo que llevamos de siglo. La clave, añadió, está en no confundir una transformación estructural con la reacción inmediata de los mercados ante cada acontecimiento. “Los episodios de volatilidad pueden alterar las cotizaciones durante semanas o meses, sin que cambie necesariamente la capacidad de una empresa para generar beneficios a largo plazo”.
Horizonte temporal
Por su parte, Victoria Torre coincidió en que intentar modificar una cartera cada vez que cambia el escenario político o económico suele conducir a decisiones equivocadas. “No se tienen que construir en base a lo que esté pasando en los mercados, sino en base a un perfil, unas necesidades y un horizonte temporal”. Ese horizonte es precisamente el que debe determinar qué nivel de riesgo puede asumir cada inversor. “El dinero que pueda necesitarse a corto plazo exige una estrategia diferente al capital pensado para permanecer invertido durante décadas”, afirmó la experta. Precisamente, para Pintó, esa distinción es clave: “Cada plazo tiene una estrategia y cada estrategia tiene un plazo”.
Así, la paciencia y la disciplina aparecieron durante el debate como dos herramientas esenciales. Torre advirtió de que uno de los mayores riesgos consiste en abandonar una estrategia bien construida en el momento de máxima tensión. “Quienes se dejen vencer por el pánico van a vender casi seguro en los peores momentos”, señaló.
La responsable de Self Bank defendió, además, que la volatilidad debe analizarse con perspectiva. Una caída que parece extraordinaria al observar un gráfico de corto plazo puede resultar apenas perceptible cuando se amplía el horizonte de varios años. Por ello, consideró fundamental que el inversor conozca previamente su tolerancia al riesgo y evite construir posiciones que le obliguen a tomar decisiones precipitadas cuando lleguen las correcciones.
Esa disciplina cobra todavía más importancia en un escenario internacional que, según Otero-Iglesias, seguirá generando episodios de tensión. El investigador vaticinó que las transformaciones tecnológicas y económicas no tendrán efectos homogéneos. “La transición va a ser dura para muchos sectores y maravillosa para otros”, dijo, al destacar la brecha creciente entre quienes pueden beneficiarse de la revolución digital y quienes afrontan mayores dificultades para adaptarse.
El móvil también juega contra el inversor
La facilidad para consultar continuamente los mercados y operar desde el teléfono puede convertirse en un problema cuando aumenta la volatilidad. Los participantes alertaron de que los titulares, las redes sociales y la posibilidad de comprar o vender con un solo clic favorecen decisiones impulsivas, justo en los momentos de mayor tensión.
Tomás Pintó defendió que la regularidad resulta más importante que intentar acertar el momento perfecto para entrar o salir. Uno de los errores más habituales consiste en abandonar posiciones durante las caídas y regresar cuando los precios ya se han recuperado. “El bursátil es el único mercado que, cuando hay rebajas, el cliente huye, y cuando está todo carísimo, viene”, resumió el responsable de renta variable internacional de Bestinver.
Salud, infraestructuras y emergentes ganan atractivo
La incertidumbre geopolítica no elimina las oportunidades de inversión, pero obliga a buscarlas con mayor criterio. Los expertos reunidos identificaron posibilidades en ámbitos como la salud, las infraestructuras vinculadas a la inteligencia artificial, la construcción de infraestructuras y algunos mercados emergentes, aunque advirtieron contra la tentación de apostar por una única tendencia.
La responsable de oferta digital de Self Bank rechazó la existencia de sectores que puedan considerarse “refugio” por sí mismos y situó la diversificación como primera línea de defensa. Aun así, señaló el potencial del sector salud, “favorecido por el envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades crónicas y las posibilidades que abre la IA para acelerar y abaratar la investigación”. Según Victoria Torre, “puede haber un punto de inflexión en estos momentos”.
La tecnología también está revalorizando activos físicos imprescindibles para sostener su desarrollo. Redes, infraestructuras y otras instalaciones necesarias para alimentar el crecimiento de la IA pueden beneficiarse de una demanda creciente independientemente de qué empresas tecnológicas terminen imponiéndose.
Revolución digital
Miguel Otero-Iglesias incidió precisamente en esa dimensión material de la revolución digital. “Muchas veces pensamos en ella como algo inmaterial, pero necesita de mucha infraestructura”, explicó el investigador principal del Real Instituto Elcano. A ello agregó el potencial de la robotización en sociedades envejecidas y señaló, fuera de las economías desarrolladas, la India, los países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático y algunas grandes economías latinoamericanas.
Por su parte, el responsable de renta variable internacional de Bestinver destacó también oportunidades en construcción y reforma de viviendas en Estados Unidos y Europa, en donde aprecia un déficit acumulado; además de compañías de salud y consumo no discrecional. En emergentes, resaltó Brasil por la calidad de algunas de sus empresas, “aunque sus elevados tipos de interés reales siguen siendo un obstáculo”.
Tomás Pintó lanzó, sin embargo, una advertencia sobre uno de los sectores que más atención ha despertado recientemente: la defensa europea. El aumento del gasto y la voluntad de cada país de desarrollar capacidad productiva propia pueden desembocar, a su juicio, “en un exceso de oferta a medio plazo. Tiene mucha pinta de sobrecapacidad en cinco o diez años”, sostuvo.
La conclusión compartida fue que las grandes tendencias pueden indicar dónde buscar, pero no sustituyen el análisis de cada empresa, sus valoraciones y su capacidad para generar beneficios. Y es que, identificar el sector correcto en un escenario marcado por cambios tecnológicos y geopolíticos rápidos, no garantiza por sí solo una buena inversión.