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Inversión verde: ¿se puede alcanzar la transición ecológica con medio mundo en contra?

En mitad del debate sobre las medidas que se tienen que tomar para prevenir el cambio climático, los expertos coinciden en que para alcanzar los objetivos de 2050 será necesario que el sector privado cubra la mayoría de la inversión verde

Luis Alberto Peralta
Financiación climática Gráfico
Belén Trincado Aznar

Lejos de los objetivos marcados por el Acuerdo de París (2015), las naciones de todo el mundo tratan de llegar a un entendimiento en la conferencia sobre el cambio climático de la ONU (COP28) que se celebra en Dubái. El punto de discordia, una vez más, es la capacidad del sur global para reducir su dependencia de los combustibles fósiles sin dañar sus economías.

Europa y algunos países de la OCDE empujan hacia una mayor descarbonización, con miras a mitigar las emisiones contaminantes. Del otro lado, los miembros de la OPEP+ piden una transición más paulatina, argumentando que los países en desarrollo no pueden dejar los hidrocarburos de forma tan drástica. Dicho esto, los expertos y las organizaciones internacionales coinciden en que la inversión privada y el financiamiento de los países ricos serán claves para lograr los objetivos climáticos. Sin embargo, ¿es realmente factible alcanzarlos con medio mundo en contra?

“Cumplir los compromisos que los líderes globales asumieron en París en 2015 exigirá una reasignación de capital a gran escala, así como incentivos y sanciones políticas para fomentar la transición, remodelando el crecimiento y los motores competitivos en todos los mercados”, sentencia Andy Howard, director global de inversión sostenible de Schroders.

En esta línea, los analistas del Fondo Monetario Internacional (FMI) estiman que los objetivos climáticos requieren que las inversiones bajas en carbono aumenten de 900.000 millones de dólares en 2020 a 5 billones de dólares anuales para 2030. “De esta cifra, los países emergentes y en desarrollo necesitan 2 billones de dólares al año, cinco veces más que en 2020. Incluso así, para que las economías avanzadas cumplan o superen en cierta medida su promesa de aportar 100.000 millones de dólares al año, la mayor parte del financiamiento para estas inversiones bajas en carbono tendrá que provenir del sector privado”, indican desde el FMI.

Transición concentrada

Que la mayor parte de la transición energética se esté dando en los países ricos es un problema. Desde la Agencia Internacional de la energía (IEA, por sus siglas en inglés) reportan que más del 90% del aumento de la inversión en energías limpias desde 2021 se ha producido en las economías avanzadas y China. Según las últimas cifras de la IEA , Pekín, que es el mayor contaminador a nivel global, invirtió más de 184.000 millones de dólares en energía verde el año pasado. Bruselas, por su parte, aportó aproximadamente 154.000 millones y Washington (que es el segundo mayor contaminante) destinó 97.000. En contraste, todo el continente africano invirtió tan solo 10.000 millones, mientras que todo Oriente Medio invirtió 5.000 millones. India, el nuevo país más poblado del mundo y el tercer mayor contaminante, invirtió 19.000 millones,

La naturaleza de las inversiones también condiciona el avance. “La UE y EE UU se centran en una combinación de proyectos de energías renovables e infraestructuras sostenibles, a menudo en países en desarrollo. China, por su parte, invierte significativamente a través de su iniciativa Belt and Road, aunque sus inversiones también incluyen proyectos de combustibles fósiles”, indica un portavoz de Sycomore AM, empresa parte del ecosistema de Generali Investments, a CincoDías.

Dicho esto, hay que mencionar que incluso dentro de la OCDE el objetivo sigue siendo difuso. Países como Estados Unidos y Reino Unido continúan teniendo estrechos lazos con la industria global del crudo, mientras que países europeos como Polonia y Alemania siguen quemando carbón. En esta línea, Dierk Brandenburg, responsable de análisis de crédito y ESG de Scope Ratings, corrobora que las economías del bloque han logrado mejoras, pero advierte de que esto no es suficiente. “En primer lugar, a estos países [los de la OCDE] les queda un largo camino por recorrer, con un enorme coste potencial a largo plazo para los Gobiernos. En segundo lugar, la reducción de las emisiones en la OCDE se ve más que compensada por el fuerte aumento de las emisiones en China y otras grandes economías no pertenecientes a la OCDE de rápido crecimiento, sobre todo, India y Brasil”, señalan desde Scope Ratings.

El experto de Scope añade que la adopción por parte de los consumidores de tecnologías con bajas emisiones de carbono, como los vehículos eléctricos y las bombas de calor, se ha ralentizado debido al aumento de los costes y a la caída de los ingresos reales en Estados Unidos y Europa.

¿Privados al rescate?

Ante la incertidumbre sobre si se podrán lograr acuerdos internacionales en este campo, los expertos consultados coinciden en que, si se quiere alcanzar los objetivos a 2050, la respuesta tendrá que venir de los privados. De hecho, un informe reciente del FMI estima que este sector tendrá que proporcionar alrededor del 80% de la inversión requerida, y que esta proporción aumenta al 90% cuando se excluye a China.

“Si bien China y otras economías emergentes más grandes tienen los recursos financieros internos necesarios, muchos otros países carecen de mercados financieros suficientemente desarrollados que puedan generar grandes cantidades de financiamiento privado. Atraer inversores internacionales también enfrenta obstáculos, ya que la mayoría de las principales economías de mercados emergentes y casi todos los países en desarrollo carecen de las calificaciones crediticias de grado de inversión que los inversores institucionales suelen exigir”, señalan los analistas del FMI.

No obstante, Pascal Dudle, jefe de listed impact de Vontobel, asegura a este periódico que las perspectivas son atractivas para las empresas. El experto destaca que la oportunidad de inversión se sitúa en torno a los 200 billones de dólares, ya que los esfuerzos deben aumentar para lograr los objetivos de 2050. “Esto supone un gasto anual de unos 6,5 billones de dólares, frente a los 2 billones de 2021, o lo que es lo mismo, una media de aproximadamente el 2% del PIB mundial”, puntualiza Dudle, para luego añadir que esta suma es casi el equivalente a lo que gastan los aliados de la OTAN en presupuesto militar.

Los analistas de Sycomore AM, por su parte, coinciden en que la inversión privada desempeñará un papel crucial en la consecución de los objetivos climáticos mundiales, puesto que aportará una cantidad significativa de capital, innovación y eficiencia, superando a menudo los esfuerzos gubernamentales. “Las entidades privadas son ágiles y pueden responder rápidamente a las necesidades del mercado y a los avances tecnológicos, lo que las hace indispensables en el impulso mundial hacia un futuro sostenible”, indican desde la gestora.

Eva Cairns, jefa de sustainability insights & climate strategy de Abrdn, subraya que, en general, se han visto ambición y compromisos financieros considerables en la COP28, pero avisa de que los inversores siguen preocupados por el hecho de que los incentivos políticos no apoyen la inversión para alcanzar el objetivo de cero emisiones netas en 2050.

“Las emisiones tienen que reducirse un 43% para 2030, pero según los objetivos de los países, en lugar de eso, están en una trayectoria de aumento de alrededor del 10%, y basándonos en los objetivos actuales, estamos en una trayectoria de +2,5 grados. Los inversores necesitan señales políticas claras, por ejemplo, a la hora de abordar las subvenciones a los combustibles fósiles y los precios del carbono, así como los retos relacionados con los incentivos políticos a corto plazo que pueden hacer descarrilar la acción por el clima”, critica Cairns.

Finalmente, en opinión de Saker Nusseibeh, consejero delegado de Federated Hermes, los países de Oriente Medio y el norte de África deben estar en el centro de la transición mundial hacia una economía baja en carbono. “Los esfuerzos por descarbonizar otros lugares presionan a las naciones productoras de petróleo y gas para que encuentren una fuente alternativa de ingresos. Además, el problema de los fenómenos climáticos extremos es demasiado evidente en la región”, apunta Nusseibeh.

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