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¿Es inminente una crisis de oferta en los ‘metales verdes’?

La transición ecológica podría estar en riesgo, ya que los productores de minerales fundamentales para la fabricación de baterías eléctricas, turbinas eólicas y paneles solares no pueden aumentar la producción en proporción a la demanda global

Luis Alberto Peralta
Minería de litio en Atacama, Chile
Minería de litio en Atacama, ChileLucas Aguayo Araos (Getty Images)

La transición energética podría estar en riesgo debido al suministro limitado de las materias primas imprescindibles para la fabricación de sus tecnologías. La demanda de minerales como el litio, el cobre, el aluminio, el cobalto o el zinc, entre otros, ha aumentado de forma exponencial en la última década, impulsada por la fuerte inversión en tecnologías verdes como son los coches eléctricos y los paneles solares. En esta línea, los expertos y analistas anticipan que en el mediano plazo el planeta experimentará un crunch de los llamados metales verdes, es decir, un aumento de la demanda sin un incremento paralelo de la oferta que podría disparar los precios.

El mercado de minerales que ayudan a impulsar vehículos eléctricos, turbinas eólicas, paneles solares y otras tecnologías claves para la transición a la energía limpia se ha duplicado en tamaño en los últimos cinco años, según un informe de la Agencia Internacional de Energía (AIE) presentado en julio. En este contexto, desde Boston Consulting Group (BCG) destacan que la humanidad ha pasado por transiciones energéticas en el pasado, pero ninguna como esta. “La adopción del carbón se produjo a lo largo de aproximadamente cinco décadas y el cambio del carbón al petróleo tomó más de tres décadas”, señalan.

Los especialista de BCG aseguran que, para limitar el calentamiento global a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, es necesario aumentar las energías renovables y otras soluciones bajas en carbono a una velocidad vertiginosa. “Estas fuentes de energía deben igualar las proporciones máximas del carbón (55%) y el petróleo (41%) aproximadamente tres veces más rápido que esas materias primas y, en última instancia, representar la mayor parte de la energía primaria para 2050: hasta el 70% en el escenario de emisiones netas cero de la AIE”, revela un informe publicado este mes por la consultora.

El bum verde

La información más reciente de la AIE muestra que, entre 2017 y 2022, la demanda del sector energético triplicó la demanda de litio y aumenta la demanda de cobalto en un 70%. Asimismo, hubo un repunte del 40% en la petición de níquel. “El mercado de minerales de transición energética alcanzó los 320.000 millones de dólares en 2022 y está destinado a un crecimiento rápido y continuo, lo que lo llevará cada vez más al centro del escenario para la industria minera mundial”, señalan desde la entidad.

Cabe destacar que, según la AIE, la inversión en el desarrollo de minerales críticos subió un 30% el año pasado, tras un ascenso del 20% en 2021. Entre los diferentes minerales, el litio experimentó el mayor aumento de la inversión, un salto del 50%, seguido por el cobre y el níquel.

Pero si la subida de la demanda ha sido tan radical, ¿por qué no ha llegado aún el punto de quiebre? Robert Minter, investment director de Abrdn, explica que, en cierto modo, la coyuntura la ha mantenido oculta. “La demanda mundial de minerales está aumentando de forma espectacular, pero queda en cierta medida oculta al público inversor. La desaceleración del Covid y la mayor debilidad de lo esperado de la economía china han contribuido a encubrir el crecimiento de la demanda de minerales. Creemos que la ralentización de China está llegando a su fin y que, a medida que su economía se normalice, podría aumentar el precio de los minerales”, dice el experto.

Desde el punto de vista de Minter, la transición energética hace que la economía mundial empiece a funcionar con minerales en lugar de con combustibles fósiles. “Los grandes planes de gasto en infraestructuras en todo el mundo, el aumento de la demanda de las principales economías, en particular India y China, y la dificultad de extraer estas materias primas pueden hacer subir los precios de los principales metales industriales: cobre, aluminio, zinc y níquel. Se ha producido una importante infrainversión en la producción futura de estos minerales”, cuenta el experto a CincoDías.

Cabe destacar que la transición energética no afectará a todos los metales industriales por igual. “Según nuestras investigaciones, a pesar de la fuerte demanda proveniente de la transición energética, es probable que los mercados del acero y el zinc sigan siendo excedentarios a largo plazo. Esto significa que es poco probable que los precios se disparen, e incluso podrían bajar a largo plazo”, afirman en Schroders.

No obstante, los expertos de la entidad resaltan que otros metales como el aluminio, el cobre, el níquel, el cobalto y el litio, que se utilizan en un amplio espectro de productos, probablemente experimenten un gran desajuste entre la oferta y la demanda. “Los precios de estos metales tienen el potencial de subir significativamente con el tiempo y proporcionar una ganancia inesperada para aquellos mercados emergentes que los exportan”, alegan.

Cuellos de botella

Las energías renovables y la electrificación están experimentando un gran crecimiento, pero sigue existiendo incertidumbre sobre la evolución de la demanda en el futuro. Frank Härtel, jefe de asignación de activos de J. Safra Sarasin Sustainable AM, indica a CincoDías que esto puede llevar a las empresas a retrasar las inversiones necesarias en este sector para conseguir los objetivos marcados para la transición.

“Los estudios de las principales minas que comenzaron a explotarse en los últimos diez años muestran que el paso de la fase de descubrimiento a la de primera producción llevó de media 16,5 años. Por término medio, se tardó más de doce años en realizar los estudios de exploración y viabilidad y entre cuatro y cinco años para la construcción del proyecto. El tiempo que lleva completar estos proyectos pone en duda la capacidad del sector para elevar la producción si se da un repunte rápido de la demanda. Si las empresas retrasan las inversiones en nuevos proyectos hasta que surjan déficits, el mercado podría experimentar un largo periodo de rigidez y volatilidad de precios”, explica Härtel.

Desde Abrdn coinciden en que la falta de sintonía entre las políticas públicas y la producción de los minerales será un factor que complicará la transición energética. “Una mina normal tarda entre cinco y diez años en desarrollarse, por lo que una empresa minera necesita tener una visión clara de la demanda con bastante antelación. Por otra parte, la demanda de energía limpia suele estar impulsada por subvenciones y ventajas fiscales que se producen de golpe, y el calendario de la legislación es desconocido. La demanda cambia rápidamente, pero la oferta lo hace de forma muy lenta, lo que da lugar a diferencias temporales que crean desequilibrios”, señala Minter, para después añadir que incluso los calendarios más conservadores verán escasez de materiales en los próximos años.

Los beneficiados

En opinión de los expertos consultados para este reportaje, los grandes beneficiados de esta situación serán los exportadores de estas materias primas. Esto se debe a que la producción mundial está concentrada en pocos países: la República Democrática del Congo produjo el 73% del cobalto en 2022, la mitad del litio procede de Australia y Chile extrajo más del 25% de la producción mundial el año pasado. Asimismo, cabe destacar que, una vez extraídos, la mayoría de esos minerales pasan por China.

“China controla hoy la mayor parte de la cadena de suministro de tecnologías verdes, con una cuota de producción superior al 50% en baterías, energía eólica, energía solar fotovoltaica y electrolizadores. Esta nueva dependencia es motivo de gran preocupación para los países occidentales y, en particular, para Estados Unidos”, argumenta Alexis Bossard, gestor del fondo Edmond de Rothschild Sicav Green New Deal.

El caso del cobre es particularmente llamativo. Según los últimos datos publicados por el Servicio Geológico de Estados Unidos para 2023, Chile (24%) y Perú (10%) son, con diferencia, los dos mayores productores de cobre y representan en conjunto más de un tercio de la producción mundial de este metal, seguidos del Congo (10%) y China (9%). Más de la mitad de la minería de cobre mundial se concentra en estos cuatro países.

En lo que respecta a la producción de cobre refinado, un proceso necesario para que se pueda utilizar este metal en la fabricación de productos, el país más importante es China, con un 42% del total de la producción, seguido de Chile (8%), Congo (7%) y Japón (6%). Al igual que en el caso anterior, el conjunto de estos cuatro países es responsable de casi dos tercios de la producción mundial de cobre refinado.

¿Se puede evitar la crisis?

A pesar de que la mayoría de los analistas consultados coinciden en que esta crisis es prácticamente inevitable, existen algunos que piensan que hay alternativas para mitigar el golpe. “El desarrollo del reciclaje y el incremento de las capacidades son las principales herramientas para satisfacer la demanda. La inversión en estos activos críticos aumentó un 30% el año pasado, tras un incremento del 20% en 2021. Pero debería extenderse mucho más”, explica Alexis Bossard a CincoDías.

Por su parte, Frank Härtel destaca que los minerales y metales como el cobre son materiales permanentes que pueden ser reciclados y reutilizados si existen las infraestructuras y tecnologías adecuadas para ello. “El reciclado puede desempeñar una función crucial a la hora de reducir la dependencia de los productores de materias primas en un momento en el que la demanda está comenzando a crecer. Por ejemplo, se anticipa que el número de baterías usadas de vehículos eléctricos que agotarán su primera vida útil aumentará a partir de 2030, con lo que se podría reducir la presión para inversiones en la producción de cobre”, concluye.


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