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Main Street
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Productividad y desigualdad: deberes para los nuevos gobiernos

La brecha entre ricos y pobres, la educación, un mercado laboral precario y la penalización a las madres trabajadoras lastran el crecimiento

Alumnos durante el recreo en el instituto de educación secundaria La Vall de Tenes.
Alumnos durante el recreo en el instituto de educación secundaria La Vall de Tenes.Kike Rincón

Después de la larga contienda electoral toca ponerse a hacer lo que deben hacer los gobiernos: diseñar políticas para mejorar el crecimiento y las oportunidades de los ciudadanos. Para España, ese no es un reto menor: tras más de 40 años de convergencia desde los años 60 hasta la crisis financiera, nuestra renta per cápita se aleja de la media de la Eurozona desde hace más de quince años. En base a datos del FMI, estimamos que los países de Europa del Este, ahora con una renta per cápita similar a la nuestra, en 2040 estarán en los 60.000 dólares, mientras que nosotros seguiremos en 45.000.

Son muchas las razones que se citan para explicar esa parálisis de productividad: el tamaño de las empresas; la baja inversión en innovación o un marco regulatorio poco favorable a la inversión. Muy pocas veces se pone el foco en otro aspecto muy importante: la desigualdad. En una investigación de 2018 que firman, entre otros, los aclamados economistas de Harvard y MIT, Raj Chetty y John Van Reenen, se preguntan por qué la innovación –medida como aumento de la productividad– se rnalentizó desde 1970 en EEUU. Los autores centran el foco en los Lost Einsteins. Como consecuencia de la desigualdad, los EE UU han perdido a millones de inventores en las últimas décadas. El estudio muestra que las personas que están en el 1% más rico de la sociedad tienen 10 veces más probabilidad de convertirse en inventores que las personas que se encuentran en el 50% más bajo. El estudio también muestra que la innovación en EE UU podría cuadruplicarse si los niños de familias vulnerables, monoparentales y personas de minorías raciales se convirtieran en inventores con la misma probabilidad que las personas nacidas en familias de altos ingresos.

En España desde la crisis financiera no solamente se ha paralizado el crecimiento de la productividad; también la reducción de la desigualdad. Expresada en coeficiente de Gini, es la misma que en 2008 y está entre las más altas de la UE. No estamos siendo capaces de ofrecer igualdad de oportunidades a los ciudadanos y, como consecuencia, perdemos talento. Los avances tecnológicos van a hacer que la prima a la formación sea aún más alta, redundando en mayor desigualdad.

La primera palanca para corregir esa tendencia es la educación. Tenemos un sistema que no es particularmente bueno con los de arriba –las pruebas de PISA muestran que no tenemos demasiados alumnos excelentes– pero tampoco con los de abajo. La probabilidad de repetir curso es cuatro veces más alta entre los alumnos de rentas bajas, entre los que hay una incidencia mucho más alta de abandono escolar temprano. Ese abandono correlaciona con vidas laborales muy precarias y con el paro de larga duración (también el más alto de la UE), con un enorme coste social, financiero y de talento.

La segunda palanca es el mercado laboral, asociado a un modelo de crecimiento sesgado hacia sectores de bajo valor añadido que redunda en la baja productividad, como un pez que se muerde la cola. El fuerte aumento del SMI combinado con una mayor penalización al abuso de la temporalidad puesto en marcha en esta legislatura puede contribuir a mejorar la situación. Sin embargo, hasta ahora, la economía española se ha adaptado al ciclo usando el empleo temporal como mecanismo de ajuste: se expulsa masivamente del mercado cuando venían las crisis y se recupera, como trabajadores precarios, después. Algunos estudios en economía muestran que la alta incidencia de la temporalidad hace que las empresas inviertan menos en capital humano, lastrando la productividad. Estas dinámicas, como explica Clara Martínez-Toledano en una publicación reciente, llevan a que la desigualdad aumente mucho en recesiones y mejore muy poco durante las expansiones. Tiene además un fuerte reflejo generacional y se ve agravada por la vía del ahorro, a través de un fuerte aumento del precio de los activos inmobiliarios y la limitada capacidad de los más jóvenes para acceder a vivienda.

Para las mujeres la situación ha mejorado en los últimos 30 años. Mientras en 1990, solamente 50 de cada 100 mujeres participaba en el mercado laboral, en 2020 lo hacían 89. Pero sigue persistiendo una notable desigualdad asociada a la maternidad. Hasta que llega la edad de ser madres, los índices de paro, temporalidad o trabajo a tiempo parcial son prácticamente iguales entre hombres y mujeres. Pero cuando llega la edad de tener hijos, se abre una brecha que ya no vuelve a cerrarse. Como muestran Jenifer Ruiz-Valenzuela y Claudia Hupkau en un estudio reciente, cuando se les pregunta a las mujeres que trabajan a tiempo parcial con hijos de entre 5 y 15 años si les gustaría trabajar más horas, más de la mitad de las mujeres responden que sí. Otro aspecto preocupante es el bajo peso de las mujeres en carreras STEM, que proporcionarán buena parte de los trabajos de alta remuneración en el futuro.

Lograr cambios en estos frentes en un entorno tan polarizado puede parecer una quimera. Pero no lo es. Existen muchas políticas implementables desde mañana y asumibles por gobiernos de cualquier signo político con efectos contrastados y fuerte apoyo de la evidencia. Un ejemplo son las tutorías online de refuerzo de matemáticas en pequeños grupos. En un estudio reciente demostramos con un diseño experimental y con niños de entornos vulnerables, que un programa intensivo de solamente ocho semanas puede mejorar un 30% los resultados de matemáticas y, lo que es más importante, reducir en más de un 50% la repetición. Otro ejemplo son programas de mentorías de orientación para niños y niñas de entornos vulnerables.

Muchas veces el problema es de información. Si no has estado expuesto a inventores es imposible que quieras serlo. Un estudiante brillante que no sabe cuál es la buena universidad para estudiar ingeniería quizá nunca desarrolle todo tu potencial. En el ámbito del género, si no has visto a mujeres dedicadas a carreras STEM es poco probable que quieras desarrollar una. Por eso el acceso y visibilidad de role models en estos ámbitos es tan importante.

En defintiva, mejorar la productividad es también una batalla por derribar los muros que persisten a la igualdad de oportunidades. Los gobiernos (el central, pero también los autonómicos) tienen en sus manos herramientas contrastadas para derribar esos muros: no desaprovechen la oportunidad.

Toni Roldán es economista y director de EsadeEcPol

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