Los gigantes financieros empiezan a diluir sus metas de inversión sostenible

Dos fondos de pensiones dejaron la alianza de Glasgow

Un visitante contempla un globo terráqueo en la cumbre del clima COP27, celebrada en Egipto.
Un visitante contempla un globo terráqueo en la cumbre del clima COP27, celebrada en Egipto.

La cumbre del clima que estos días se celebra en Egipto, conocida como COP27, está mostrando algunas grietas en los compromisos de los grandes inversores mundiales para financiar y respaldar proyectos que ayuden a combatir el calentamiento global. El grupo de Glasgow, que reúne a algunos de los mayores bancos, aseguradoras y gestoras de activos en el compromiso de reducir las emisiones, empieza a sufrir deserciones y matizaciones en los objetivos perseguidos.

El gran valedor de esta alianza es Mark Carney, exgobernador del Banco de Inglaterra. Bajo su liderazgo se creó en 2021 la Glasgow Financial Alliance for Net Zero (Gfanz), para que los grandes actores de la inversión se conjuraran para acelerar la descarbonización de la economía mundial. El compromiso es que los 130.000 billones de dólares que gestionan de manera agregada (el 40% de la riqueza financiera global) tuvieran en cuenta criterios para reducir las emisiones de gases con efecto invernadero.

Forman parte de este club la mayor gestora de fondos del mundo, BlackRock; grandes bancos europeos y estadounidenses (Bank of America, HSBC, Banco Santander...), y los gigantes de los seguros como Axa, Aviva o Allianz.

Ha pasado poco más de un año de la cumbre de Glasgow (COP26) en la que se empezó a desplegar esa alianza del dinero sostenible, pero han ocurrido tantas cosas que parece que ha pasado una década entre esa reunión y la actual en Sharm el Sheij. La explosión de los precios de la energía y la guerra de Ucrania han llevado a muchos países y compañías a replantearse o retrasar algunos de los compromisos adquiridos en materia de sostenibilidad.

¿Cero emisiones?

Dentro de este cierto distanciamiento hacia la inversión sostenible, frente al entusiasmo de hace un año, destaca la decisión del grupo de Glasgow de aceptar que sus miembros cumplan con sus objetivos de reducción de emisiones bajo unos criterios de “voluntariedad”. Así, la Gfanz ha optado por eliminar el requisito que exigía a los nuevos miembros de la alianza suscribir el compromiso de race to zero (cero emisiones) de las Naciones Unidas. Este comité de la ONU monitorizaba el cumplimiento de los objetivos de descarbonización.

Esta decisión provocó que hace 15 días dos fondos de pensiones (Cbus Super y Bundespensionskasse) decidieran salirse de la alianza liderada por Carney y Michael Bloomberg (el fundador de la agencia de noticias homónima). Además, JP Morgan Chase, Morgan Stanley y varios bancos canadienses están pensando salir.“Estamos muy preocupados por la decisión del grupo de Glasgow de abandonar las pautas basadas en la ciencia de race to zero, respaldada por la ONU”, explica Jeanne Martin, directora del programa financiero de la ONG ShareAction.

El copresidente de la alianza de Glasgow, Mark Carney, se ha referido recientemente a esta polémica. “Me parece injusto que se esté poniendo el foco en ese 40% del mundo de las inversiones que estamos comprometidos con la transición energética y que no se critique al 60% que ha decidido mantenerse al margen”.

De este modo, Carney se refería a otros gigantes del dinero, como la gestora Pimco o la firma de capital riesgo Blackstone, que han optado por no formar parte de la alianza de Glasgow.

No solo la guerra iniciada por Rusia y que tiene en vilo a toda Europa, ni la inflación desbocada han hecho a muchas firmas replantearse sus políticas medioambientales. También las denuncias por ecopostureo: la comercialización de proyectos y fondos de inversión que se hacen pasar como sostenibles, cuando realmente son productos normales con una grosera capa de maquillaje verde.

La Comisión Europea ha tratado de poner coto a estas prácticas, definiendo cuándo un producto de inversión puede ser considerado “sostenible”. Sin embargo, aún queda mucho trabajo por hacer. La siguiente fase es la llamada taxonomía, que persigue una definición clara y unívoca sobre los diferentes conceptos que se utilizan en el sector: descarbonización, reducción de emisiones y gases de efecto invernadero.

Rebeca Minguella, fundadora de Clarity (una firma que analiza datos de inversión sostenible), se muestra más conciliadora. “Entiendo que haya críticas, siempre se pueden hacer mejor las cosas, pero lo importante es empezar a moverse”, reconoce.

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