Textil

Las normas europeas empujan a los gigantes textiles a invertir en startups de sostenibilidad

Inditex, Mango o H&M entran en firmas ligadas a la circularidad

La UE les obligará desde 2025 a gestionar sus residuos textiles

Un sistema de reciclaje de prendas y textiles del grupo sueco H&M.
Un sistema de reciclaje de prendas y textiles del grupo sueco H&M.

El sector textil europeo afronta en los próximos años una profunda transformación de su actividad. Las distintas regulaciones impulsadas desde la Unión Europea exigirán a esta industria, la cuarta que más impacto negativo tiene sobre el medio ambiente en Europa según Bruselas, y la tercera con un mayor uso de agua, que toda prenda que se comercialice en 2030 sea duradera y sostenible.

En ese horizonte, menos lejano de lo que parece, los grandes grupos textiles intentan ponerse al día, y aceleran sus inversiones en empresas nacidas para dar respuesta a estas nuevas exigencias. Inditex, H&M, Mango y otros grandes grupos peinan el mercado en busca de ideas que solucionen alguno de sus retos más inminentes.

El gigante gallego anunció en julio su primera inversión en una startup, la estadounidense Circ, dedicada a la generación de fibras sostenibles, y no descartó nuevas inversiones. Mango ha invertido en Recovo, que ha desarrollado una plataforma para revender excedentes de tejidos, y prevé invertir tres millones de euros en 50 startups a medio plazo; y H&M anunció este jueves su inversión en Smartex.ai, que ha creado un software que detecta defectos en los textiles en tiempo real. Es la octava inversión del grupo sueco este año.

"La industria está explorando todos los ámbitos de innovación. Los directivos del sector están bastante encima de todo lo que se está haciendo", explica Javier Vello, socio responsable de EY Transforma. Este explica que para los grandes grupos, pese a sus recursos, es más sencillo invertir en una startup ya especializada que desarrollar internamente procesos de, por ejemplo, circularidad de las prendas. "Las startups ya han nacido con esa mentalidad, y tienen una idea. Es más fácil invertir en alguien que esté funcionando, que desarrollarlo desde cero", añade.

Uno de esos ejemplos es Recovo, en la que Mango ha entrado con un préstamo participativo. La firma, nacida en 2021, ha desarrollado una plataforma online de reventa de excedentes de tejidos a los que otras marcas pueden acceder. "Los tres socios veníamos del sector, y sabiendo la cantidad de residuos que genera, vimos que tenía sentido reducirlos a través de conexiones: permitir que marcas de cualquier parte de Europa pudieran dar una segunda vida a los tejidos poníendolas a disposición de otras", explica Mónica Rodríguez, consejera delegada y cofundadora junto a Marta Iglesias y Gonzálo Sáez.

Esta constata el interés de los grandes grupos por buscar innovación fuera de sus estructuras. "Buscan optimizar sus cadenas, reducir los desperdicios, ir a negocios circulares... Ha habido inversiones este año y es el principio. Habrá más", anticipa. "Las startups nacemos para dar soluciones a problemas muy concretos. Somos especialistas. Y alianzas de este tipo son clave para la gran empresa ya consolidada", añade Rodríguez.

Borja Oria, consejero delegado de Arcano Banca de Inversión, reafirma el interés inversor en el textil, no solo por las exigencias regulatorias, sino por ser ya "parte fundamental en la estrategia de las compañías". "Las operaciones que vamos a ver no serán de tamaño relevante, ya que son compañías de reciente creación y todavía no hay jugadores de gran tamaño, pero sí con tecnologías relevantes y disruptivas que son muy atractivas para las grandes compañías", explica.

Regulaciones

Aunque el horizonte 2030 del que habla la UE parezca lejano, las primeras obligaciones llegan al calendario. Desde este año, está prohibida la destrucción de los excedentes textiles no vendidos, como indica la ley de Residuos, que transpuso algunas directivas europeas en este ámbito.

Y en 2025, el sector deberá dotarse de un Sistema Colectivo de Responsabilidad Ampliada del Productor (Scrap), es decir, de un ente que recoja, gestione y transforme los residuos, lo que implicará inversiones.

A ello se suman las propuestas de la estrategia sobre los productos textiles sostenibles y circulares de la UE, que busca mejorar la trazabilidad y la composición de las prendas, con mayor presencia de fibras recicladas, para que sean más duraderas y reutilizables; o impulsar la producción a demanda. También asoman un renovado reglamento sobre el etiquetado de los productos textiles, otro sobre diseño ecológico, y un pasaporte digital para la ropa.

"Los grandes grupos textiles están incorporando iniciativas de circularidad a lo largo de toda su cadena de valor, que van desde cómo diseñar una prenda con materiales reciclados hasta cómo producirla o alargar su ciclo de vida," resume Cecilia Dall'Acqua, senior manager líder de la práctica de Economía Circular en Deloitte.

En este contexto europeo, aparece la disyuntiva de si estas exigencias europeas pueden suponer un obstáculo para la competitividad de las empresas del continente respecto a otros mercados. "A nivel de requerimientos, Europa tiene un modelo diferencial, pero otros países, como EE UU, también están avanzando en regulaciones que impactan en el sector", dice la experta.

Para esta, el motor de la transformación de la industria no será la legislación, sino las demandas de los consumidores. "Hay una tendencia fuerte por priorizar prendas que sean sostenibles y empresas que reduzcan su huella ambiental a lo largo de toda la cadena de valor".

Javier Vello, de EY, recuerda que a raíz de la crisis de 2008, el sector perdió 5.000 millones de euros con las mismas prendas en circulación. "El modelo óptimo sería, menos prendas, mejor calidad, y más precio unitario". Y añde: "El sector incentivó que el consumidor se vistiese barato. Y ahora le tiene que decir que se vista bien y con menos prendas en el armario".

La segunda mano, un mercado que será mayor que la moda rápida

Tendencia. Los fabricantes textiles no solo deberán fabricar prendas más duraderas, sino también dar una segunda vida a las que ya están en circulación. En ese punto, todos los principales operadores están lanzando sus propios sistemas de venta de moda de segunda mano, un negocio que promete fuertes crecimientos. Según datos que recoge la fundación Ellen McCarthur, en 2029 moverá 80.000 millones de dólares el doble que el sector del fast fashion. “Las empresas tienen que dar una solución al cliente final para dar una segunda vida a las prendas y no acaben como residuo. Es bastante importante y la demanda de estos servicios está aumentando”, dice Mónica Rodríguez, CEO de Recovo.

Moda rápida. “La visión de la circularidad debe integrarse de forma holística desde la producción hasta la comercialización de las prendas”, dice Cecilia Dall’Aqua, de Deloitte. “La adopción de estos modelos al final del ciclo de vida de las prendas por parte de los retailers muestra un gran compromiso con la transformación del sector, especialmente del dominante fast fashion”, añade.

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