El ‘Nobel’ de la crisis bancaria de Bernanke requiere una secuela

Los riesgos que atajó el exjefe de la Fed se traspasaron a otros ámbitos, la 'banca en la sombra'

Ben Bernanke, exjefe de la Fed, en 2019.
Ben Bernanke, exjefe de la Fed, en 2019. reuters

Pocas veces un académico ha llevado la teoría a la práctica como Ben Bernanke. El ex jefe de la Fed ganó el lunes el Nobel de Economía, junto con otros dos académicos, por una investigación sobre los bancos y las crisis publicada a principios de los ochenta que sirvió de base para su respuesta a la crisis financiera un cuarto de siglo después.

Los trabajos de Bernanke, Douglas Diamond y Philip Dybvig sitúan a los bancos en el centro de la economía. Según Bernanke, la razón principal por la que el crac del 29 se convirtió en una depresión fue que una serie de quiebras bancarias interrumpió el flujo de los depósitos a las empresas ávidas de crédito. Diamond y Dybvig explicaron la transformación de vencimientos: los bancos convierten los ahorros a corto plazo en préstamos a largo. Demostraron que es esencial, pero también arriesgada, ya que los clientes pueden retirar su dinero en cualquier momento, lo que hace imprescindibles las garantías de los depósitos por parte del Gobierno.

Los antecedentes de Bernanke hacen aún más sorprendente que, en la Fed, tardara en comprender la magnitud del colapso, al afirmar en mayo de 2007 que las pérdidas en las hipotecas subprime no se extenderían al sistema. La Fed y otras autoridades permitieron la quiebra de Lehman Brothers y el pánico posterior. La subsiguiente ola de rescates bancarios, al menos, tuvo la huella del estudio de Bernanke, y evitó una depresión mundial. La posterior regulación redujo las probabilidades de que se produjera otra ola de quiebras como la de los años treinta.

El problema es que los guardianes llevaron el riesgo a otra parte. Los mercados de derivados, poco regulados, han estado a punto de estallar varias veces. En marzo de 2020, las autoperpetuantes margin calls hicieron que los inversores vendieran bonos de EE UU para obtener garantías, lo que obligó a la Fed a intervenir. Los muy apalancados fondos de pensiones británicos acaban de sufrir un episodio similar.

Los bancos en la sombra han llenado el hueco de los convencionales. Los activos en manos de entidades como fondos del mercado monetario, aseguradoras, gestores de activos y hedge funds crecieron un 5,9% anual entre 2014 y 2019, frente al 3,7% de los bancos. En 2021, serán cerca de la mitad de los activos financieros mundiales, frente a los dos quintos de los bancos. Años de política monetaria laxa, bajo Bernanke y sus sucesores, han empujado a muchos de estos actores a asumir más riesgos. Las opciones de que se produzca otro estallido crecen a medida que suben los tipos. Eso tendrá que ser motivo para el trabajo de un futuro Nobel.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías