Llega el momento de que el inversor pliegue velas antes de la tormenta

Los analistas vaticinan nuevas depreciaciones en bonos y en Bolsa a medida que se materialice la recesión por las alzas de tipos

Llega el momento de que el inversor pliegue velas antes de la tormenta

El año 2022 está siendo nefasto para la inversión. La cartera modelo (60% en Bolsa y 40% en bonos) pierde un 16,5%. Una caída que no se veía desde hacía 85 años. Y lo peor es que las correcciones no han terminado y puede acabar siendo el peor ejercicio de la historia financiera. Los bancos centrales de todo el mundo se han conjurado para controlar la escalada de precios, lo que va a provocar mucho sufrimiento económico. El consenso de las casas de análisis es que los inversores deben plegar velas y esperar a que pase la tormenta que se avecina.

A pesar de la guerra en Ucrania y los problemas energéticos, el factor que domina por completo el sentimiento de los mercados es la inflación. El encarecimiento de la vida como no se había visto en 40 años ha hecho sonar todas las alarmas. La Reserva Federal de Estados Unidos (su banco central), tras una primera fase procastinadora, ha decidido coger el toro por los cuernos. El miércoles subió tipos hasta el 3%-3,25%, en su tercer alza consecutiva de 75 puntos básicos. Hay que recordar que empezaron 2022 en el 0% y con la Fed aún hablando de que la inflación “era transitoria”.

La receta es simple: subir tipos para matar la economía. Las familias de Estados Unidos han visto cómo el tipo de referencia hipotecario ha sobrepasado el 6%, lo que no se veía desde 2008. Los costes hipotecarios mensuales han crecido un 45% en pocos meses. Las empresas también se financian cada vez más caro. A medida que se limite la renta disponible de familias y los márgenes de las empresas, se irá reduciendo el consumo y la inversión. Las compañías tendrán que revisar a la baja las expectativas de beneficios y comenzarán los despidos. Esto es, la recesión llamando a la puerta. Así se moderarán los precios.

Paul O’Connor es responsable del equipo de multiactivo en el Reino Unido de Janus Henderson Investors. Este inversor tiene muy claro que el proceso antes descrito está ya en marcha, pero que aún no está correctamente recogido en el precio de la Bolsa. “Los mercados todavía no han descontado el impacto que tendrán sobre las acciones las subidas de tipos y la contracción económica”, reflexiona. Ante este escenario sombrío, tanto para la renta variable como para la renta fija, O’Connor recomienda a los inversores “que sean cautelosos hasta que la tormenta haya pasado y que se focalicen en la preservación del capital”.

La misma opinión tienen los expertos del BlackRock Investment Institute (ligado a la mayor gestora de activos del planeta). En su último informe semanal dejan las cosas muy claras: va a haber una recesión suave en Estados Unidos y una más fuerte en Europa, por lo que recomiendan reducir la exposición a Bolsas de países desarrollados. “La combinación de una inminente recesión y subidas de tipos de interés no está completamente recogida en las valoraciones. Solo cuando esto ocurra volveremos a ser más optimistas con la renta variable”, apuntan.

En este aspecto, el mercado parece sufrir un trastorno bipolar. Cada vez más factores apuntan directamente a la recesión pero las Bolsas no terminan de recoger esas previsiones. De acuerdo con los analistas de la firma británica Schroder, hay más de un 60% de probabilidad de que Estados Unidos entre en recesión en los próximos trimestres. Los índices de compras manufactureras (PMI, en inglés, un indicador adelantado) también llevan meses deteriorándose... Y, sin embargo, las caídas bursátiles no han sido todo lo profundas que cabría esperar con una recesión en ciernes. “Todo el mundo coincide en que las estimaciones de beneficios futuras que aún tienen las casas de análisis respecto a la Bolsa estadounidense son muy optimistas”, apunta Citi en una nota para clientes.

No obstante, poco a poco, va calando el mensaje de que la tormenta se nos viene encima. El viernes, los malos datos de PMI en Alemania y en la zona euro provocaron importantes caídas en todos los parqués del Viejo Continente. Además, todas las grandes firmas de inversión están revisando a la baja sus estimaciones hasta finales de año. Si hace poco se hablaba de que podría haber una pequeña remontada, ahora el consenso de mercado habla de correcciones adicionales.

Víctor Alvargonzález, fundador de la firma de asesoramiento financiero Nextep Finance, lleva tiempo alertando a sus clientes de una fuerte corrección. “Hemos optado por priorizar la liquidez y reducir mucho la exposición a Bolsa y también a bonos. Esta ha sido la única forma de protegerse contra lo que está pasando. También nos han funcionado muy bien las apuestas por la devaluación de la renta fija”.

Una de las maldiciones de este momento de los mercados es que prácticamente ningún tipo de activo se ha escapado de las caídas. Ni siquiera el oro, el clásico activo refugio, ha servido para esquivar las turbulencias. Solo ciertas inversiones tácticas en minería o petroleras, o en fondos de infraestructuras, están logrando mantenerse en positivo.

En este contexto, y pese a que la inflación va arañando poco a poco poder adquisitivo, el efectivo está siendo el rey. Los inversores están acudiendo en masa en Estados Unidos a fondos monetarios (equiparables casi al efectivo) y saliendo de activos de más riesgo, de acuerdo con el último informe elaborado por Bank of America. El pesimismo empieza a calar.

En solo siete días (hasta el 21 de septiembre) se registraron entradas netas en fondos de este tipo por valor de 30.300 millones de dólares, mientras que los fondos de acciones globales tuvieron salidas de 7.800 millones de dólares. También sigue saliendo dinero de los fondos de bonos y de oro. El sentimiento de los inversores es “indudablemente” el peor que ha habido desde la crisis de 2008, apunta el informe, y las pérdidas en los bonos del Tesoro son las más altas en 100 años, recuerda en la nota Michael Hartnett, director de estrategia de Bank of America.

En España, en cambio, los fondos de inversión han seguido atrayendo dinero. En agosto se acumularon 22 meses consecutivos de flujos netos positivos. La mayor parte del dinero (7.500 millones en 2022), yendo a fondos de renta fija europea, que ha tenido un comportamiento nefasto en el año.

Otra de las señas de identidad de este ciclo bajista es que hay una importante correlación entre el precio de los bonos y de la Bolsa. Los anuncios de subidas de tipos devalúan la deuda pública, anticipan una recesión y hacen caer a la renta variable. Thomas Tilse, director de estrategia de cartera de Allianz Global Investors recuerda que esa correlación sigue siendo muy fuerte. “Los inversores siguen sufriendo este año porque ambos segmentos del mercado están dando resultados negativos y no se han podido conseguir efectos de diversificación”, explica.

Además, las subidas de tipos no son exclusivas de la Reserva Federal. En una auténtica onda expansiva, el BCE ya ha empezado a mover ficha de forma decidida, igual que el Banco de Inglaterra o incluso el Banco Nacional de Suiza (que esta misma semana ha sacado los tipos del terreno negativo). Los bancos centrales emergentes también están subiendo el precio del dinero para tratar de frenar la devaluación de sus divisas frente al dólar. Japón no ha llegado a tocar tipos, pero sí que ha tomado medidas para tratar de estabilizar el yen frente al billete verde, con la primera intervención en mercado desde 1998.

“En la inflación de Estados Unidos estará la clave para saber cuándo los mercados han tocado fondo”, reflexiona Alvargonzález. “Si se acumulan varios meses de moderación de precios, sería una señal clara de que el mercado ha hecho suelo”. Mientras tanto, el recurso está en tener mucho efectivo en carteras, ir incorporando algo de deuda soberana de Estados Unidos (que ya paga cerca del 3,8% a 10 años), priorizar en renta variable las compañías de máxima calidad, y confiar en que los banqueros centrales sean capaces de embridar lo antes posible al monstruo de los precios.

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