Los bancos centrales no van a dar tregua

El mensaje agresivo y firme de la Fed perjudica a acciones y bonos tanto por el repunte de tipos a corto como por el aumento del riesgo económico

Después de una semana difícil, con mucha agitación en los mercados financieros, debida a los temores de aumentos agresivos de los tipos de interés de referencia por parte de la Reserva Federal, los inversores esperaban ansiosos la conclusión de la reunión del Comité de Mercados Abiertos del miércoles.

A pesar de que un porcentaje elevado de analistas contemplaron, hasta los últimos minutos, la posibilidad de un anuncio de una subida de tipos de 100 puntos básicos (hubiera sido la primera vez desde 1984 en acordar una subida así en un solo movimiento), finalmente no hubo sorpresa y la decisión fue aumentar 75 puntos básicos, dejando los tipos de interés de referencia entre el 3,00% y el 3,25%.

Sin embargo, a pesar de no salirse del guion mayoritariamente esperado, el impacto sobre el mercado no fue de modesto alivio, como ha ocurrido en otras ocasiones en las que las decisiones se han ajustado a las previsiones mayoritarias, sino que esta vez han sido de mayor temor.

Quizás por la idea de mostrar la contundencia que hubiera sido necesaria mostrar en los momentos en los que la inflación comenzaba a asomar la patita, hace más de un año, o bien porque provocar temor era la idea perseguida por los miembros de la Fed (generar un movimiento bajista consistente en renta variable y bonos en un país con las características de Estados Unidos hará que las medidas emprendidas para atajar la subida desbocada de los precios sean más eficaces), lo cierto es que el efecto parece haberse conseguido.

Las nuevas previsiones económicas mostradas (bajan todos los indicadores de crecimiento y persiste por un tiempo mayor que el inicialmente esperado la fortaleza de la inflación) y el posterior discurso de Powell han hecho comprender al mercado y a buena parte de los inversores que el impacto de las medidas de política monetaria tiene que ser fuerte, y refuerzan el temor a un mayor impacto y a una más que probable recesión.

También es cierto que el duro mensaje ofrecido está justificado por la evolución de una inflación, muy cerca de máximos, con un fuerte repunte en agosto de su componente subyacente y, en definitiva, muy resistente a bajar, más teniendo en cuenta que el número de componentes inflacionistas del IPC se encuentra también en niveles históricamente muy elevados, tanto como para comprobar que más de la mitad de sus componentes supera el nivel del 2%, algo que no sucedía desde la década de los ochenta del siglo pasado.

Powell enfatizó que el objetivo era dejar atrás la inflación, pero que no había una forma indolora de hacerlo, y que era consciente de que unos elevados tipos de interés, y un crecimiento económico y un mercado laboral debilitados, iban a ser difíciles de soportar por unos ciudadanos que han vivido muy bien durante casi una década, pero que lo principal pasaba por doblegar la inflación de una vez por todas.

Pero, ¿hasta dónde subirán los tipos? El pronóstico del Comité pasa por unos tipos que alcanzarían el 4,4% para fines de este año y el 4,6% en 2023, un cambio más agresivo de lo previsto en reuniones anteriores. Más adelante, esperan que los tipos de referencia bajen al 3,9% en 2024, y al 2,9% en 2025. Esto supone que un cuarto aumento consecutivo de 75 puntos básicos puede ser factible y producirse en la próxima reunión, que se celebrará a comienzos del mes de octubre. Es decir, más subidas que las inicialmente previstas y más persistente el mantenimiento en cotas elevadas. La apuesta por una marcha atrás de la Fed, tras finalizar las subidas de tipos, empieza a ser ya muy limitada.

Como resultado, el índice bursátil que representa la mayor de las referencias mundiales, el S&P 500, terminó cerca de los mínimos de la sesión, y pierde la cota de referencia de los 3.900 puntos y se deja más del 20% en lo que va de año, cotas que, de mantenerse al cierre de la semana, supondrán que oficialmente estaremos en un mercado bajista, lo que podría llevarle a probar nuevos soportes y que podría arrastrar a otros índices en su caída.

Ahora preocupa también otro asunto: las revisiones a la baja que puedan hacer las empresas en sus guías y las que puedan realizar los analistas que siguen los valores. Tipos de interés elevados y persistentes harán que bajen las valoraciones.

La rentabilidad del bono del Tesoro a dos años se sitúa en el 4,10%, algo no visto desde septiembre de 2007. La inversión de la curva de tipos es cada vez más evidente, y ya se sabe qué anticipa dicha situación: una recesión.

El mensaje de Powell subrayó la necesidad de situar toda la curva de rentabilidades reales en positivo.

Como resultado de ese escenario recesivo más duro, las expectativas de inflación a largo plazo han tendido a moderarse; quizás a finales del primer trimestre de 2023 podamos ver los primeros síntomas.

El mensaje más agresivo y firme de la Fed, a la que seguirán los principales bancos centrales occidentales, perjudica doblemente tanto a las acciones como a los bonos: por el repunte de tipos a corto plazo y por el aumento del riesgo económico. Como consecuencia, reforzamos nuestro mensaje de que el mercado bajista no ha finalizado aún.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías