Finanzas

Fed y BCE aceleran sus cambios de política ante el zarpazo de la inflación

EE UU aplica una histórica subida de intereses y vislumbra tipos cerca del 4% mientras el BCE revisa sus planes para evitar una nueva crisis de deuda

Christine Lagarde y Jerome Powell, presidentes del BCE y la Fed, en una reunión en Buenos Aires en 2020.
Christine Lagarde y Jerome Powell, presidentes del BCE y la Fed, en una reunión en Buenos Aires en 2020.

En una jornada maratoniana, la Reserva Federal de EE UU y el Banco Central Europeo se conjuraron ayer para intentar poner coto a la inflación, por un lado, y en Europa, terminar con la especulación que acecha a los bonos periféricos, especialmente de España e Italia. Dos movimientos de gran calado en las dos principales áreas monetarias del mundo sucedidos por 12 horas. A primera hora de la mañana, el BCE anunciaba una reunión urgente para tomar medidas, adelantándose a la cita programada de la Fed en la que se esperaba, como realmente ocurrió, una subida de tipos de 75 puntos básicos.

Las principales autoridades monetarias se enfrentan a un mismo problema, una subida de precios desconocida en varias décadas, pero con sus matices: por un lado, un mercado que marcha a varias velocidades como es el caso de la zona euro, y por otro, la amenaza firme de recesión en 2023, en el caso estadounidense. El complejo puzzle que obligó ayer a las autoridades monetarias de ambas partes del Atlántico a mover ficha.

Por primera vez, el presidete de la Fed, Jerome Powell respaldó abiertamente la subida de los tipos de interés (inisitió en que siguen "bajos") a pesar del riesgo de enfriar el mercado laboral y aumentar el desempleo, una estrategia que en el pasado ha provocado a menudo una recesión económica. En este sentido, las previsiones sobre los tipos han subido aún más que los 75 puntos básicos: si en marzo los responsables de la Fed esperaban de media tipos al 2,75% en 2023, ahora la previsión media es de un punto más, el 3,75%.

Ante la presión de precios, azuzada por la guerra en Ucrania, las autoridades monetarias estadounidense y europea se han visto obligadas a pisar el acelerador en su hoja de ruta. En Estados Unidos, "el telón de fondo de la política ha cambiado y la Fed ha adaptado su política con una subida mayor ahora sin querer esperar 6 semanas más para actuar con más fuerza", señala en un informe Sandrine Perret, economista senior de Vontobel. Aunque Powell destacó que las subidas de tipos de esta magnitud no son habituales, y que no espera muchas más en el futuro, sí reconoció que un alza de 50 puntos básicos o 75 es el escenario más probable en la reunión de julio.

"Está muy claro que la Fed hará lo que sea necesario para reducir enérgicamente la inflación y que la tasa de tipos va a terminar cerca del 4% o incluso más aarriba", dijo a Bloomberg Peter Yi, director de de renta fija en Northern Trust Asset Management. "Aunque Powell trató de restar importancia a otra subida de 75 puntos básicos el próximo mes, dijo que los tipos siguen siendo extremadamente bajos".

El cambio de postura conlleva peligros no sólo para la economía, sino para los mercados financieros, también en Europa, en la medida en que los tipos de interés estadounidenses son la referencia para todo el mundo. Cuando sube tipos la Fed, los activos de riesgo de todo el mundo sufren, como ha venido sucediendo este año. Y cuanto más suban, más presión. Ello ayuda a explicar la premura con la que el BCE convocó ayer su consejo de gobierno para debatir el alza de las primas de riesgo de la periferia del euro.

El inicio de la retirada de estímulos del BCE y el anuncio la semana pasada por parte de Christine Lagarde de subidas de tipos, junto al papel de la Fed, ha provocado el aumento de las primas de riesgo periféricas, una situación que recuerda a los peores años de la crisis del euro de 2011 y 2012, que a punto estuvo de acabar con la moneda europea. Los tipos de la deuda han subido en vertical en todo el mundo, pero el diferencial entre la deuda alemana y la española o italiana, que han pasado de 70 a 130 puntos (la española) y de 130 a 240 (italiana).

El BCE ha advertido repetidamente de que quiere evitar la fragmentación financiera derivada de este fenómeno: como el mercado extrapola las primas de riesgo de cada país a los activos de empresas o entidades allí situadas, estos diferenciales erosionan la unidad de la eurozona. Las palabras de los funcionarios europeos no han servido para paralizar el castigo del mercado a la periferia, por lo que ayer el BCE activó oficialmente los planes para fijar un mecanismo que sujete los diferenciales. Mientras eso sucede, usará los vencimientos de la deuda comprada durante la pandemia de forma discrecional. "Si el ensanchamiento de los diferenciales se limita dará la oportunidad al BCE de subir tipos de forma más rápida, si el ensanchamiento", explica Ulrike Kastens, de DWS, según Bloomberg.

La situación es un dilema para el banco. Como indica Alberto Matellán, economista jefe de Mapfre Inversión, el BCE tiene tres enemigos diferentes que combatir: la subida de los diferenciales, la falta de crecimiento en algunos países y la inflación. "Cada uno de los tres necesita medidas diferentes, y generalmente contradictorias", explica. "El mecanismo de compra de activos para apoyar los diferenciales podría comprometer la reducción de la liquidez necesaria para luchar contra la inflación. Dejar correr la inflación agravaría los problemas de crecimiento, aunque podría diluir un poco la deuda. Reducir la liquidez para luchar contra la inflación endurecería las condiciones financieras mucho más rápido en Italia que en Alemania", resume.

El giro en la política monetaria de EE UU, que no viene de ahora, ya ha provocado debilidad de los mercados, en particular en activos muy calientes como la tecnología, la deuda de baja calidad o los critpoactivos. El S&P 500 está en terreno de corrección (caída de más del 20% desde máximos) y en Europa, las Bolsas registran caídas del 15% en el año (el Ibex cae menos, en torno al 7% desde enero). La rentabilidad de los bonos de Italia y de España ha subido a niveles no vistos desde 2014. Y aunque los mercados se tomaron ayer con calma la subida de tipos en EE UU, siguen siendo frágiles.

"Me sorprendería que el reciente ajuste de los diferenciales fuera el final de esta historia. No creo que el BCE haya alcanzado su momento", sentencia James Athey, director de inversión de Abrdn.

"Esta medida probablemente no impedirá que los mercados sigan presionando para que suban los diferenciales en Europa", dice Gergely Majoros, miembro del comité de inversión de Carmignac.  "El agresivo endurecimiento de la política monetaria, anunciado por el BCE la semana pasada, seguirá presionando a los países más frágiles de la zona euro.”

 

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