Alemania, por un halcón como ministro de Finanzas

Más de la mitad de la población quiere al liberal Christian Lindner para controlar el dinero y los gastos. Solo el 27% prefiere al verde Robert Habeck

Cada vez menos gente tiene más. En Alemania aumenta la concentración de patrimonio. Es un país rico, en el que el patrimonio neto de los hogares asciende a un total de 7,8 billones de euros. Pero esa riqueza formada por inmuebles, depósitos, acciones y seguros está extremadamente mal repartida. El 10% de la población más rica posee más de dos tercios del patrimonio neto total del país. Y una de las razones de que la desigualdad vaya a más es, según los expertos, la política expansiva del BCE. Sus bajos tipos de interés dan alas al precio de las acciones y favorece la compra de inmuebles por parte de quienes se lo pueden permitir. Quienes tienen pocos ingresos no compran ni casa ni acciones. Claro que, por otro lado, esa misma política monetaria estimula la economía y el mercado laboral.

Así que hoy en Alemania es más fácil encontrar trabajo y más difícil encontrar vivienda. Desde 2015 el precio de la vivienda ha subido un 60%. Una evolución que perjudica sobre todo a la mitad de la población alemana, que no tiene vivienda propia. Isabel Schnabel, la prestigiosa economista alemana que desde 2020 es miembro del directorio del Banco Central Europeo, avisa que el resultado de la actual política es la desigualdad y el descontento social y pide que se discuta. La catedrática de Economía y Mercados financieros de la universidad de Bonn dice que no basta con contentarse con tipos de interés bajos, sino que hay que hablar de inflación. Un 4,1% en octubre en la eurozona. Un 4,6% si se incluye el precio de la vivienda de uso propio. En Alemania ascendió a 4,5%, el valor más elevado desde hace 28 años. Los alemanes saben que el BCE no va a dejar de comprar deuda porque muchos países europeos dependen de esa ayuda. Pero el dilema aquí es que los elevados precios de la energía y de la vivienda afectan sobre todo a la población más pobre.

En este contexto se entiende que el 54% de los alemanes quiera que el halcón Christian Lindner, jefe del partido liberal, se convierta en ministro de Finanzas. Alemania quiere un cajero que controle el dinero y los gastos. Solo el 27% preferirían al verde Robert Habeck. El próximo ejecutivo alemán tendrá al socialdemócrata Olaf Scholz como canciller de un Gobierno rojiverde apoyado por los liberales.

No es habitual que economistas de todo el mundo intervengan para opinar sobre las negociaciones alemanas para formar gobierno. Incluso se ha abierto un debate entre expertos internacionales en torno a Lindner. Al político se le acusa de representar un montón de clichés conservadores. El Premio Nobel estadounidense Joseph Stiglitz y el historiador de economía británico Adam Tooze han publicado un artículo en el semanario Die Zeit en el que advierten del riesgo de que Lindner asuma la cartera de Finanzas, un ministerio que “implica poder político y técnico y opera nacional e internacionalmente”. Rechazan sus “opiniones conservadoras” sobre presupuestos y finanzas.

Joseph Stiglitz, de la Universidad de Nueva York, y Adam Tooze opinan que “Alemania y Europa deben ahorrarse el crashtest” que supondría Lindner como jefe de finanzas, en un momento en el que se debate si una retirada prematura de los estímulos monetarios por parte del BCE sería hoy perjudicial para las economías europeas y en un momento en el que Alemania se cuestiona si la política monetaria actual de los bancos centrales, con tipos de interés por los suelos y compras de deuda pública, perpetúa la desigualdad social. La directora del BCE Isabel Schnabel reconoce que la entidad no es un espectador neutro y que su política expansiva favorece a los propietarios de inmuebles y acciones.

Mister euro, Theo Waigel, ministro de Finanzas entre 1989 y 1998, opina que el cargo será extremadamente difícil. “Mientras Olaf Scholz se ha gastado muchísimo dinero, su sucesor deberá ahorrar y reducir la deuda. Es decir, deberá pedir a la población que se apriete el cinturón y explicar verdades incómodas.”

Los nuevos socios en el Gobierno alemán quieren gastar 50 millardos anuales adicionales para invertir en protección climática y en infraestructuras. Una misión casi imposible porque a partir del año 2023 se recuperará la regla consitucional del freno a la deuda, que exige presupuestos equilibrados. Además, los liberales alemanes han fijado el respeto al freno a la deuda como línea roja. Tampoco habrá con Lindner alzas fiscales. Quizás sí presupuestos paralelos; por ejemplo, para la construcción de las 400.000 viviendas sociales prometidas a través de la Bundesanstalt für Inmmobilienaufgaben, la agencia federal inmobiliaria del ministerio de Finanzas. Es lo que en Alemania llaman bypass financiero.

A favor de Lindner está la población y la economía. El historiador de Princeton, Harold James, y el jefe del Instituto Económico Ifo, Clemens Fuest, han publicado en Die Zeit un artículo a favor de Lindner, “una figura crítica necesaria en tiempos difíciles”. “En un mundo en el que predomina el apoyo político a las reglas fiscales laxas, será importante contar con un halcón crítico en política fiscal.” Es decir, priorizar los gastos estatales en lugar de endeudarse cada vez más.

¿Es la disciplina presupuestaria alemana incorrecta y antigua? Fuest dice que las viejas reglas no son clichés conservadores, sino baños de realidad necesarios. Y Lindner ha reaccionado también en el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung: “El señor Stiglitz cree que la economía debe crecer con una expansiva política fiscal. Pero yo lo que veo es el riesgo de que los bancos centrales caigan en la dependencia de la política fiscal de los Estados.” Por otro lado, el futuro canciller Olaf Scholz y su socio verde Robert Habeck han declarado que no pueden reducir la carga a la población con ingresos bajos y medios porque el Partido Liberal se niega a subir los impuestos a quienes más ingresan. Pero Lindner descarta subidas de impuestos a empresas familiares con millones de trabajadores, porque les debilitaría y al final perjudicaría la base de financiación del Estado alemán.

Markus Söder, el presidente bávaro y jefe de CSU, el partido hermano de la Unión Demócrata Cristiana, ha advertido que la entrada de Los Verdes y los socialdemócratas en el próximo gobierno dividirá la sociedad. Söder asegura que, ante lo que viene, él se convertirá “en el abogado de la clase media y de los emprededores y laboriosos”. Pero Alemania es ya una sociedad dividida.

Lidia Conde es Analista de economía alemana