Entrevista

Carlos Cuerpo: “España está preparada para la normalización de la política monetaria”

El Secretario General del Tesoro Defiende que no hay riesgos para la sostenibilidad de la deuda y descarta que la inflación amenace el crecimiento

Asegura que la reforma laboral será consensuada y no creará alarma en inversores ni agencias de rating

Carlos Cuerpo, Secretario General del Tesoro
Carlos Cuerpo, Secretario General del Tesoro

Llegó a la primera línea del Ministerio de Economía en febrero de 2020, justo al inicio de la pandemia, y asegura que este tiempo desde entonces ha sido de una intensidad equivalente a “tres o cuatro años”. Carlos Cuerpo (Badajoz, 1980) es desde septiembre de este año Secretario General del Tesoro y con anterioridad estuvo al frente de la Dirección General de Análisis Macroeconómico, en primera fila del seguimiento del impacto económico de la pandemia. Desde el Tesoro, vela ahora por sentar las bases para la sostenibilidad de la deuda pública en el medio y largo plazo, para lo que reconoce serán clave los trabajos que ha iniciado Bruselas para la revisión del Pacto de Estabilidad y, en el frente doméstico, los de la comisión de expertos para la reforma fiscal. A corto plazo, no teme al endurecimiento de la política del BCE ni a un freno en el crecimiento.

El Tesoro ya ha alcanzado más del 85% de sus objetivos de financiación de 2021. ¿Hay margen para un nuevo ajuste a la baja de la emisión neta antes de que acabe el año, como sucedió en 2020, o de ningún modo?

El mensaje del Tesoro siempre ha sido de prudencia en los anuncios de las necesidades de financiación. En verano ya anunciamos una rebaja de 20.000 millones de euros para este año. Conforme se van desarrollando la actividad económica y los pagos del plan de recuperación europeo, vamos ajustando y actualizando esas necesidades.

¿Se podrá alcanzar el objetivo de crecimiento del 6,5% que prevé el Gobierno en 2021? El Banco de España duda abiertamente de ello.

El año en términos macroeconómicos está yendo de menos a más. Desde el primer trimestre, el más complicado, a una recuperación incipiente en el segundo trimestre y un segundo semestre que se prevé más fuerte. Es un diagnóstico compartido. Si miramos la recuperación en términos de actividad en el mercado laboral, vemos que son unas cifras muy buenas, con algunos de los indicadores volviendo ya o casi volviendo a niveles precovid. La señal es bastante compartida en cuanto a la fortaleza de la recuperación y el hecho de que siga hacia adelante a final de año y también en 2022, más allá de que podamos hablar de unas décimas arriba o abajo para las previsiones de 2021. Hay que dejar claro el mensaje de la solidez de los documentos presupuestarios del año que viene.

¿Qué efecto puede tener el alza de precios de la energía sobre el crecimiento? Hay fábricas que están parando su actividad.

El entorno de precios es un elemento destacado en nuestro balance de riesgos. La propia vicepresidenta fue la que puso este debate en el marco europeo antes de verano. Se ha visto que era un problema compartido, no es un problema específico de ningún país sino al que tenemos que enfrentarnos todos. En cuanto a la inflación en general, hay que distinguir varios factores. El diagnóstico no es fácil. Al alza de la energía es a lo que estamos dedicando el mayor esfuerzo para tratar de identificar el grado de persistencia. Es el elemento clave a determinar. Y por ahora el diagnóstico que dan los organismos a nivel internacional, y también a nivel doméstico, es que se espera sea un impacto temporal.

"Hay fortaleza en la recuperación, más allá de unas décimas arriba o abajo en las previsiones de 2021”

¿No pondrá en riesgo la previsión de PIB para este año y 2022?

Hay que ser muy prudente y estar muy encima de la posible materialización de los riesgos. Pero por ahora yo diría que efectivamente es muy preliminar decir que las previsiones estén en riesgo.

Si la inflación es más estructural que transitoria y se acelera la retirada de estímulos monetarios, ¿cómo se puede llegar a complicar la financiación del Estado y la sostenibilidad de la deuda?

La situación actual de la cartera –y para ello hemos estado trabajando en los últimos años, en que el Tesoro ha hecho sus deberes– permite acomodar la progresiva normalización de la política monetaria. El interés de las nuevas emisiones está en negativo y muy por debajo del interés medio de la cartera. Esto supone un elemento estructural de caída de los tipos, del gasto por intereses en los próximos años, que permite ir acomodando la progresiva retirada de estímulos. La vida media de la deuda está en ocho años, esto es un colchón de seguridad es muy importante a futuro. En principio no hay ningún riesgo para la sostenibilidad de la deuda.

¿Y más allá de 2024? El FMI ha advertido de que el efecto en deuda y déficit del rebote económico se agotará en 2023 y de que volvería a crecer el peso de la deuda sobre el PIB si no se abordaban reformas.

En el corto plazo, hay consenso sobre la recuperación y en no proceder a una retirada demasiado rápida de los estímulos. Es una de las lecciones de la crisis anterior. No hacerlo hasta que se haya consolidado la recuperación, intentando minimizar la cicatriz que pueda dejar la crisis. En un entorno más de medio y largo plazo, las tendencias estructurales son las que tienen que llevar la dirección de la sostenibilidad de la deuda. Y aquí, dentro del Plan de Recuperación, hay varias líneas relacionadas con reformas del sistema fiscal precisamente con vistas a una mayor sostenibilidad de la deuda de forma estructural. No solo durante la salida de la crisis, que es muy importante para poner la semilla de esta senda descendente de la deuda y el déficit, sino más allá. Ese es el elemento que está ya pensado. El compromiso con la sostenibilidad se ve claramente en las previsiones que tenemos de ratios de deuda y déficit decrecientes para el medio plazo.

¿ Habrá más carga fiscal a partir de 2024?

Uno de los elementos fundamentales que va a permitir tener un diagnóstico claro es el informe de expertos que se está elaborando en paralelo sobre la situación del sistema fiscal. Intentemos no anticipar conclusiones hasta ver los resultados.

"El coste medio de la deuda tiene una inercia a la baja por la sustitución de emisiones hechas a unos tipos muy altos”

El Gobierno está inmerso en la reforma laboral y Bruselas espera la propuesta antes de fin de año. Las agencias de rating también están pendientes de ello. ¿Qué grado de cambio se podría esperar? ¿Una reversión total?

Según lo que hemos hablado con las agencias de rating y los inversores, el hecho de que tengamos un horizonte temporal claro respecto a la reforma laboral ya es una señal muy positiva porque evidentemente la necesidad de reformar el mercado laboral viene de nuevo de un diagnóstico compartido sobre las deficiencias estructurales. Entre ellas, la mayor de todas es la alta temporalidad. Más allá de los encuentros iniciales que ya han tenido lugar se va a iniciar la fase de negociación con vistas a algo muy importante: de aquí a final de año tener una reforma que consiga el mayor consenso posible de todos los agentes. Yo creo que ese es uno de los vectores de mayor esfuerzo actualmente en el plano doméstico.

¿Puede haber inquietud entre los inversores ante esa reforma?

No, al contrario. El diagnóstico es compartido, tenemos un calendario claro y además buscaremos el mayor consenso posible en cuanto a la solución final. Yo creo que son buenas noticias.

¿Confía en que la revisión del Pacto de Estabilidad y Crecimiento dé un respiro a España?

Desde antes de la crisis ya había mucha discusión sobre la necesidad de reforma. Uno de los elementos principales de discusión, y que supone de nuevo un punto común para todos los países, son unas necesidades de inversión muy elevadas asociadas al objetivo de la transición verde. Este factor diferencial con respecto a las discusiones que teníamos previamente es un punto de partida útil de cara al futuro de la reforma y de la gobernanza fiscal.

¿Deben quedar fuera del cómputo fiscal las inversiones para la transición energética y digital?

Al igual que en el caso de la reforma laboral, es importante el punto de partida común. En eso estamos trabajando y forma parte de la posición española. Una posición muy constructiva intentando buscar este elemento que nos permita ir avanzando. El vector claro es que el marco se adapte a estas necesidades de inversión que vamos a tener todos los países.

¿Qué espera de las próximas reuniones del BCE? ¿Temen turbulencias en el mercado una vez finalice el plan de compras antipandemia? 


Lo importante para nosotros es habernos preparado y tener una situación cómoda para hacer frente a la retirada progresiva de los estímulos. Cómo se produzca esa retirada y con qué instrumentos o con qué ritmo ya lo iremos viendo. Esperaremos a la reunión de diciembre e iremos adaptándonos.

¿Sigue habiendo recorrido para bajar el coste medio de la deuda ante un horizonte de normalización monetaria?

El coste medio de la deuda tiene una inercia a la baja simplemente por la sustitución de emisiones que se hicieron a unos tipos muy altos. Por ejemplo, en enero finaliza una emisión que hicimos en 2011 a tipos que están por encima del 5,8%. De hecho, seguimos teniendo esa diferencia entre el coste de las nuevas emisiones y el coste medio que hace que en los próximos años todavía podamos tener esas previsiones de reducción de los gastos por intereses. Es decir, de reducción del coste que supone para el contribuyente. Yo veo 2022 más como una transición que como un punto de inflexión. Es difícil anticipar cuál será el punto mínimo del coste medio de la cartera. Dependerá de nuevo del programa de la retirada de estímulos del BCE.

El rating soberano sobrevivió a la crisis, las agencias han dado tregua pero ¿teme rebajas o deterioro de perspectivas ya con un menor respaldo del BCE y una mayor inflación?

Al contrario, lo peor en cuanto a balance de riesgos ha pasado conforme se afianza la recuperación. Creo que la posición de las agencias ha sido consecuencia de la acción decidida por parte de los bancos centrales y de los gobiernos en materia de apoyo durante de la crisis y la eficacia de estas medidas. Es un éxito colectivo.

Una deuda también en “transición energética”

Emisiones verdes. El Tesoro lanzó en septiembre su primera emisión de bonos verdes, por 5.000 millones a 20 años, que van a ser una parte clave de la financiación del Estado. Respecto a una nueva colocación antes de fin de año, Carlos Cuerpo asegura que “vamos a ir viendo cómo quedan las necesidades de financiación, pero ya vamos a normalizar las emisiones verdes dentro de nuestro calendario”. Y añade: “Queremos mantener la calidad de la emisión y sobre todo de los proyectos que están detrás de los bonos. Ese elemento diferencial de la calidad de la emisión verde que atrajo a inversores soberanos sostenibles tiene que ser uno de los elementos clave hacia adelante”.

‘Sandbox’. Los proyectos del banco de pruebas para la transformación del sistema financiero (sandbox) se han retrasado hasta noviembre o diciembre por los requerimientos lanzados por la Agencia de Protección de Datos. Cuerpo asegura que “tanto la primera generación de estos proyectos como la segunda van avanzando. Respecto a la primera, estamos ya en un punto bastante avanzado de la finalización. Como todo proyecto innovador, hay que rodarlo”. Sobre la segunda hornada de proyectos, Cuerpo señala que “ha existido interés por parte de los distintos actores. Lo interpretamos como un diagnóstico positivo respecto a la primera experiencia. El sandbox sigue siendo marco válido como laboratorio de pruebas para este tipo de proyectos tan innovadores”.

Presupuestos 2022. El Gobierno dio luz verde a los Presupuestos “y ahora empieza el procedimiento democrático normal y saludable. Creo que es un proceso normal y no genera en principio ninguna duda. Cuantos más apoyos se sumen, mayor sostenibilidad a futuro de los compromisos que hay en ese documento”, asegura Carlos Cuerpo sobre las cuentas públicas para 2022.

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