La entrega a domicilio seguirá haciendo esperar a los inversores

Los costes laborales hacen inviable la rentabilidad del sector; una solución sería el uso de robots

Repartidor de Weezy en Londres.
Repartidor de Weezy en Londres. reuters

Los inversores en startups están subvencionando los antojos de vino y helado de los consumidores. Las empresas que intentan llevar estos productos a la puerta de casa en 15 minutos o menos se enfrentan a una tarea bastante difícil. Más difícil aún es conseguir beneficios.

La pandemia de coronavirus dio vida a un modelo de entrega de alimentos a alta velocidad que siempre pareció marginal. La turca Getir triplicó su valoración, hasta los 6.500 millones de euros, en un año. La alemana Gorillas, fundada el año pasado, vale ahora 1.800 millones tras una inversión de su compatriota Delivery Hero, de 28.000 millones.

Los supermercados tradicionales también están invirtiendo. La cadena británica Asda está ampliando sus servicios de entrega en una hora, mientras que otros supermercados se están asociando con empresas como Deliveroo y Uber Technologies.

A los consumidores, la rapidez les sale cara. Un pedido típico incluye una tarifa de entrega de 2 libras (2,36 euros) más un 5% de recargo sobre los precios de los supermercados para artículos básicos como el pan o la leche. Así, cuanto más grande sea el pedido, más rentable será. Al abastecerse de alimentos a precios de mayorista, las empresas de reparto pueden sacar unas 7 libras de un pedido medio de 20, sobre la base de un margen de beneficio del 35%.

El problema es la mano de obra. Para completar un pedido, las compañías necesitan un mozo de almacén y un conductor de reparto. Juntos, cuestan alrededor de 20 libras (24 euros) por hora. Por lo tanto, para alcanzar el punto de equilibrio en el escenario anterior, necesitan completar un pedido cada 20 minutos. Para las startups, el coste de atraer nuevos clientes o mantener los existentes, por ejemplo repartiendo cupones de entrega gratuita, empeora las posibilidades de obtener beneficios. Los analistas de Bain calculan que, en los inicios de una empresa, un pedido de 17 libras supone una pérdida operativa de 24.

Las economías de escala deberían de solucionar este problema. Si el conductor y el operario realizan cuatro pedidos por hora, su coste por pedido se reduce a 5 libras. Persuadir a los clientes para que opten por artículos de primera calidad, como alcohol o filetes, también puede suponer mayores márgenes de beneficio. Dicho esto, Bain calcula que el pedido medio de 35 libras conseguirá, en el mejor de los casos, un mísero 7% de beneficio operativo, del que los inversores aún tienen que pagar intereses e impuestos.

Entonces, ¿por qué están entregando tanto dinero a cambio de tan poca recompensa? Una solución posible es que haya más robots, ya sea en forma de automatización de almacenes o de drones de reparto. Si las empresas de reparto rápido pueden dejar a los costosos seres humanos en las estanterías, los inversores podrían obtener por fin algo que valga la pena.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías