Los encargados de que KKR sobreviva a sus fundadores

Joe Bae y Scott Nuttall toman el relevo como co-CEO de Henry Kravis y George Roberts, que serán presidentes ejecutivos

Joe Bae y Scott Nuttall, nuevos co-CEO de KKR.
Joe Bae y Scott Nuttall, nuevos co-CEO de KKR. reuters

Una nueva generación toma el relevo en KKR. Comparten la afición a las artes con Henry Kravis y George R. Roberts, los septuagenarios fundadores, que ceden parte del poder. Scott Charles Nuttall (Nueva York, EE UU, 1972) y Joseph Joe Yong Bum Bae (Corea del Sur, 1972), tres décadas más jóvenes, serán consejeros delegados de la gestora de fondos de inversión y capital riesgo.

Nuttall y Bae fueron nombrados copresidentes en 2017, con vistas a la sucesión. El primero, con una fortuna de 1.200 millones, según Forbes, forjó su carrera en la división global de gestión de capital y activos, y dirigió la OPV de la firma en 2010. También ha formado parte del consejo de la entidad de servicios financieros Fiserv desde que esta compró First Data, respaldada por KKR, en 2019, por 22.000 millones.

Bae, que posee un patrimonio de 1.100 millones, lideró la expansión del grupo en Asia-Pacífico y forma parte de todos sus comités de inversión en mercados privados, así cómo del consejo de inclusión y diversidad de la empresa. Participa activamente en una serie de instituciones educativas y culturales sin ánimo de lucro: cofundó y pertenece al consejo de la Asian American Foundation, está en el consejo asesor global de la Universidad de Harvard y en el consejo y el comité ejecutivo del Lincoln Center de artes escénicas.

Allí satisface su lado artístico: pudo haber sido pianista profesional. Su familia emigró a Estados Unidos cuando tenía tres años. Su madre era misionera. “Mi padre, químico, llegaba a casa después de un largo día y me llevaba a las clases de piano, a poco más de una hora de casa”, contaba a Bloomberg. “Se sentaba en un rincón con una grabadora, y a la vuelta, reproducía toda la lección para asegurarse de que no me perdía ninguna perla de la sabiduría de mi profesor”. Aunque no cuenta con mucho tiempo para dedicarle, tiene un piano en su casa de los Hamptons (Long Island).

Se graduó magna cum laude en Harvard y a los 24 años se casó con la escritora de ficción Janice Lee, también de origen coreano, y que luego escribiría el bestseller La maestra de piano (2009). Tienen cuatro hijos; una de ellas es una figura de la robótica. Antes de casarse, Bae, entonces analista de trading por cuenta propia en Goldman Sachs, vivía en un apartamento sin alfombras, cuadros, plantas ni aparatos de cocina. Dormía en un futón. Tampoco tenía intención de dedicarse al capital riesgo: acababa de dejar Goldman y estaba a punto de ingresar en la Harvard Business School.

Sus inicios

Le llamó un cazatalentos de parte de KKR, que estaba contratando analistas; Nuttall se incorporó varias semanas después. Se hicieron buenos amigos desde el principio. Trabajaban juntos durante 20 horas al día. “Entonces todos éramos generalistas”, contaba Nuttall. “No éramos suficientes: creo que teníamos 15 en el equipo de inversión”. “Hace 25 años, te pedían que examinaras una empresa durante el fin de semana y que se la presentaras a Henry Kravis en su despacho el lunes”, recordaba Bae.

Su esposa Janice, que entonces era ayudante del editor de libros de la revista Mirabella, escribía relatos cortos, principalmente sobre la niñez y la feminidad en lugares como París y Hong Kong, donde creció. Según la crónica de la boda publicada en su momento en el New York Times, los dos adoraban los batidos y los crucigramas y solían asistir a lecturas de poesía en oscuros sótanos y cafés del centro, aunque ella se sentía más cómoda en esos ambientes que él. Una amiga de ambos decía que era un caso claro de atracción de los opuestos. Él, conservador, moderado, con mente empresarial; ella, atrevida, audaz, caprichosa, creativa. Se comprometieron en un parque de París, y se casaron en la Iglesia Presbiteriana de la Quinta Avenida de Manhattan. Él se mudó al apartamento de ella en el Upper East Side (sin su futón). En su primera década en KKR acumuló lo suficiente para comprar una casa de tres plantas en Greenwich Village, que vendió por unos 8 millones cuando se mudaron a Hong Kong, para que él dirigiera la expansión de KKR en Asia. Allí cantaban en el karaoke y bailaban el Gagnam Style.

La vida privada de Scott Nuttall es bastante más desconocida, más allá de que su mujer se llama Amie. De hablar suave, solo sabe tocar la flauta de mano, bromea. Estudió en la Universidad de Pensilvania, y antes de entrar en KKR estuvo menos de dos años en Blackstone. Fue el artífice de las principales iniciativas de KKR; aparte de la OPV, la estrategia de balance, la supervisión de los negocios de mercados públicos en el espacio de crédito y fondos de cobertura, así como la creación de los negocios de mercados de capitales, captación de capital y seguros de la firma.

Forma, como su colega, parte del comité de balance y del consejo de inclusión y diversidad. Ha formado parte de los consejos de varias instituciones sin ánimo de lucro, con especial atención a la educación, y más recientemente como copresidente de Teach for America-New York.

Con todo, Kravis y Roberts seguirán “participando activamente” como presidentes ejecutivos. Cada uno de los dos nuevos co-CEO posee menos del 2% del capital de KKR, y recibirá acciones valoradas en hasta 175 millones. El grupo tiene un valor en Bolsa de 57.000 millones y maneja 430.000 millones en activos.

La empresa afirma que en 2026 habrá eliminado su estructura dual de acciones, para dar a todos sus propietarios los mismos derechos de voto; hasta entonces, Kravis y Roberts podrán seguir nombrando a todos los consejeros. El cambio de gobernanza puede impulsar a KKR ante los mercados. La idea de los fundadores es que la gestora les sobreviva, a imagen de Goldman Sachs. Y Bae y Nuttall son los encargados.

Inversión

En España, KKR ha invertido más de 6.000 millones de dólares desde 2010, con operaciones importantes, como MásMóvil, Telxius, Telepizza o Port Aventura.

La rentabilidad de KKR, incluidos dividendos, es algo inferior al 200%, similar a la de Carlyle, pero por debajo del 280% de Blackstone.