Que alguien le de una viagra a nuestra economía

Los datos indican que no ha llegado toda la pólvora, que está húmeda, y que, más que un cohete, la actividad parece un cohete verbenero

Nuestra economía va como un cohete, bueno, eso es lo que nos decían hace unos meses los maestros pirotécnicos que tenemos en los ministerios e instituciones haciendo proyecciones económicas que nos dibujaban en el cielo un festival de explosiones de colores en estrella tras alcanzar nuestra economía una altura muy elevada con ayuda de la pólvora que nos iban a enviar desde Europa. Sin embargo, la realidad es que los datos que tenemos en la recta final del año indican que no ha llegado toda la pólvora, que está húmeda y que más que cohete, el ingenio económico se parece más a un petardo verbenero que nos puede explotar entre las manos.

Hace poco nos enteramos con cierto estupor de que el crecimiento de nuestra economía en el segundo trimestre del año había sido solo del 1,1% frente al 2,8% esperado, es decir, un 60% menos, a lo que sumamos la caída del -0,6% del primer trimestre, es decir, que en el ecuador del año solo hemos crecido un 0,5%, mientras que las previsiones del Gobierno para 2021 lo sitúan en el 6,5%, con un deflactor del 1,2% por el efecto del aumento de precios.

Haciendo unos números simples, significa que debemos acumular un crecimiento del 6% en la segunda parte del año para cumplir objetivos, algo que parece poco realista.

Por si no fuese suficiente, persiste el elevado desempleo que caracteriza a nuestra economía, un desempleo estructural de país tercermundista en el que no se contabilizan muchos parados que siguen en unos ERTE prorrogados que amenazan con convertirse en ERE o crear una legión de empresas zombis que sobrevivirán gracias a los subsidios hasta que desaparezcan. Además, será necesario que los trabajadores en ERTE reciban formación de no se sabe qué, ni se sabe quién la va a impartir ni quién la va a pagar.

Esto es un suma y sigue, porque la electricidad sí que sube como un cohete y ya hemos superado la barrera de los 200 euros en el mercado mayorista sin perjuicio de que los precios sigan escalando durante varios meses más, afectando a hogares y a empresas que la necesitan por ser un suministro esencial en cualquier actividad económica.

De los combustibles y el gas, es posible que haya cortes de suministro por problemas geopolíticos entre Marruecos y Argelia, de donde España importa el 50% del total; luego está China, que está acaparando algunas de las principales materias primas para garantizar el funcionamiento de sus industrias, como es el carbón, y buena parte del gas que compra nuestro país y que ahora se desvía por la nueva ruta de la seda que hacen los buques metaneros.

Y la traca final de este espectáculo de luces y color que nos prometieron es la inflación al 4%, el doble del objetivo del Banco Central Europeo, que aún dice que es coyuntural a pesar de que la Reserva Federal ya ha reconocido que es estructural y que, en breve, va a iniciar la retirada de estímulos monetarios y subir los tipos de interés.

Una retirada que el BCE tendrá que abordar de forma inteligente porque algunas economías de la Unión Europea, como la nuestra, se encuentran aún en la UCI con riesgo de fallo multiorgánico, mientras el dólar sube con fuerza frente a un euro con muchas incertidumbres, lo que obligará al BCE a bailar el tango del tapering bien agarrado a la Fed.

Por ello, las expectativas de los empresarios acerca del aumento de sus costes anticipan subidas en sus precios que no hacen más que alimentar al monstruo de la inflación en una espiral que se ceba con el poder adquisitivo de las familias y que amenaza con aumentos del gasto público por la subida de las pensiones y los salarios de empleados públicos por el IPC, lo que hará aumentar el déficit estructural que sigue poniendo a prueba las costuras de nuestras cuentas públicas, que siguen aumentando una deuda que ya supera los 1,4 billones de euros. Si Keynes levantase la cabeza se volvería a morir del disgusto.

Nuestra economía necesita más que nunca una viagra que la levante, porque por sí misma no va a elevarse con la suficiente fortaleza, conforme a unas proyecciones, que sin lugar a dudas y ojalá me equivoque, serán revisadas a la baja conforme nos acerquemos al periodo navideño, cuando habrá un Black Friday lleno de rebajas macroeconómicas; aún desconocemos si tendremos un nuevo chute de dopamina antes de que acabe el año, con los dineros que nos habían prometido desde Europa, que mucho me temo que tendrán que ser ejecutados el año que viene, trasladando su efecto sobre el PIB al próximo ejercicio.

Lamentablemente se trata de un jarro de agua fría sobre los pensadores que hacen previsiones con la puntería de una escopeta de feria, y será mejor que nos demos un baño de realidad cuanto antes porque este año hemos suspendido, no hemos hecho bien los deberes y tendremos que repetir curso el año que viene.

Juan Carlos Higueras es analista económico y profesor de EAE Business School