Ley sobre el desperdicio alimentario, una norma esperada y necesaria

Gobiernos y organizaciones internacionales han puesto el foco en reducir al máximo la comida desaprovechada

"La comida no se tira”. Cuántas veces habremos oído a nuestros padres y abuelos decir esta frase. Millones de veces, una por cada vez que hemos estado a punto de tirar comida a la basura. En 2020, en España, el 75,3% de los hogares desperdiciaron comida, y cuatro de cada diez personas dejó comida en el plato en un restaurante, según el informe Desperdicio de alimentos de los hogares en España y Desperdicio de los alimentos fuera de los hogares en España realizados por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Por tanto, la frase del principio tiene que aplicarse en todos los sectores y situaciones en los que se trabaja con comida. También en la restauración.

Gobiernos y organizaciones internacionales han puesto el foco en reducir al máximo el desperdicio de alimentos. Así, entre los 17 objetivos de desarrollo sostenible, varios se comprometen con la mejora de los procesos de la cadena alimenticia. En concreto, el segundo y el duodécimo, comprenden entre sus desafíos la reducción del desperdicio de comida.

En nuestro país, el Gobierno ha asegurado la aprobación este año de una ley contra la pérdida y el desperdicio alimentario. Si bien su contenido no ha trascendido aún, el Ejecutivo publicó en junio de este año una consulta pública que contiene información sobre lo que podremos esperar. Según refleja el documento, la nueva norma se ajustará al cumplimiento del punto 12.3 de los objetivos de desarrollo sostenible y a las conclusiones sobre pérdidas y desperdicio de alimentos aprobadas en el Consejo de ministros de la Unión Europea, en 2016. Tanto el artículo mencionado de los ODS como las Conclusiones del Consejo de ministros de la Unión Europea, tienen como objetivo principal la reducción del despilfarro de comida.

En España encontramos ya un precedente en una ley autonómica en Cataluña. Desde 2020 está aprobada en esta comunidad la Ley de prevención de las pérdidas y el despilfarro alimentarios. El documento define una serie de obligaciones sobre las cuales las empresas de restauración debemos asumir un compromiso notable. Por ejemplo, promoviendo el consumo de productos de temporada, estableciendo programas de educación y ejecutando proyectos específicos para hacer frente al despilfarro.

Esta medida influye directamente en la actividad de las empresas y debemos afrontarlo como parte de nuestro papel en la sociedad. La reducción del desperdicio es un desafío que todas las compañías que trabajamos con alimentos debemos posicionar en lo más alto de nuestras agendas, especialmente las que pertenecemos al ámbito de la restauración colectiva.

En primer lugar, gestionamos grandes volúmenes de alimentos: según la asociación sectorial Food Service España, servimos cuatro millones de menús diarios y damos servicio a más de ocho millones de consumidores. Cada pequeña acción que desempeñemos, generará un impacto muy grande. En segundo lugar, las empresas de restauración colectiva ocupamos una posición privilegiada en la educación alimentaria infantil. Desde nuestro papel en la prestación de servicios de comedor escolar, no solo tenemos la responsabilidad de satisfacer la necesidad biológica de una alimentación adaptada a las necesidades nutricionales de los más jóvenes. También tenemos la oportunidad de trasladar alimentación en valores. Debemos realizar programas divulgativos sobre el papel activo de cada alumno/a en la elección de su alimentación y concienciar en torno a las consecuencias del despilfarro. Es una lástima, por ejemplo, lo estigmatizado que está en España el uso de los tuppers para que los comensales se lleven la comida que les ha sobrado. En nuestra mano estará hacer saber a los usuarios que disponen de estos recipientes y que aprovechar esta medida no es un síntoma de tacañería, sino un símbolo de compromiso social, que ayudará a reducir el desperdicio. Es una medida rudimentaria, pero, sin duda, muy eficaz.

Por último, es parte de nuestra propia gestión como compañías de alimentación implementar una gestión eficiente de nuestros recursos y materias primas, recurriendo no sólo a nuestra experiencia, buenas prácticas y buenas intenciones, sino adaptándonos constantemente a las posibilidades que nos ofrecen la innovación y la tecnología.

Por ejemplo, se pueden activar alianzas con aplicaciones de aprovechamiento de alimentos, que ofrecen a sus usuarios la posibilidad de consumir alimentos a precios muy asequibles y que, de otro modo, se desecharían. En un plano más industrial, la incorporación de maquinaria que permita conservar los alimentos frescos más tiempo, o incluso, en un terreno por desarrollar, la activación de analítica de datos para predecir la demanda y adquirir solo las materias primas que se van a consumir.

Como parte de nuestro compromiso en el cumplimiento de la Agenda 2030 y los ODS, consideramos esencial el papel de las empresas de alimentación para reducir el consumo alimentario a estrictamente lo necesario. Por otra parte, se deben intensificar alianzas con ONGs y bancos de alimentos para reaprovechar los excedentes en la medida de lo posible, así como fomentar la colaboración público privada para hacer llegar esos alimentos a quienes más los necesitan.

Del mismo modo, también hay una parte individual que podemos cumplir todos. Le invito a prestar atención a la comida que tira para tener una percepción real de su actividad a la hora de tirar alimentos. Garantizar una alimentación igualitaria, saludable y sostenible es un gran reto global, y solo podremos darle respuesta eficaz desde un enfoque igualmente universal.

Alejandra González es directora de Calidad y Sostenibilidad de Grupo Mediterránea