Un último tramo del año con curvas, pero con confianza

Las buenas perspectivas macro y el alto grado de liquidez en el sistema auguran estabilidad en los mercados, pese a los focos de incertidumbre

Los mercados financieros parecen adaptarse con razonable calma y no poco sentido común (cabría decir, de momento) a las noticias e incertidumbres con las que abrimos no solo la temporada financiera de otoño 2021 sino, lo que es más importante, la rampa para el siempre relevante último trimestre del año.

La realidad es que los focos de incertidumbre, a día de hoy, son muchos y variados. Algunos tienen un sentido eminentemente estratégico: en esa línea, probablemente, lo más relevante sea dilucidar qué forma tomará finalmente la normalización monetaria en EE UU y, seguidamente, en Europa. Dicho de otro modo, cómo se hará el tapering. Esto puede tener mucha influencia en el comportamiento de las curvas de deuda y, por ende, en la asignación de activos. No obstante, el mercado muestra un grado de confianza notable en los bancos centrales. Hablando en román paladino, no se espera ningún resbalón, más bien al contrario: hemos comprado el argumento del BCE y la FED de inflación alta pero transitoria, y acompañamiento de los organismos monetarios a la economía…hasta el fin de los días.

La idea que subyace en la mente del mercado esque las autoridades monetarias, la FED o el BCE especialmente, no nos han traído hasta Normandía para dejarnos morir a la vista de las playas. No parece que esté en su interés provocar una crisis de deuda masiva, eliminando de golpe el sostenimiento a las deudas nacionales o (incluso) empresariales. Pero tampoco parece lógico mantener unos programas billonarios con crecimientos del PIB muy relevantes e inflaciones más propias del mundo previo a Lehman Brothers. El camino para salir de esta situación dicotómica va a exigir no poca pedagogía por parte de los bancos centrales.

El otro punto de incertidumbre lo tenemos en China. El gigante asiático sigue comportándose como un invitado necesario, pero incómodo en la cena de las finanzas mundiales: demasiado poderoso para no ser relevante, demasiado opaco para ser de confianza. Seguimos muy pendientes de la resolución del caso Evergrande, un shock del que aún desconocemos su verdadero impacto sobre los mercados. Parece poco probable que se convierta en lo que, con tal vez algo de grandiosidad, se ha denominado un nuevo Lehman. Adelantar la posibilidad de un nuevo Lehman, probablemente y perdonen eljuego de palabras, elimina la eventualidad de que pueda suceder un nuevo Lehman: cuando ocurra esto de verdad, será impredecible o casi, como lo fue en 2008. Por lo demás, si bien es cierto que China tiene una influencia decisiva sobre la economía mundial, no lo es tanto que las finanzas mundiales dependan del crédito inmobiliario en el gigante asiático. En ese sentido, el contagio parece, a priori, razonablemente difícil, si al final se produce un colapso de la descomunal inmobiliaria asiática.

Aparte de todo ello, la geopolítica sigue siendo relevante: estamos pendientes de la formación de un nuevo gobierno en Alemania, tras un resultadode las elecciones que suponen la retirada de nada menos que Ángela Merkel. Además, y volviendo a Asia, las tensiones con China se mantienen vivas. En esa línea habría que enmarcar la nueva alianza AUKUS (Australia, Reino Unido, EE UU) que, esta vez sí, ha trasladado su tensión a Europa vía Francia, maltratada a cuenta de la no materialización de un mega contrato militar para la fabricación de submarinos para Australia. Un tema, por cierto, interesantísimo, que deja claro dónde están los nuevos focos de poder mundiales. Una pista: no están en el Viejo Continente.

Todos estos temas, sin duda relevantes, quedan matizados por dos realidades básicas: la primera, que la pandemia, aunque aún presente, se da por superada, desde el punto de vista económico. La segunda, que la recuperación económica es un hecho y, además, va a continuar siendo pujante durante bastantes meses, apoyada por los fuertes programas en curso de estímulo fiscal y monetario. Es decir, el marco general resulta muy positivo…salvo involución imprevista de una nueva variante Covid o, como siempre decimos, aparición de un cisne negro.

En ese sentido, la verdad desnuda es que nos debatimos entre unos mercados cuya valoración se mantiene asistida por el oxígeno de los citados estímulos (que mantienen el pulso del crecimiento y, al mismo tiempo, los tipos de la deuda muy bajos) y unas economías cuya tendencia debería ser que cada vez menos demanden esa tutela. Ello origina un pequeño diferencial en nuestro pensamiento estratégico, que conviene gestionar razonablemente. Y en ello estamos.

Por todas estas causas, los mercados parecen conducirse con relativa confianza por una carretera muy sinuosa. La razón de esta confianza, sin duda, está en la visibilidad macroeconómica, que ha hecho desaparecer las nieblas del camino, y en un grado de liquidez presente en el sistema, realmente astronómico, que ejerce la función de un depósito lleno de combustible.

Ello no obsta para que, en algún momento, tengamos que parar nuestro auto para descansar. Hablamos de la famosa y posible corrección. De hecho, es algo que tiene todo el sentido, aún sin que Evergrande o la geopolítica nos obliguen a frenar. Pero lo relevante, que el coche está bien, que tenemos gasolina y que no hay niebla, son variables demasiado importantes como para ser dejadas de lado. En ese sentido, con toda la prudencia que se debe tener siempre al volante, especialmente en este caso con las curvas (de deuda), razonable confianza en que el viaje, a medio plazo, debería llegar a su destino. Destino que, por cierto, se llama normalización.

Pedro del Pozo es Director de inversiones financieras en Mutualidad de la Abogacía