Cuando llega la dana o Filomena, el precio del pan sube

Greenpeace analiza cómo los eventos climáticos influyen en el IPC

Alimentación y bebidas, los más expuestos a altas temperaturas

Protestas ambientalistas BCE
Escultura de hielo como acción protesta frente a la sede del BCE en Fráncfort. Greenpeace

Cuando el clima habla, sube el pan. Esta expresión, en principio siempre figurada, pasa a tener un sentido absolutamente literal cuando se refiere a los fenómenos meteorológicos extremos que, de un tiempo a esta parte, vienen a constatar el calentamiento global.

Este mismo año, Canadá rozaba los 50 grados, Nueva York se inundaba, Grecia y Turquía ardían, mientras que Centroeuropa se ahogaba en lluvias. Catástrofes naturales que han evidenciado la sospecha: grados (de temperatura) y euros (o precios) van de la mano.

Greenpeace lo ha confirmado científicamente en su estudio reciente El precio de la vacilación: cómo la crisis climática amenaza la estabilidad de precios y qué debe hacer el BCE al respecto”, centrado en países de la UE.

Por eso, cada vez son más las voces que desde la ciencia instan a intervenir. Para Marta Marcos, científica del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea), centro mixto formado por la Universidad de las Islas Baleares (UIB) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), “hablar de promedios genera confusión y, a la vez, tranquilidad a la hora de fijar plazos de acción. La trascendencia de medio grado no cala, cuando es obvio que esto no sería tan grave si siguiéramos con medias de la época preindustrial. Por no hablar de lo caro que sale el no poner freno a tanta catástrofe”, indica.

La ciencia insta al BCE a intervenir para evitar el impacto del clima en la cesta básica

“Hemos demostrado de forma empírica que no habrá estabilidad económica si no la hay ecológica. Y puesto que los eventos naturales son diversos, también su repercusión en los precios. En Alemania, la devastación y la bajada del nivel de agua ha producido cuellos de botella para los materiales de construcción, menos posibilidad de carga de los barcos (alza del coste logístico) y menos potencia en las centrales hidroeléctricas y, por tanto, el encarecimiento de esta energía”, asegura por correo electrónico Mauricio Vargas, experto financiero de Greenpeace Alemania y autor del documento junto a expertos de SOAS –escuela de la Universidad de Londres especializada en Asia, África y Oriente Medio y Próximo– y del Instituto Alemán para la Investigación Económica de Berlín.

Respuesta del BCE

Los especialistas de SOAS Yannis Dafermos y Ulrich Volz creen que “como guardián de la macroeconomía europea, el BCE falla en ambición en este reto que no puede afrontar en solitario”. Alineado con esta idea, Vargas insiste en que faltan herramientas basadas en criterios climáticos y en que, como primera medida preventiva, “habría que excluir a las compañías que trabajan con combustibles fósiles”.

Del lado financiero alguna respuesta ha habido, aunque insuficiente para todos los participantes entrevistados para el informe. A principios de verano, Christine Lagarde, presidenta del BCE, reconocía “la necesidad de medir el impacto del cambio climático en la inflación, en los tipos de interés y en el valor y riesgo de los activos”.

Los fondos pueden presionar a las empresas sin planes creíbles de descarbonización

No obstante, la creencia latente es que la revisión estratégica que se está realizando no surtirá efecto hasta 2022 al menos. Chocante, cuando el límite establecido por el Acuerdo de París para evitar que los impactos del calentamiento no fueran catastróficos era que la temperatura no se incrementase en 1,5 ºC antes de fin de siglo. Una barrera que, según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), rebasaremos ya en 2050.

Ante esto, Alexander Kriwoluzky, profesor de Macroeconomía en la Universidad Libre de Berlín, manifiesta que los bancos centrales y comerciales deben ir más allá de las herramientas de modelado estándar usadas hasta ahora. También advierte, como sus compañeros, de que los planes para crear carteras más alineadas con el clima pueden incluir modos de detección arriesgados que presionen a las empresas contaminantes sin planes de descarbonización creíbles.

Los autores del estudio han optado por diferenciar el análisis de los cuatro países más grandes de la zona euro: Francia, Alemania, Italia y España, durante el periodo comprendido entre 1996 y 2021. Entre las conclusiones comunes, siempre alimentación y bebidas son los que sufren alzas de precios más fuertes.

“En todo caso, hablamos de efectos aún pequeños aunque significativos, como explicamos en el informe, porque Europa no ha padecido tantos desastres naturales, de ahí que les sorprendiera nuestra métrica estadística. Una trascendencia relativa aunque maliciosa, puesto que al afectar al bolsillo duele más, y que, sin duda, irá creciendo como ya se ve”, anuncia Vargas.

Otros estudios

Por dos. En 2012, la ONG internacional Oxfam encargó al Instituto de Estudios de Desarrollo (Reino Unido) calcular el efecto de “una meteorología cada vez más intensa” en los precios nacionales y de exportación de las principales materias primas en 2030. ¿La conclusión? Los alimentos básicos podrían costar el doble. Un incremento que casi la mitad tendría su origen en los cambios de las temperaturas medias y los regímenes de lluvias. “El maíz, un 177% de alza; el trigo, un 120%, y el arroz, un 107%”, reza el informe Extreme Weather Events and Crop Price Spikes in a Changing Climate.

Hambre. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la escalada de los precios de los alimentos es “una cuestión de vida o muerte para las personas que viven en países en desarrollo, que llegan a gastar hasta el 75% de sus ingresos en la comida”, según su publicación El estado de los mercados de productos básicos agrícolas de 2018.

Maridaje. Un año después, el trabajo Finanzas y medioambiente, realizado por la escuela de finanzas Afi, resaltaba las crecientes conexiones entre tales ámbitos. “Como al sincronizar vino y comida, explicábamos al presentarlo”, comenta Ricardo Pedraz, recordando su participación. “No es casual que se esté produciendo champán francés en el sur de Reino Unido o que Freixenet ya cultive en el Prepirineo, por poner dos ejemplos”.

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