Ante las subidas de la luz: autoconsumo

A la Administración no se le piden subvenciones, sino una regulación homogénea y clara que permita dejar atrás la eterna burocracia

Verás cuando nos llegue la factura…” es una frase que se ha repetido hasta la saciedad en los hogares españoles en los últimos meses. Las recientes subidas del precio de la luz y la entrada en vigor de las nuevas tarifas con discriminación horaria han generado un clima de incertidumbre e incluso miedo alrededor del consumo energético. Y no es de extrañar. El mercado de la luz siempre ha sido el gran desconocido para el público general, quien únicamente sabe cuánto debe abonar a final de mes. Por eso, paradójicamente, intentaremos arrojar algo de luz sobre este tema y desgranar las causas de estas repetidas subidas de las tarifas.

En primer lugar, es esencial entender cómo funciona este sector y cómo se determinan los precios. El mercado diario de la luz es el que fija los precios de la electricidad en nuestro país. El pool eléctrico es esa gran piscina a la que las compañías generadoras de energía lanzan diariamente sus ofertas para el día siguiente con el fin de satisfacer las necesidades del mercado. Tras una subasta diaria en la que se enfrentan la oferta y la demanda, se establece el precio marginal, según la oferta más cara propuesta para atender a la demanda de ese día. Una mecánica que se repite en la mayoría de los mercados europeos. Este pool, sumado a una serie de componentes adicionales regulados como son impuestos y peajes, determina la tarifa eléctrica que llega a los consumidores.

Una vez detallado el funcionamiento del sector, es más sencillo comprender por qué las tarifas han tomado esta tendencia al alza. Estas cifras récord registradas en las últimas semanas se deben al mercado del gas, y es que el precio de este se sitúa ya por encima de 39 euros/MWh, según el Mercado Ibérico del Gas (Mibgas). Con unos precios tan elevados, el coste por combustible necesario para producir electricidad se dispara. Si tenemos en cuenta que se necesitan aproximadamente 2 MWh de gas para producir 1 MWh de electricidad, las cuentas son más que claras. Además, a estos precios debemos sumarle los derechos de emisiones de CO2, una medida impulsada por la Unión Europea para tratar de reducir las emisiones de carbono que, sin embargo, se ha convertido en una gran losa que recae en última instancia sobre el consumidor.

Ante este panorama debemos ser rea­listas: no es de esperar que los grandes agentes, que están saliendo beneficiados de esta situación –y que son quienes tienen el poder de revertirla–, vayan a hacerlo en el corto o medio plazo. De hecho, se espera que el precio de la luz se mantenga en los niveles actuales o superiores en lo que resta de año e incluso hasta 2023. Sin embargo, este modelo, con sus ventajas y desventajas, no es algo donde los particulares tengan poder de influencia; reformarlo sería un cambio estructural de gran magnitud que costaría años llevar a cabo, por eso es vital encontrar soluciones a nuestro alcance.

Ya que no podemos confrontar este modelo de forma directa –al menos en el futuro más inmediato–, ¿con qué vías cuenta el consumidor para afrontar estas altísimas tarifas? Actualmente solo existen dos vías para lograrlo: en primer lugar, debemos controlar al máximo nuestro consumo energético, cambiar nuestros hábitos y hacer un uso responsable de los recursos, lo cual es además altamente recomendable dada la crisis climática que atravesamos. Por otro lado, debemos buscar la forma de independizarnos del sistema: cuanto menos dependamos de la red, menor será el impacto de los vaivenes del mercado en nuestra factura. Aunque suene utópico y rebelde, es mucho más sencillo de que lo parece.

Alternativas como el autoconsumo solar residencial permiten a los consumidores obtener esta independencia de los precios de la red y, así, producir energía limpia y barata desde sus propios tejados. Este tipo de sistemas ofrece precios de producción propia de entre 5 y 10 céntimos/KWh, muy por debajo de lo que se puede encontrar en el mercado o a través de cualquier comercializadora, por lo que, hasta con la actual tendencia al alza de las tarifas eléctricas, se podrían alcanzar facturas de la luz mucho más razonables, propias de 2020 o incluso inferiores.
No obstante, aunque como individuos tengamos ciertas alternativas, aprovecho para hacer un llamamiento a las administraciones, que defienden una transición energética con la sostenibilidad en el punto de mira. Necesitamos su ayuda para acelerar este proceso: si realmente buscan convertir nuestro modelo energético en un sistema sostenible y justo deben escuchar y apoyar al sector de las energías renovables.

Para ello no es necesario realizar grandes inversiones de dinero público en, por ejemplo, subvenciones a las instalaciones de autoconsumo solar. Lo que reclamamos desde el sector del autoconsumo es una regulación homogénea y clara en todo el territorio, basada en declaraciones responsables, que nos permita dejar atrás los eternos trámites burocráticos. En Estados Unidos ya se habla de agilizar procesos para obtener estos permisos en una semana, incluso de forma inmediata en algunos casos. En España, estamos en 14 semanas de media, frente a otros mercados europeos como Polonia, donde se tarda menos de una semana en obtener la luz verde administrativa.

Paralelamente, necesitamos una tramitación de la compensación de excedentes rápida y eficaz. Tal y como la CNMC logró que las operadoras de telecomunicaciones gestionaran los traspasos de líneas en tan solo 10 días, acabando con el abuso de algunos operadores en estos procesos, la compensación de excedentes de autoconsumo solar debería tener unos plazos claros y fijos, con penalizaciones para cualquier agente, distribuidora o comercializadora que no los cumpla. Solo de esta forma podremos seguir avanzando para hacer de la energía un sector transparente, justo y sostenible.

Íñigo Amoribieta es CEO de Otovo España