Mucho ruido y pocas nueces

Si somos capaces de convivir con la volatilidad del corto plazo, invertir en un puñado de buenas compañías siempre será una buena idea

La llegada del verano, además de dejarnos las temperaturas propias de la estación, ha traído consigo cierta volatilidad al mercado y cambios en algunas de las dinámicas que veníamos observando a lo largo del año. Más allá de que asociemos esta época con mercados algo más agitados y con menos volumen, la irrupción de la variante delta, que ha disparado el número de contagios en Reino Unido primero, y que se está extendiendo al resto de países de nuestro entorno, parece estar detrás de los movimientos más erráticos de las Bolsas durante las últimas semanas. El recorrido alcista hasta ahora había sido muy plácido y, en buena medida, los precios ya recogían las mejores perspectivas sobre el crecimiento económico y los resultados empresariales, lo que ha ayudado a que un evento al que se le asignaba una baja probabilidad haya tenido cierto impacto en la evolución de los activos de riesgo. La realidad que apreciamos, cuando un porcentaje muy alto de la población en países desarrollados está ya vacunado, es que el número de hospitalizaciones sigue bajo control, lo que debería ayudarnos a no retroceder en la reapertura de las economías. Esta parece ser la sensación general del mercado, y es que, aunque ha habido caídas puntuales, estas se han recuperado con mucha rapidez.

Por otro lado, muchos estrategas empiezan a pronosticar la entrada de la economía global en una fase intermedia del ciclo de recuperación, lo que significa dejar atrás el pico de crecimiento y pasar a una fase de normalización, tanto de este crecimiento como de las políticas monetarias y fiscales. En lo que respecta a la política monetaria, los bancos centrales están siendo muy activos a la hora de comunicar la transición hacia una política monetaria menos acomodaticia. La Reserva Federal, por ejemplo, empieza a dar señales sobre una gradual rebaja en su programa de compra de activos. En Europa, cabría destacar el cambio de estrategia realizado por el BCE durante el mes de julio, que situó el objetivo de inflación en el 2% a medio plazo, pero con un compromiso “simétrico”. El BCE hace énfasis en la simetría del objetivo y minora el riesgo de actuar demasiado pronto en caso de que veamos la inflación por encima del 2%. En cualquier caso, pensamos que este proceso de cambio en las circunstancias económicas podría generar inquietud a futuro.

Si nos centramos en las dinámicas que veníamos observando durante el año en renta variable, hemos asistido a mucha alternancia entre el comportamiento de sectores de crecimiento o growth y sectores ligados a la recuperación o value. El liderazgo durante el año había sido para las acciones ligadas a la reapertura de la economía, sin embargo, el temor a una ralentización en el ritmo de recuperación está lastrando el comportamiento de estos sectores en las últimas semanas, y vuelven a brillar las compañías con mayor componente de crecimiento. Esta divergencia llevada al ámbito regional hace que Europa, con un peso superior en compañías cíclicas, se haya quedado algo rezagada, mientras que Estados Unidos sigue estando muy cerca de sus máximos históricos. El movimiento, visto en números, no es preocupante. El Euro Stoxx 50 mantenía a mediados de junio ganancias del 17% en el año, que se han diluido hasta el 14% actual. El impacto es más significativo en el Ibex 35, que llegó a subir un 15% en su mejor momento, para quedarse en alzas del 7% hoy.

En renta fija, la volatilidad ha estado impulsada por el debate sobre la inflación y su impacto en los tipos de interés. En Estados Unidos, donde el fenómeno inflacionario es más evidente, el bono americano a 10 años repuntó hasta niveles del 1,75% en marzo, cuando las expectativas de inflación se dispararon. Sin embargo, cuando la inflación general ha alcanzado lecturas del 5% en mayo y del 5,4% en junio, en términos anualizados, la rentabilidad del bono americano ha caído hasta niveles cercanos al 1,25%. Cuanto menos, curioso.

Por ahora, estos factores macroeconómicos están dirigiendo los movimientos del mercado sin demasiadas consecuencias, aunque nos parecería lógico que las Bolsas pudieran tomarse cierto respiro después de la subida tan vertical que llevamos en el año. En este sentido, tenemos implementada una estrategia de coberturas que pudiera protegernos en caso de que se diera este escenario en lo que queda de verano. En cualquier caso, el mercado hará lo que le dé la gana, y, de hecho, tiende a hacer lo que más duele, de ahí la importancia de mantener una cartera diversificada, y asentada sobre diferentes temáticas, que ha sido clave para navegar con éxito los vaivenes del año.

Estas semanas nos han dejado la imagen de Richard Branson y Jeff Bezos viajando al espacio, en una extravagante carrera por la promoción del turismo espacial –quizás pronto, una playa paradisíaca nos sepa a poco-. Sin entrar en las implicaciones específicas, nos muestra las posibilidades y beneficios que ofrece apostar por el desarrollo económico y el ingenio humano. En clave de mercado, y si somos capaces de convivir razonablemente bien con la volatilidad del corto plazo, invertir en un puñado de buenas compañías siempre será una buena idea para captar el crecimiento del mundo a largo plazo.

Manuel Rodríguez Torrecillas es selector de fondos de renta fija en Abante