Llega la hora del hidrógeno verde

Será una pieza clave en la descarbonización: ¿cómo lograr su despegue definitivo?

La carrera para conseguir una economía de cero emisiones ha comenzado y no actuar a este respecto ya no es una opción. La reciente aprobación en el Congreso de los Diputados de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética es una clara muestra de que nos encontramos en una vía de no retorno, y el debate ahora ya no se centra en la descarbonización, sino en la velocidad a la que nos movemos para conseguirlo.

En este objetivo, el hidrógeno puede jugar un papel clave. ¿Por qué?

Sus características lo convierten en una fuente de energía limpia para el almacenamiento de energía a largo plazo, la calefacción industrial, los fertilizantes, los productos químicos, la fabricación de acero y el transporte. Además, puede resolver desafíos en los que ni la electrificación ni las alternativas más convencionales bajas en carbono son una opción viable.

Los análisis apuntan a que no será hasta 2030 cuando el hidrógeno verde esté preparado para jugar un papel significativo en Europa. Esto se debe a varios factores. El primero, que alrededor del 40% del coste del hidrógeno depende del precio de la electricidad; en segundo lugar, el transporte del hidrógeno sigue siendo un desafío por sus altos costes; y, por último, debe producirse con electricidad procedente de fuentes renovables para evitar que aumente la emisión de dióxido de carbono.

No obstante, ya podemos trabajar en conjunto para facilitar su afianzamiento y que pueda desempeñar un papel clave en la cadena de valor de numerosas industrias en todo el mundo. ¿Cuáles deben ser los primeros pasos para que esto suceda? 

Impulso político
El despliegue inicial del hidrógeno depende, en gran medida, del apoyo político –tanto regulatorio como financiero. No se necesita que el hidrógeno pueda competir mano a mano con las alternativas convencionales desde ya, sino contar con un marco estable para las inversiones que permita lograr las economías de escala que faciliten su mayor implantación a futuro. Por ello, los Gobiernos deben tomar cartas en el asunto. Un ejemplo es el paquete de recuperación de 750 millones de euros de la UE que dentro de su Acuerdo Verde se compromete a impulsar una economía de hidrógeno limpia en Europa.

Debemos aplicar las lecciones aprendidas de otras industrias que se desarrollaron gracias al apoyo público y a los marcos regulatorios, como las energías renovables. En este sentido, es necesario lograr una evolución a la baja en términos de costes para garantizar la mejor relación calidad-precio para los contribuyentes y la asequibilidad general.

Superar la barrera del coste
El coste es todavía el mayor reto del hidrógeno verde y todos los agentes involucrados debemos trabajar conjuntamente para superarlo.

La generación de hidrógeno es un proceso intensivo en energía que necesita mucha electricidad de bajo coste y, preferiblemente, de fuentes renovables. En concreto, el hidrógeno comprimido tiene significativamente una densidad de energía mayor que las baterías de litio, pero, para crearlo, se necesita más electricidad de la que puede almacenar.

El desarrollo de la tecnología para la producción, el almacenamiento y el transporte requerirá una gran cantidad de capital, en un momento en el que el mundo intenta recuperarse de una profunda recesión. Por ello, la mejora de la eficiencia de los procesos debe ser una prioridad.

Sin embargo, hay motivos para el optimismo, ya que los ejemplos recientes de paneles solares y generadores de turbinas eólicas han sentado un precedente exitoso que, con suerte, puede replicarse también en este campo.

Financiación
Parte de ese trabajo requerirá la inversión del sector privado y, de hecho, el interés de las instituciones financieras está creciendo en una industria que alcanza ya los 117.500 millones de dólares (100.000 millones de euros). Actualmente, la financiación de proyectos de hidrógeno verde tiene más sentido desde el punto de vista económico cuando puede sustituir al hidrógeno gris que se utiliza en los procesos industriales. Es decir, cuando ya existe un comprador de hidrógeno y se pueden emplear los flujos de caja futuros para definir una estructura de financiación que sea financiable.

La industria de los fertilizantes y las refinerías utilizan hoy en día hidrógeno gris y necesitan ecologizar sus actividades, por lo que son unos firmes candidatos para adoptarlo. Ya hay varios proyectos en marcha en toda Europa y, de hecho, en los últimos dos años, Shell e Iberdrola han anunciado desarrollos de hidrógeno verde, en Alemania y España respectivamente, que alimentarán las plantas industriales existentes.

La pandemia podría haber frenado la ambición de lograr una economía de cero emisiones, pero, en cambio, la ha acelerado y en los últimos meses estamos viendo un impulso sin precedentes. Está claro que la descarbonización es un objetivo compartido y, si conseguimos la colaboración de todos los agentes involucrados y el impulso político necesario, será más fácil superar los obstáculos que se presenten en el camino.

Wafaa Ermilate es directora de energía e infraestructuras de ING Iberia