Las monedas digitales de los bancos centrales aplastarán a los comerciales

China quiere usar el criptoyuán para desplazar al dólar como divisa de reserva, y EE UU tendrá que responder

Representación de la criptodivisa Ethereum, junto a un dólar.
Representación de la criptodivisa Ethereum, junto a un dólar. reuters

Hace tiempo, los bancos centrales se aseguraron el monopolio de la emisión de papel moneda. Ahora el dinero físico está en declive terminal. Pero las autoridades no tienen intención de permitir que las criptomonedas llenen el vacío sin luchar, y están respondiendo con sus stablecoins. Estas monedas digitales de bancos centrales, o MDBC, podrían convertirse en la innovación financiera más revolucionaria desde, bueno, el papel moneda.

A diferencia del bitcóin y demás, una emitida por un banco central cumple todas las funciones tradicionales del dinero. Es de curso legal, y puede usarse para saldar deudas y pagar impuestos. Mientras que las criptodivisas son enormemente volátiles, difíciles de negociar y a veces arriesgadas de almacenar, las MDBC deberían de tener el mismo valor que un billete, ser cómodas de usar y seguras de almacenar. Powell, Lagarde y otros banqueros centrales subrayan que sus fichas digitales son una forma de dinero “de confianza”, respaldado por el pleno crédito del emisor soberano.

La mayoría de los bancos centrales están examinando de cerca el potencial de las monedas digitales. Varios países, como Suecia y China, ya se han embarcado en planes piloto; la Fed de Boston está trabajando con el MIT, y el dólar de arena de Bahamas, lanzado en octubre, pretende ser la primera moneda digital operativa del mundo.

Hay muchas razones para emitir una MDBC. La economía digital requiere un dinero a su semejanza. En Suecia, el uso del dinero físico se ha vuelto tan intermitente que muchos comercios ya no lo aceptan (el miedo al contagio de Covid lo ha acelerado).

Como el papel moneda es, en la práctica, un préstamo gratuito de sus poseedores al Estado, los Gobiernos han salido perdiendo. Sus monedas digitales deberían ayudar a recuperar el señoreaje perdido, y pueden combatir la amenaza al monopolio del Estado que suponen las criptomonedas y libra, el estancado proyecto de Facebook.

Quedan muchas cuestiones por resolver sobre cómo deben diseñar los bancos centrales sus monedas digitales. Por ejemplo, ¿deben utilizar un libro de contabilidad distribuido o mantener un sistema de liquidación centralizado? ¿Deben las criptomonedas pagar intereses o no? ¿Debe el banco central relacionarse directamente con el público u operar solo a través de intermediarios? También se está estudiando el grado de privacidad de los usuarios y si debe haber un límite de volumen para las tenencias individuales.

Cómo se resuelvan estas cuestiones tendrá enormes consecuencias. Digamos, por ejemplo, que se decide remunerar a los propietarios del efectivo digital. Algunos economistas verían con buenos ojos la posibilidad de imponer tipos negativos. Pero una moneda digital que paga un tipo competitivo desviaría los depósitos de los bancos. Las entidades comerciales podrían debilitarse, igual que internet destruyó el modelo de negocio de las telefónicas tradicionales y las páginas amarillas. Las redes de tarjetas de crédito también podrían verse alteradas por un sistema de pagos MDBC más barato y eficiente. Visa podría ser el próximo Blockbuster.

Una revolución bancaria así tendría ciertas ventajas. Los bancos comerciales son instituciones apalancadas e intrínsecamente frágiles. La casi quiebra de RBS en 2008 estuvo a punto de hacer caer el sistema de pagos británico. Si los ahorros se mantuvieran en una moneda digital del banco central, el sistema financiero podría ser más resistente. Pero si los bancos perdieran sus depósitos, no podrían conceder préstamos y los bancos centrales podrían verse obligados a entrar en el negocio. Sin duda, muchos políticos agradecerían la oportunidad de dirigir los ahorros a través de un banco central a sus proyectos favoritos, ya sea la inversión en energía verde o una renta básica. Pero la economía suele resentirse cuando el Estado se hace cargo de la asignación del capital.

El dinero es la libertad acuñada, escribió Fiódor Dostoievsky en Recuerdos de la casa de los muertos. El dinero digital puede esclavizar a un pueblo. Jay Powell ha declarado que una moneda rastreable no funcionaría en EE UU. China no tiene esos reparos. El yuan digital está destinado a convertirse en la piedra angular de su estado de vigilancia, con su sistema de créditos sociales y su red de cámaras de reconocimiento facial. Puede que no esté muy lejos el día en que a un transeúnte de Chongqing se le descuente automáticamente una multa de su cartera digital. El Partido Comunista Chino ya acepta cuotas mensuales en yuanes digitales.

En otros aspectos, el capitalismo rojo de Pekín se adapta perfectamente a las monedas digitales. Ya controla su sistema bancario y dirige en gran medida cómo se asigna el crédito. Si una gran parte de los ahorros de los hogares abandonara los bancos para ir a la oferta electrónica del banco central, las autoridades podrían simplemente devolver el dinero a las entidades controladas por el Estado o dirigirlo a otra parte. Nada sustancial habría cambiado. El yuan digital también reforzará los controles de capital.

Pero Pekín tiene ambiciones mayores. Lleva mucho tiempo denunciando el papel del dólar como reserva mundial. Washington utiliza su influencia sobre los pagos internacionales para imponer sanciones a autoridades chinas, ya sea por su trato a los uigures o por su interferencia en Hong Kong. Si el yuan digital se usara a través de las fronteras, Pekín tendría una forma de evitar las sanciones de EE UU. Es concebible que China exija su nueva moneda electrónica en el comercio exterior y fomente su adopción por parte de los países clientes apoyados por la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

La Fed se enfrenta al dilema del innovador. Prefiere el statu quo, pero el yuan digital amenaza el dominio estadounidense del sistema monetario. Si se desplaza al dólar, el rendimiento de los bonos de EE UU inevitablemente subiría, dejando a los ciudadanos del país inevitablemente en peor situación. A Washington no le queda más remedio que emitir su propia criptomoneda, pero como ha advertido Powell en repetidas ocasiones, diseñarla adecuadamente será crucial.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías