Pol Morillas: “Un ‘think tank’ debe estar abierto a la sociedad”

Defiende que se debe de dotar a la sociedad de herramientas de análisis de calidad

Pol Morillas: “Un ‘think tank’ debe estar abierto a la sociedad”

Su perfil está a medio camino entre la investigación y la actividad política. Politólogo, ha sido asesor en el Parlamento Europeo, además de profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona, en Blanquerna y en Esade. Pol Morillas (Barcelona, 1982) accedió a la dirección del Barcelona Centre for International Affairs (Cidob) tras ejercer como investigador del think tank. Su objetivo: hacer que los desafíos internacionales lleguen a la sociedad.

¿Cómo adquiere prestigio un think tank?

En primer lugar, es importante por la calidad de sus análisis y la pertinencia de sus temas. También se gana con la independencia, que permite una capacidad de análisis crítico, pero informado al mismo tiempo. Un centro de desarrollo de calidad debe de tener ese anclaje en la calidad y relevancia, pero también en la independencia.

¿Cómo han evolucionado los laboratorios de ideas?

Tradicionalmente, han sido los conectores entre el conocimiento y la política, pero se debe de ir un paso más allá y conectar con la sociedad. No son solo los políticos quienes necesitan conocimiento informado y preciso, también es la sociedad quien lo demanda, y debemos estar abiertos a ella. La política se ha vuelto más compleja, por ello es necesario que haya correas de transmisión que no se queden en un ámbito elitista y busquen preocupaciones ciudadanas.

¿Permite esto medir su independencia?

Aquí entra la cuestión de la financiación, que para un buen funcionamiento debería ser plural. Es importante que un think tank revierta en producción intelectual hacia sus financiadores, pero que también tengan en cuenta esos financiadores que están sujetos a dinámicas sociales. Del mismo modo, los grupos de pensamiento deben informar también a aquellos que juzgan la actividad de esos inversores públicos o privados.

¿Ante qué retos de gestión se puede encontrar una organización como Cidob?

En España, un reto permanente es la escasa dedicación y desarrollo financiero hacia esta esfera. Otro reto es la creciente complejidad de la agenda internacional, donde es difícil tener capacidad de análisis detallado en cada cuestión a causa de la limitación de recursos. Además, es creciente la tendencia de que los financiadores pidan proyectos muy específicos. Esto hace que los grandes temas que condicionan sus resultados queden fuera del estudio. Debemos evitar que los centros de pensamiento se constituyan en consultorías.

¿Cómo es esta investigación en España?

La investigación en ciencias sociales en España ha sido tradicionalmente minusvalorada en comparación con otras áreas, donde hay mayor conexión entre el sector privado y la investigación científica. Ocurre en un momento de desarrollo y transformación social en el que se requiere de inversión para dotar a la sociedad y a la política de herramientas de análisis.

¿Qué competencias valoran cuando buscan investigadores?

Depende mucho del proyecto en cuestión. Es cierto que cada vez se necesita más cierta transversalidad en las áreas de conocimiento y una mayor conexión entre ellas. Aumenta continuamente la demanda de que los proyectos de investigación sean representados por múltiples disciplinas. Hay una tendencia hacia la interconexión, por lo que también se convierte en nuestra tarea fomentarlo y buscamos perfiles que vengan de disciplinas muy diversas.

¿Qué métodos de análisis se llevan a cabo para este tipo de proyectos?

En las ciencias sociales ha habido un desarrollo que ha tendido en los últimos años a considerar como válida una investigación basada en grandes bases de datos, de nivel cuantitativo y estadístico. Esto ha provocado que el conocimiento en esta área se haya ido haciendo cada vez más pequeño y experto en cuestiones muy concretas, pero no necesariamente en temas más transversales o relevantes. En economía, hace muchos años que esto es así, pero también en ciencias políticas. En Cidob es algo que tratamos de evitar, nuestra investigación no es solo buena porque esté basada en macrodatos que informan el análisis. Una buena investigación debe ser cualitativa, holística, abierta, entendiendo las complejidades de la toma de decisiones y los múltiples condicionantes que existen. Esto no se puede hacer únicamente con una base de datos muy específica o anclada en un ámbito muy concreto. Por suerte, ahora hay una cierta vuelta a ampliar el abanico de estudio y de ser más pertinente y relevante en el ámbito de la investigación, con mayor incidencia en la complejidad de análisis.

¿Cómo visibilizar este trabajo? ¿Cómo lo hacen ustedes?

En primera instancia, la responsabilidad es de los que ejercemos esta función. Eso pasa por hacerse visibles, y la demanda de su visibilidad existe. Lo que no debemos hacer es encerrarnos en nuestra torre de marfil. En sustitución de una conferencia anual que realizamos, y dada la saturación de eventos online, hemos realizado un documental (Bouncing back. World politics after the pandemic) con la idea de llegar a mayor cantidad de público y ofrecer la misma calidad de voz experta.

¿Qué puede suponer la llegada de Joe Biden para el orden internacional?

De entrada, un cambio en las formas de ejercer la política exterior de EE UU. No lo tendrá fácil debido a factores estructurales, como la creciente desigualdad de la sociedad estadounidense, la creciente polarización ideológica de su población, además de la creciente incidencia de China.

¿Ha salido China reforzada tras la salida de Trump y la situación de la pandemia?

En primer lugar, China se ve reforzada por su propio crecimiento y estrategia, que lleva años fraguándose. Estados Unidos ve recortar la distancia que le separa de China. Sin embargo, los altos niveles de interdependencia entre ambas potencias descartan un escenario como el de la Guerra Fría. Estas potencias pueden optar por una lógica más cooperativa dentro de la competición y no tanto por la lógica de rivalidad que prefería Trump.

¿Podría repetirse un escenario como el de la guerra comercial?

Sí, sin duda. En particular, la rivalidad en el plano comercial, y en muchos otros, como el digital, seguirá existiendo.

¿Qué capacidad de maniobra tiene aquí la Unión Europea?

En el área comercial y de regulación tiene muchísima incidencia. La cuestión de la UE es que no se fragmente su poder, que las decisiones comerciales vayan por un lado y la política de cooperación por otro. La UE debe articular su poder de manera agregada, esto tiene mucho que ver con la voluntad de sus miembros.

¿El mayor problema de la UE es el de­sacuerdo en la toma de decisiones?

Muy a menudo, ejemplos de ello han sido las divisiones sobre cuestiones como Rusia, Libia, Siria o Ucrania, donde no se ha podido tener una posición común. Entonces la cuestión es: qué es mejor para los Estados europeos, una división a causa de perseguir intereses nacionales o la propia UE y la lógica de la acción concertada. Es un debate estratégico que debe tener lugar para poder acordar lo que beneficia más al conjunto de los europeos. El problema muchas veces es cómo vende cada uno esto en casa, que puede ser difícil de entender.

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