La automoción, el impulsor de la descarbonización en 2020

El sector ha sido el protagonista indiscutible, con grandes avances en la fabricación de vehículos de bajas emisiones

El siglo XXI ha traído un nuevo concepto clave para las próximas décadas: la descarbonización. Lanzado a final del pasado siglo, ha sido ahora, tras el éxito de la Cumbre de París en 2015, cuando la descarbonización progresiva se ha convertido en un nuevo objetivo (que no el único) de la política económica, especialmente en la Unión Europea. Este esfuerzo además se presenta como un cambio estructural que, a su vez, aportará oportunidades económicas. En esta nueva década, los planes europeos y español priorizan incorporar a la generación eléctrica a dos grandes sectores: la eficiencia energética, especialmente de edificios, y la descarbonización del transporte, sobre todo el terrestre. Y aquí la automoción se convierte en protagonista.

Para alcanzar sus objetivos la automoción, y España con ella, ha de enfrentarse a un triple reto. En primer lugar, tecnológico: innovar en tecnologías de propulsión más limpias, algunas aún incipientes. En segundo lugar, económico: integrar esas mejoras de modo asequible y rentable y generar un mercado que acepte estas innovaciones. Finalmente, un reto regulatorio: conseguir un marco legislativo que incentive el cambio, pero mantenga el valor actual en forma de empleo y producción.

Estos retos no son fáciles, ni basta con desear superarlos para que se consiga. Un cambio estructural es una idea muy atractiva pero enormemente compleja. Y por ello, lo primero que una sociedad que trabaja junta ha de recordar es que los problemas y oportunidades comunes exigen responsabilidades comunes. En este caso, las empresas han de realizar su tarea; los ciudadanos, asumir su parte de compromiso y, finalmente, las administraciones han de facilitar los medios. Si una de estas tres patas falla, como en una banqueta, el resultado no será el deseable.

Acabado 2020, es buen momento para repasar si la automoción española ha estado al nivel que se le exige, si ha sido un agente proactivo e impulsor de la descarbonización o no. Y la verdad es que, si repasamos el año, podemos ver que la automoción ha sido el protagonista indiscutible. Desde el punto de vista tecnológico, en la actualidad, ya se fabrican en España 16 modelos de bajas emisiones, y en los próximos dos años se esperan al menos otros cuatro modelos eléctricos. Este esfuerzo se extiende a todas las gamas: turismos, comerciales y vehículo pesado, el segmento más complicado tecnológicamente.

Y los datos avalan ese cambio. Hasta noviembre del 2020, se han fabricado en España 47.568 vehículos eléctricos (+280% respecto 2019). Si nos fijamos en los vehículos híbridos enchufables, la evolución es si cabe más espectacular: 72.755 vehículos frente a los 272 del año anterior. Esto, a su vez, ha permitido que la cuota de producción de vehículo eléctrico (batería más enchufable) pase del 0,06% al 6,87% a falta de computar el mes de diciembre. El sector cumple.

En cuanto al mercado, de nuevo el sector se comporta de manera brillante. 2020 ha sido un año de lanzamiento continuo de nuevos modelos cero y bajas emisiones y los resultados demuestran este esfuerzo: con una caída general de las matriculaciones de turismos y todoterrenos del 32,3%, las entregas de turismos electrificados, híbridos y alternativos han crecido un 26,7% en 2020. Los crecimientos más llamativos se dan en los segmentos electrificados, donde los híbridos enchufables se convierten en líderes con 23.301 matriculaciones (tres veces más que en 2019) y un 2,7% de cuota de mercado. Y todo ello, en un contexto muy difícil. Al margen del horror que ha supuesto la pandemia, si nos centramos en aspectos concretos del empuje a la descarbonización, el año acaba sin resolver los obstáculos reales.

Además de la relevante diferencia en precio, que en ocasiones parece que se olvida, la escasez de puntos de recarga en España es un freno enorme. No corresponde a la automoción instalar las nuevas estaciones de servicio, y aun así son continuas las alianzas y esfuerzos de nuestros socios para impulsar la recarga pública. Las mejoras necesarias en los planes de ayuda a la demanda tampoco han ayudado. Tanto el Moves como el ya extinto plan Renove siguen siendo muy necesarios, pero deberían modificarse y ganar en dotación, eficacia y agilidad para ser el complemento a la descarbonización que el sector realmente necesita.

Pero, pese a todo ello, creo que el sector de la automoción, y la sociedad española con él, se puede felicitar por el empuje en favor de la reducción de emisiones. La automoción española cumple, y lo hace con una hoja de ruta clara, estructurada en el Plan AUTO 2020-40 de nuestra asociación. Nuestro modelo de futuro es constructivo, basado en renovar el sector y crecer en paralelo, manteniendo la producción y el empleo que hacen de este sector una de las joyas de la economía española y de las más descarbonizadas. Nuestra visión es alcanzar los objetivos de descarbonización y crear empleo y riqueza, en un sector que supone el 10% del PIB y en un momento en el que ningún país, y menos España, se puede permitir perder puestos de trabajo. Trabajemos en esa dirección todos juntos y, como demuestra 2020, desde luego por nuestra parte no va a quedar.

 José López-Tafall es Director general de ANFAC