La carrera hacia el 6G: pistoletazo de salida

Aunque la mayor parte de sus características son aún ignotas, sabemos que mejorará la velocidad y la latencia respecto a la generación anterior

El progreso tecnológico es un camino sin final, particularmente en un terreno dúctil, fértil y relativamente joven como la digitalización y las telecomunicaciones. Cuando aún están creándose en los laboratorios de marketing los mensajes para la comercialización de los primeros servicios 5G, ya empezamos a hablar de 6G. Es de imaginar el arqueamiento de cejas entre aquellos ajenos al mundo del desarrollo de las tecnologías de la información, la sorpresa entre quienes aún están tratando de identificar aplicaciones de 5G en su negocio o los beneficios que la quinta oleada de telefonía móvil puede aportar a su vida personal.

Sin embargo, y por extraño que parezca, este es el momento en que las empresas tecnológicas comienzan la planificación del camino hacia el 6G. De la mano del 5G tendremos una velocidad de acceso sin precedentes y una latencia extremadamente baja, pero que serán insuficientes para las necesidades de aplicaciones que hoy aún no conocemos. Siguiendo el rastro del desarrollo de la historia de las comunicaciones móviles, podemos avanzar la necesidad de disponer de 6G en un plazo no superior a 10 años, previéndose ya la publicación de estándares en 2028. No debe sorprender por tanto que en la comunicación de febrero de 2020 de la Comisión Europea, Configurar el futuro digital de Europa, se anime a los Estados miembros de la Unión a incluir acciones para el desarrollo del 6G en la revisión de sus planes 5G. En España, la Estrategia de impulso de la tecnología 5G, que se enmarca en la agenda España Digital 2025 y que fue presentada en Consejo de Ministros en diciembre de 2020, se ha alineado con dicha orientación y prevé impulsar líneas de I+D sobre 6G.

Andar el camino hacia el 6G, como pasó con la ruta hacia las anteriores generaciones de telefonía móvil, es una expedición a lo desconocido. La mayor parte de sus características son aún ignotas incluso para aquellos que ya trabajan en el desarrollo del estándar y en la I+D alrededor del 6G. Como en cada salto generacional de telefonía móvil, muchas de las capacidades de 6G tendrán su origen en las limitaciones detectadas en la generación anterior, que solo serán apreciables entre 2021 y 2023, en los primeros años de despliegue masivo del 5G. Sí sabemos que el 6G mejorará la velocidad y la latencia respecto a la generación precedente. Se espera que sobre el 6G puedan ofrecerse velocidades de acceso de 1 Tbps, equivalente a la capacidad para descargar en un segundo 142 horas de entretenimiento en Netflix. La ya extremadamente baja latencia del 5G, de alrededor de 8-12 mseg, será aún más baja en el 6G. En la próxima generación de telefonía móvil también será más perfecta la integración en la infraestructura de red de las capacidades de computación en la nube incorporadas ya en 5G.

Pero además de las características evolutivas respecto a 5G arriba mencionadas, se espera que el 6G disponga de algunas funcionalidades revolucionarias. Una de estas nuevas características es la extensión extrema de sus capacidades de cobertura, que se extenderá a la gran altitud, el fondo del mar y el espacio. Otra característica altamente innovadora de la siguiente generación móvil será la capacidad de manejar hasta 10 veces más conexiones que el 5G en un espacio comparable. El uso por el 6G de frecuencias más altas, en el rango de 95 GHz y 3 THz, será en parte responsable de estas nuevas capacidades. Estas características técnicas explican por sí solas el creciente interés por las comunicaciones satelitales, llamadas a jugar un rol destacado en el 6G.

Las características mejoradas de velocidad, latencia, densidad y computación en red de 6G exigirán también una nueva arquitectura de red. Existe una alta posibilidad de que con la próxima generación de telefonía móvil veamos también la ruptura de la arquitectura jerárquica tradicional en las redes celulares. Los dispositivos conectados podrán desempeñar al mismo tiempo funciones hoy asumidas por las estaciones base, apoyándose en el menor consumo de energía. Este nuevo modelo de arquitectura de red altamente mallada traerá una capilaridad absoluta que facilitará una conectividad global.

¿Todas estas nuevas características son realmente necesarias? ¿Tienen una aplicación real y demandada? Siempre nos enfrentamos al dilema sobre si la tecnología resuelve problemas reales o inventa problemas que resolver. Sin embargo, es cierto que algunas de las aplicaciones necesarias para una transformación digital completa de sociedad y economía están comenzando a vislumbrarse y son de difícil implementación sobre el 5G. En ciertos casos de uso de robótica conectada y sistemas autónomos incluso la baja latencia del 5G puede ser extremadamente alta para garantizar un 100% de seguridad y confianza en un despliegue masivo. No podemos dudar que los retos que aún presenta el 5G para su pleno desarrollo y despliegue serán resueltos. Se encontrarán también las aplicaciones que permitan su monetización, del mismo modo que tras la puesta en servicio del 4G surgió la completa gama de aplicaciones móviles que portamos en nuestro teléfono inteligente. Las urgencias del hoy de la telefonía móvil no deben distraernos totalmente de la importancia de avanzar hacia su futuro, aunque actualmente sea pura labor de I+D. 6G es el nombre de ese futuro aunque aún queden más de 10 años para que sea una tecnología real y funcional.

Emilio García García es Director de gabinete de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales