La irresistible atracción fiscal de las rentas del capital y del ahorro

No parece que los pequeños ajustes de impuestos del Presupuesto muevan montañas, pero de intensificarse en el futuro dañarán la confianza del inversor y el ahorrador

La reforma fiscal ensayada por el Gobierno en el proyecto de Presupuestos, que puede parecer superficial por la escasa intensidad de algunas de sus modificaciones, marca por dónde irán los tiros cuando se haga de manera integral si la situación económica lo permite, y anticipa una tendencia a someter a mayor presión a las rentas altas, procedan de donde procedan, pero especialmente a las que tienen su origen en el ahorro de los particulares y en las que lo tienen en las ganancias de capital. España tiene un desequilibrio entre sus ingresos fiscales y su gasto público muy evidente, y un diferencial de ingresos tributarios relativos con la zona euro bastante abultado, que tiene varias explicaciones, y que van desde tipos bajos o la ocultación de bases imponibles o a un tejido productivo endeble. Tal sistema debe fortalecerse, porque las necesidades de gasto irán a más por el imparable envejecimiento de la población, y no parece que haya muchas alternativas a subir los impuestos. Pero cuáles, en qué cuantía y en qué momento, merecen mayor reflexión que la que genéricamente se recoge en el plan presupuestario que Pablo Iglesias arrancó a Pedro Sánchez hace casi un año.

No parece que los pequeños ajustes de impuestos del Presupuesto vayan a mover montañas. Pero de intensificarse en los próximos años dañarán la confianza de los inversores y de los ahorradores, que en muchos casos no logran distinguir en qué colectivo se encuentran porque pueden ser ambas a la vez. Las subidas de impuestos a las grandes empresas por los dividendos repatriados, el alza del tipo a grandes patrimonios (un impuesto que estaba en vías de extinción y que se rescata de forma estructural), el castigo a los beneficios no distribuidos de las socimis, el alza de tipos a rentas altas de trabajo o capital y la fuerte contracción de la deducción por capitalizar fondos de pensiones privados erosionan las decisiones de inversión y de ahorro de todos los particulares, y no necesariamente solo de los que tienen mejores rentas.

Las socimis o las grandes empresas tienen una base muy voluminosa de accionistas particulares, que estará activamente afectada por las alzas fiscales, como lo están pequeños ahorradores que no encontrarán estímulo alguno a cebar fondos de pensiones en un escenario de creciente incertidumbre financiera de la Seguridad Social, y con deterioro de la base del ahorro en una economía que no tiene precisamente superávit de tal atributo. No carece de sentido buscar vías de ahorro en planes de empleo en el seno de las empresas, ya que hasta ahora y tras 30 años largos no se han abierto camino. Pero el tejido empresarial tan atomizado del país hace complicado que tenga éxito tal propósito, salvo que se disponga como precepto obligado.