Guerra comercial China-EE UU: ¿hacia dónde se dirige?

Empieza a haber la sensación de que Pekín está haciendo un gran negocio a costa del resto del mundo, lo cual provoca desafección en Occidente

El cuarto viceprimer ministro chino, Liu He, y Donald Trump, en octubre de 2019 en la Casa Blanca.
El cuarto viceprimer ministro chino, Liu He, y Donald Trump, en octubre de 2019 en la Casa Blanca. getty images

Durante los dos últimos años, el mundo ha estado pendiente de la evolución de las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos, y de las derivadas económicas, que no solamente han afectado a estos países. El enfrentamiento se deriva principalmente de la intención de la administración Trump de reducir el déficit comercial crónico y, sobre todo, de la anticipación al posicionamiento en la implantación de la tecnología 5G. Pero es un enfrentamiento con consecuencias para terceros que ha provocado una marea de inestabilidad en la evolución económica pre-Covid.

El acuerdo firmado por ambos países en enero de 2020, que fue calificado por el presidente Donald Trump como el mejor acuerdo comercial alcanzado por Estados Unidos en la era reciente, ha quedado muy descafeinado por los efectos de la pandemia. Ya planteaba un crecimiento de las compras de China a EE UU bastante agresivo. Aunque es obvio que en estos momentos no se está cumpliendo, el plazo para su consecución sigue en vigor, con lo que no se podría hablar realmente de incumplimiento.

No deberíamos ser muy optimistas acerca de la evolución favorable del acuerdo, porque la agenda de ambas administraciones no converge en ningún plano: tienen intereses diferentes que continuamente hacen colisionar sus prioridades.

La aprobación por el parlamento chino de la Ley de Seguridad de Hong Kong ha sido una vuelta más de tuerca en esta secuencia de desencuentros. Solamente cuatro días antes de su aprobación, el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, había acusado a Washington de “estar llevando la relación hacia la guerra fría”.

Estados Unidos está en plena campaña para sus próximas elecciones y la relación con China gravita como un elemento fundamental que tiene una gran influencia en la decisión final de los electores. Tres de cada cuatro estadounidenses tienen una muy mala opinión de China y acusan al país asiático de una u otra manera de ser responsable de la situación económica que están padeciendo. Si bien las estrategias de Trump y de Joe Biden son diferentes, ambos coinciden en no bajar la guardia frente a China.

Por otra parte, el gigante Huawei mantiene con el Gobierno chino un protocolo de entendimiento con el objetivo de situar el país como líder tecnológico en el horizonte de 2025. Este propósito conlleva un férreo control de la entrada de tecnología extranjera al país asiático y la obligación de compartir información entre la empresa y el Gobierno. La tecnología 5G está empezando a implantarse de forma general en países como Corea del Sur y la propia China, y por consiguiente Estados Unidos y el mundo occidental no pueden quedarse atrás en este desarrollo. En España, Telefónica tiene previsto tener cubierto el 100% del territorio nacional con fibra y ser líder en la implantación de la tecnología 5G en nuestro país.

Esta rivalidad tecnológica mundial va a afectar de forma determinante al modo en el que se entenderá el comercio internacional en esta nueva fase. Está sobre la mesa el planteamiento del back to the basics, que supondría desglobalizar parte de lo globalizado en las últimas décadas. No sabemos qué pasará, pero sí sabemos que estamos en un momento disruptivo en el que el control político de las relaciones comerciales será cada vez mayor. Reino Unido anunció hace unas semanas un nuevo Tratado de Libre Comercio con Japón en su nueva etapa post-Brexit. Y todo está interconectado.

¿Podría pensarse entonces que es posible una ruptura unilateral americana del acuerdo? En mi opinión, es un escenario muy factible. Dependerá de hasta qué punto sean capaces los americanos de sostener su economía en el corto plazo sin China y, sobre todo, de la rapidez con la que el plan para reordenar la dependencia de la cadena de valor de suministros se desplace del gigante asiático a esferas de influencia de Estados Unidos.

La maquinaria china ya está funcionando a todo pulmón y se empieza a tener la sensación de que, una vez más, China está haciendo un gran negocio a costa del resto del mundo, lo que produce un sentimiento de desafección hacia este país no solo en Estados Unidos, sino en el mundo occidental en general y en sus consumidores.

Ramón Gascón Alonso es profesor en la Universidad Nebrija y miembro de la junta directiva del Club de Exportadores e Inversores de España