La creatividad será la habilidad más buscada en el poscovid

La recapacitación de los empleados es más urgente que nunca en el nuevo contexto

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Durante los últimos años, las compañías han comenzado a tomar conciencia sobre la necesidad de reciclar a sus profesionales para que sus conocimientos no se queden obsoletos. Una preocupación que tomó fuerza como consecuencia de la creciente automatización, ya que era necesario reubicar a parte de esos trabajadores que realizaban tareas que ahora realizan las máquinas. Con la pandemia, la digitalización se ha acelerado y, por tanto, también la obligación de formar a los empleados para adaptarlos al nuevo contexto.

A pesar del auge de las nuevas tecnologías, no es el mejor manejo de las mismas la capacidad más demandada por parte de las empresas, sino la creatividad. Así lo ilustra el informe Las empresas españolas frente a la revolución del reskilling, elaborado por EY y Future for Work Institute, que revela que el 91% de las compañías espera que su demanda de esta habilidad crezca entre 2020 y 2022. La recopilación y evaluación de información (87%), el análisis de información numérica (85%), el trabajo en equipo (81%) y el coaching (76%) completan la parte alta de la tabla. Mientras tanto, destrezas puramente tecnológicas, como es la programación de software (72%) no aparecen hasta la sexta posición.

Unos resultados que Santi García, cofundador de Future for Work, asocia a que el principal reto del contexto actual viene marcado más por una complejidad vinculada a la incertidumbre que a la falta de desarrollo tecnológico. “Para gestionar situaciones difíciles a las que nunca nos hemos enfrentado antes, a nuevos problemas, se necesitan soluciones creativas”, expone el experto.

No obstante, a la hora de ejecutar esta recapacitación, el estudio –en el que han participado los responsables de recursos humanos de las empresas– detecta dos grandes barreras: la falta de sentido de urgencia (96%) y la falta de orientación al aprendizaje (93%) de los trabajadores. Un resultado sobre el que, según García, las empresas no deben eludir su parte de responsabilidad. Estas son conscientes del peso que tanto las acciones orientadas a mejorar la concienciación de la importancia de mantener la empleabilidad (59%) o de estar al día sobre los cambios que se producen en el entorno (50%) están entre las medidas más efectivas, pero menos de un tercio de las compañías lleva a cabo estas prácticas. Solo el 24% y el 30%, respectivamente, reconoce que este tipo de medidas están consolidadas en su organización.

“Si las compañías aseguran que son conscientes de las barreras y que saben qué es lo que se puede hacer para romperlas, pero no lo están haciendo, algo falla”, expone el portavoz de Future for Work. Además, existe una correlación inversa entre el tiempo que lleva una persona en una empresa en concreto y su preocupación por la formación continua, lo que para el experto evidencia un fracaso en la manera en la que se está gestionando la formación desde los recursos humanos. “Si a medida que se pasa más tiempo en las empresas, la llama del interés se apaga, hay algo que se está haciendo mal o que no se está haciendo”, desarrolla.

Para corregir esta brecha, García insiste en que no hay que quedarse solo en la primera parte del problema: no basta con concienciar a los trabajadores sobre la urgencia de actualizarse, sino que hay que dotarles de orientación, recursos y espacios seguros donde reconozcan sus carencias y necesidades de desarrollo. La cultura, admite, es otra de las grandes barreras: “Cuesta encontrar espacios donde la gente pueda aceptar sin problema que no sabe hacer las cosas”.

Asimismo, García insiste en que la responsabilidad sobre la recapacitación debe ser compartida entre empresa y empleados. “Que la obligación recayese solo sobre la compañía tenía sentido cuando lo habitual eran los trabajos para toda la vida, pero tampoco se puede llegar al extremo contrario”, continúa. Especialmente en un entorno tan cambiante, donde la velocidad de las transformaciones no deja de aumentar. “Las empresas tienen que concienciarse de hasta qué punto son dependientes de las personas que están trabajando en ella. Su supervivencia está supeditada a tener a la gente correcta”, sentencia García.

La formación, sin embargo, no siempre es una cuestión reglada, sino que también puede ser fruto de una cultura donde se permita el aprendizaje colaborativo e informal. El informe revela que la enseñanza entre pares o compañeros es la más efectiva (74%), mientras que los cursos internos quedan en segunda posición (63%). “En las organizaciones hay mucho conocimiento tácito, del día a día, que la propia empresa no puede explicar, solo podría hacerlo algún compañero que ya se dedique a eso”, completa el portavoz de Future for Work.

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