¿El riesgo de una nueva oportunidad perdida para España?

Se puede transformar la economía con las ayudas europeas, pero el crédito del Gobierno está lejos del exigido por Bruselas

¿El riesgo de una nueva oportunidad
perdida para España?

Termina el verano y parecen hacerse realidad todos los presagios que, durante meses, vaticinaban un rebrote de la enfermedad “en otoño”. Lo cierto es que llevamos semanas viendo cómo el virus avanza de manera incontrolada en nuestro país.

Muchos nos preguntamos qué hemos hecho mal para estar en la peor situación de Europa y tener una de las mayores tasas de incidencia acumuladas a nivel mundial. Puede parecer normal que los ciudadanos de a pie lo hagamos, pero no deja de ser sorprendente que las autoridades, a todos los niveles, incluso los supuestos responsables nacionales, no tengan respuestas y escondan la cabeza cuando son interrogados al respecto.

En esta situación, el miedo y la ansiedad está aumentando, no solo por las decisiones que restringen la movilidad y la actividad sino por la desconfianza en el futuro y el impacto en la economía, devastada por los efectos de la primera ola y el posterior fiasco de la campaña de verano en el turismo tras las recomendaciones de no viajar a España por parte de muchos países o la exigencia de cuarentena a los viajeros procedentes de nuestro país.

No es mi objetivo analizar la conveniencia de las decisiones implementadas durante estos meses para luchar contra la pandemia, si bien es evidente que se actuó tarde en la primera ola y no se ha hecho prácticamente nada para prevenir la segunda, pero la realidad es que el efecto en la economía ha sido devastador. Nuestra dependencia del turismo y de la restauración, la hostelería y el ocio, en un porcentaje mayor al del resto de países desarrollados, además del efecto del cierre de la actividad global (en España las exportaciones representan el 34% el PIB y su aumento facilitó la salida de la crisis anterior) pesa como una losa en una economía sin recursos (tras renunciar a la senda de consolidación fiscal acordada con Bruselas en los dos últimos años) y con la segunda mayor tasa de paro de la UE al iniciarse la pandemia.

Cierto es que se tomaron medidas en materia económica y laboral muy importantes durante la etapa de confinamiento, sin las cuales es muy probable que ahora mismo estuviéramos en una situación mucho peor. A destacar los avales y préstamos ICO, los ERTE y las moratorias de algunas figuras fiscales junto con la decidida actuación del Banco Central Europeo, asegurando la liquidez del sistema bancario y comprando toda la deuda soberana que sea necesario para asegurar la financiación del Estado a un coste ridículo.

No obstante, la forma en que esta batería de medidas se ha ido tomando a nivel nacional, da la impresión de improvisación, falta de decisión y contradicción, lo que no ayuda a otorgar seguridad a trabajadores y empresas.

Generar confianza es, seguramente, el primer paso para consolidar la recuperación. Sabemos que hay sectores que van a seguir muy afectados por las restricciones a la movilidad y por el distanciamiento obligatorio. Hay que seguir ayudando a los mismos para que los cierres parciales no se conviertan en definitivos. Las prórrogas provisionales de las medidas no ayudan a generar confianza. Todo lo que sea disminuir renta disponible a empresas y familias en este contexto hará que muchas echen el cierre definitivo. No es momento de incrementar impuestos ni de poner trabas a la creación de empleo, como supondría la contra reforma laboral. Los empresarios necesitamos confianza para poder contratar e invertir y para ello la seguridad jurídica es clave. Por supuesto, la racionalización del gasto público es más necesaria que nunca y la Administración debería dar ejemplo, eliminando cualquier gasto superfluo.

Tenemos una oportunidad increíble por delante. Nunca hemos tenido un coste de la deuda tan bajo como ahora, gracias a las políticas del BCE. Si no fuera por ello, con el aumento del déficit y la deuda que ya estamos sufriendo y que lo seguirá haciendo a cifras récord en los próximos meses, nuestras finanzas serían insostenibles. Pero podemos recibir una importante cantidad de dinero en los próximos años destinada a modernizar nuestra economía. Sin embargo, si no nos dotamos de credibilidad, con un plan serio y realista de inversión, corremos el riesgo de que todo se desmorone como un castillo de naipes. La unidad de acción entre todas las fuerzas políticas, administraciones y agentes sociales vuelve a ser imprescindible.

La Unión Europea está dispuesta a darnos mucho dinero, pero las condiciones para hacerlo son claras: reformas estructurales de calado (en mercado laboral, pensiones, educación, sanidad, administración) y planes precisos de inversión en sectores clave para el futuro (digitalización sector público, transición ecológica, mejora de comunicaciones para empresas y familias -fibra y 5G-, …). La oportunidad de transformación es evidente, pero es preciso un plan creíble de actuación pero, lamentablemente, el crédito de nuestro Gobierno está muy lejos del exigido en Bruselas, ya que aquí se dedican a lanzar fuegos de artificio y se empeñan en dilapidar el poco rédito que las reformas del pasado nos otorgaron, además de generar más ansiedad en la sociedad por el empeño en dinamitar la estructura del Estado que nos ha permitido vivir el periodo de mayor desarrollo y progreso de nuestra historia contemporánea.

José Miguel Maté es Consejero delegado de Tressis