Gestión, recursos e incentivos, la reforma integral que pide la educación

Los expertos analizan fórmulas para mejorar la calidad del sistema educativo

“La educación es un proceso que no termina nunca”. Así opinaba Josefina Aldecoa, una de las más destacadas pedagogas españolas y experta en innovación de la gestión educativa de la historia reciente. Sin embargo, en España existe también la percepción de algo ina­cabado relacionado con la formación de su población y es que “siempre tenemos la sensación de que el diseño del sistema educativo está sin culminar”, asegura Santiago Carbó, catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Granada y director de estudios financieros de Funcas.

Con esta reflexión arrancaba este profesor, que ha vivido y trabajado muchos años fuera de España, su intervención en el debate sobre educación organizado por el Foro Futuro, una iniciativa de CincoDías y el grupo Santander para analizar las tendencias económicas. En esta ocasión cinco expertos en distintas áreas formativas han dado su opinión acerca de los problemas del sistema educativo español y, sobre todo, han apuntado unas cuantas ideas para mejorarlo.

Una de las primeras cuestiones que surgen al abordar la problemática de la educación es la importante polarización que existe en el debate público, algo que suele proyectarse luego en las leyes y reformas del sistema. No obstante, Ainara Zubillaga, directora de educación y formación de la Fundación Cotec para la Innovación, precisó que “aunque los planteamientos políticos están muy inflamados, en la comunidad educativa hay mucho más acuerdo técnico que el que se proyecta”.

De hecho, apuntó que ese consenso se da tanto en el diagnóstico de la situación como en los puntos que deberían reformarse para mejorar el funcionamiento del sistema.

En cuanto al diagnóstico, Zubillaga apuntó que los aspectos más débiles en materia educativa en España se resumen en: su elevada tasa de abandono escolar temprano (17,3%), que ha llegado a duplicar la media europea; el claro estancamiento en los niveles de educación secundaria posobligatoria, que hacen que España tenga una “estructura de cualificaciones de reloj de arena”, con muchas personas sobrecualificadas y otras tantas infracualificadas (el 47% de la población activa no tiene una titulación acreditada), pero pocas titulaciones medias; y finalmente, la necesidad de avanzar en la educación de 0 a 3 años. “La evidencia ha demostrado que lo que se hace en esos primeros años tiene un impacto muy directo en años posteriores, afirmó la directora de educación de Cotec.

Para Fernando Fernández, profesor de Economía del IE Business School, una de las “ausencias clamorosas” del sistema educativo español es precisamente la falta de implantación de la educación del primer ciclo de educación infantil. “Para hablar de igualdad de oportunidades todos los estudios coinciden en la importancia de la educación preescolar. Pero en España se ve como un aparcaniños para que los padres puedan trabajar”, se quejó Fernández. Hecho este diagnostico, es cierto que existe un importante grado de coincidencia en las áreas del sistema que los expertos apuestan por mejorar. Se trata de varias cuestiones que, según Zubillaga, logran el consenso de los técnicos y son comunes a todas las etapas de la enseñanza.

Qué hay que cambiar

La primera de ellas se refiere a la necesidad de desarrollar una carrera profesional docente. En este punto, Fernández sugirió algo que no estaría exento de polémica: la conveniencia, a su juicio, de un adecuado sistema de incentivos para el profesorado que permita incluso diferenciar el sueldo de los maestros en función de sus resultados y la consecución de objetivos. Si bien, el profesor del IE Business School cree que sería una medida difícil de implantar por lo que llama “un elevado grado de captura sindical”, en clara referencia a los altos niveles de sindicalización de una parte del profesorado.

Esta sugerencia lleva a otra de las cuestiones que los expertos coinciden en que habría que reformar: la organización de los centros, para reforzar su autonomía y los sistemas de evaluación. Concretamente, varios de los participantes en este foro apelaron a la necesidad de reivindicar la figura de los gestores de los centros educativos, “a los que hay que profesionalizar, formar y pagar”, insistió Fernández.

Por su parte, Susana García Espinel, directora de Santander Universidades y Universia España, reivindicó esta autonomía en especial en el campo universitario, donde, según dijo, se centra en algo que, en su opinión, “es lo menos importante: la elección del rector”. En su lugar, añadió que lo que la universidad necesita es una nueva ley que permita su autonomía total con la exigencia de rendición de cuentas, y facilite un funcionamiento más flexible, sin corsés burocráticos”.

Asimismo, Francisco Pérez, catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Valencia y director de Investigación del Ivie, resumió un sentir generalizado entre los agentes del sector respecto al funcionamiento del sistema: “La evaluación, o no existe, o si existe no tiene las consecuencias necesarias”.

En tercer lugar, los miembros de la comunidad educativa apuntan al currículo como algo que también debería experimentar cambios de calado. Se refieren con ello a que los planes de enseñanza “son extensísimos y obsoletos además de muy enciclopédicos y con poca formación en otras habilidades”, criticó Zubillaga.

Optimización de recursos

En contra de lo que pudiera esperarse, las demandas de una mayor financiación no fueron algo generalizado por parte de los participantes en el foro. De hecho, varios de ellos precisaron que más que una mayor financiación sería conveniente dar un mejor uso de los presupuestos de los que se disponen. Y creen que los recursos deberían llegar, en mayor medida, por la vía del capital humano.

Aunque hablando de financiación, Pérez introdujo una variante, al reprochar la fuerte irregularidad en el gasto por alumno a lo largo de los últimos años. A esto unió otra crítica porque “el peso de la educación en el gasto público ha bajado, lo que quiere decir que se ha descansado un mayor peso en las familias y eso da lugar a grandes desigualdades”. Y, según destacaron todos, la importancia del entorno familiar (la renta y titulación de los padres) es decisiva en los resultados.

Por eso, tanto Fernández como Zubillaga defendieron que buena parte de los recursos deben destinarse a una “educación compensatoria” para acortar las desigualdades. Ante lo que Pérez dijo que “en los sistemas educativos que mejor funcionan el entorno familiar importa menos y eso lleva a que la equidad mejore las medias”. Y añadió que todas esta mejoras son necesarias porque “España está muy lejos de la igualdad de oportunidades a la que los sistemas educativos desarrollados deben aspirar”.

La urgencia de conectar formación y empresa

La financiación pública de universidades en España es un 14,5% inferior a la de la media de la Unión Europea. Y en este escenario de reducción financiera constante destaca la resiliencia de las universidades, que a pesar de ello han mejorando en cantidad y calidad. Así, cada euro de gasto público en la enseñanza superior se traduce en un alza del output de 8,3 euros en la economía. Esta argumentación llevó a la directora de Santander Universidades y Universia España, Susana García Espinel, a asegurar que “la universidad ha hecho los deberes, pero ahora la empresa debe aumentar su demanda del talento universitario”.

Esta opinión se enmarca en lo que viene siendo una queja constante tanto entre los agentes educativos como los económicos: la falta de conexión entre el ámbito de la enseñanza y el mercado laboral. Esta desunión es otra de las cuestiones que suele aparecer habitualmente entre las reformas pendientes del sistema.

En este sentido, Francisco Pérez, catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Valencia y director de investigación del Ivie, consideró que existe mucha información para afinar los diagnósticos y que las propuestas de cambio para estrechar la relación entre el sistema educativo y las empresas fueran bien encaminadas. Así, añadió que “si sabemos que los contenidos formativos condicionan la inserción laboral, toda esa información debería usarse más tanto para el diseño formativo como para orientar a los que tienen que elegir la formación”.

Y es que otra de las ausencias destacadas a la hora de optimizar la relación entre ambos mundos es la de los orientadores, según opinó García Espinel. “Nos falta muchísima orientación académica. Los estudiantes terminan secundaria y no saben cuál es su vocación o qué saben hacer mejor; así que una mayor orientación universitaria y laboral tiene hoy mucho recorrido”, añadió la directora de Universia.

Además, consideró que “las empresas muchas veces no saben cómo acercarse a la universidad, desconocen, por ejemplo, aproximarse para solventar una necesidad muy concreta de una cadena de producción”. Por ello esta experta cree que “hay que quitar el miedo a las empresas a que acudan a la universidad a buscar soluciones”. Algo parecido afirmó Santiago Carbó, catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Granada y director de estudios financieros de Funcas: “Hay que hacer una estrategia horizontal para que las pymes puedan utilizar estudiantes formados digitalmente”.

Por su parte, Fernando Fernández, profesor de Economía del IE Business School, aportó otra idea, que consiste en establecer una mayor coordinación entre los gerentes de los centros educativos y los directores de las oficinas públicas de empleo.

Los efectos de la pandemia

  • Brecha digital. Si hay algo en lo que todos los participantes en el Foro Futuro coincidieron es en que el impacto de la pandemia de Covid-19 ha marcado un antes y un después en el mundo de la enseñanza, poniendo frente al espejo muchas carencias del sistema. Fundamentalmente alertaron de que la pandemia ha puesto de manifiesto una importante brecha digital entre el alumnado que habrá que corregir si no se quiere que sus efectos sean devastadores. En este sentido, Santiago Carbó, lanzó una seria advertencia: “Puede que tengamos una emergencia social en ciernes con un preocupante y previsible incremento del abandono escolar por el impacto de la pandemia”.
  • Fuga de cerebros. Otra de las demandas escuchadas en el foro fue la de Susana García Espinel quien reclamó un “plan urgente para el retorno de los mejores” y frenar así la denominada fuga de cerebros.
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