Señales esperanzadoras en el sector del automóvil

El nuevo escenario exige sensibilidad a la Administración y reflejos en las empresas

El pulso del sector del automóvil es un indicador básico de la salud de la economía española. Si es débil, deben encenderse las alarmas; si es fuerte, despeja preocupaciones. Esto ocurre en el ámbito doméstico, en el que un mercado del automóvil activo indica salud general de la industria, pero sobre todo muestra confianza de los consumidores al adoptar una de las decisiones de compra más importantes en la economía familiar. Y también señala vigor en el comercio internacional, en el que, junto al sector agroalimentario, el automóvil es uno de los principales capítulos exportadores.

El coronavirus cerró las fábricas de coches con el parón decretado a las actividades no esenciales, y hundió sus ventas en las peores semanas de la pandemia. El largo periodo de postración por el Covid-19, en el que el frenazo ha llegado a niveles dolorosos en unas compañías inmersas, además, en una revolución tanto tecnológica como de uso del producto, ha puesto a prueba la salud de la automoción española, doblemente debilitada por contar con centros de producción, pero no de decisión.

Algunas señales, sin embargo, sugieren que lo peor puede haber pasado y dan pie a la esperanza. Los datos avanzados por Ganvam sobre la evolución de las ventas en agosto van en ese sentido. Si en julio crecieron un 1% (frente al 40% de caída anual), eso se interpretó como el cierre de operaciones prepandemia. Pero las ventas en el siempre flojo agosto han crecido un 11,4%, frente a igual mes de 2019, mucho antes de que el Covid atacase con su virulencia global. Esto sugiere que, a pesar de las dificultades económicas de las familias, hay una demanda embalsada dispuesta a actuar. El cambio de tendencia en julio del mercado de coches usados tras cuatro meses a la baja es otra prueba.

Ese nuevo y deseable escenario obliga a duplicar la sensibilidad de la Administración con el sector, más allá del Plan de Impulso a la Cadena de Valor de la Industria de la Automoción, hacia una Movilidad Sostenible y Conectada, tan largo de nombre como corto en las ayudas. Pero también le exige a las empresas una adaptación rápida en medidas de protección de las plantillas y una acción decidida, y tal vez conjunta, que despeje dudas a los potenciales compradores.

La matriz de Volkswagen en Alemania ha solicitado en su fábrica de Navarra flexibilidad al alza “gracias a las buenas perspectivas y a la recuperación de las ventas”, lo que motivaría nuevas contrataciones. Es un rayo de luz, como que la otra filial española del grupo, Seat, cerrada en agosto y que cuenta en Martorell con la mayor fábrica de coches de España, haya decidido trabajar también tres de los cuatro sábados de septiembre para recuperar la producción. Es de esperar que los rebrotes no apaguen estas buenas señales.