Estados Unidos año 2020: “Norte y Sur”

Las tensiones entre ricos y pobres se acentúan en un país que ha perdido de un plumazo la riqueza de los últimos cinco años por impacto del Covid

Manifestación del movimiento Black Lives Matter en Nueva York.
Manifestación del movimiento Black Lives Matter en Nueva York.

De un plumazo desapareció la riqueza generada en EEUU en cinco años. El PIB se derrumbó 9,5% en el segundo trimestre. Anualizada, la caída sería el 32,9%. No se consuela quien no quiere: economistas encuestados por Bloomberg, WSJ y Standard&Poors pronosticaban un desplome del 35%.

Tras los números hay personas. 30 millones de estadounidenses reciben actualmente subsidio de desempleo o cheques de 600 dólares enviados por el Gobierno. Lo hizo Bush en la depresión de 2001-2002, tras los atentados del 11S, lo repitió Obama en 2009-2011 y, ahora, Trump, en el segundo trimestre, gracias a los paquetes de estímulos impulsados por Congreso y Casa Blanca. Ese dinero no ha sido suficiente para estimular el consumo, que supone el 70% del PIB norteamericano y ha caído el 46%; tampoco la inversión empresarial. Donde más han caído los gastos de los hogares ha sido en los servicios: peluquerías, dentista, restaurantes, etc. Se nota incluso en uno de los barrios más ricos del país: Beverly-Hills, donde viven muchos/as grandes de Hollywood y billonarios. Una conocida, chino-americana y dentista me dice: “hay navajazos entre colegas por conseguir clientes” (la traducción de la frase no es literal: su sentido, sí).

El resto del país está peor. En el Sur (Arkansas, Mississippi, Tennessee, los tres estados más pobres de la Unión con mayoría afroamericana) apenas hay consumo, excepto en alimentación. El movimiento #Blacklivesmatter, en Dixie –como se denomina al Sur– brilla por su ausencia: negros y blancos tienen otra preocupación: sobrevivir. América, el país más rico del mundo, que supone un 25% del PIB global, tiene 48 millones de pobres de solemnidad. Ahora se realiza el Censo y en meses habrá datos actualizados, conforme el coronavirus ha afectado a la vida y muerte de las personas y al aumento de los desheredados. Por contraste con las zonas progresistas del país (California y Nueva York, por ejemplo, por ser emblemáticas y motores económicos), en el Sur negros y blancos comparten tristezas. Parece que el tiempo se hubiera congelado en 1935, cuando nació Elvis Presley en un paupérrimo chamizo de una habitación, en Tupelo, Mississippi. Este agosto se cumplirá el 50 aniversario de un hito importante de la vida del Rey del Rock&Roll (Bill Clinton me dijo que, como fan de Elvis, suscribía la máxima de: “aquí no necesitamos monarquía; ya tenemos rey”).

Poco ha cambiado Tupelo desde 1935. Pobres entonces, pobres hoy. Como dijo Obama en Atlanta (Dixie, naturalmente) en el funeral del líder de los derechos civiles John Lewis, “hace falta una inquebrantable perseverancia” para, pasadas décadas y viendo que las cosas no cambian, no tirar la toalla. Lewis estuvo con Martin Luther King en Selma (Alabama, Dixie), hito en la lucha por los derechos civiles. Y, cuando parecía que se iba a producir un punto de inflexión (1968), con disturbios en las calles como los de ahora…, no cambió nada: King fue asesinado en abril en Memphis, para consternación de Elvis, que allí vivía y, en su honor, hizo dos canciones (“If I can dream” e “In the ghetto”), actuales entonces y hoy. Bobby Kennedy murió tiroteado en LA, tras ganar las primarias demócratas de California en junio del 1968. Su “plataforma electoral”, era “Luchar contra la pobreza”. En agosto de 1968, la Convención demócrata para elegir candidato a la presidencia (LBJ, Johnson, con una fuerte depresión, decidió no presentarse para un segundo mandato, decepcionado por la marcha de la Guerra de Vietnam: en enero de ese año, “Westy” –William Westmoreland, jefe de las fuerzas norteamericanas en Vietnam– prometía a Johnson que los comunistas estaban derrotados (Vietcong y NVA): en febrero, aprovechando la Tregua del Tet, Giap y Ho Chí Minh lanzaron la ofensiva del Tet, llegando a la puerta de la embajada americana en Saigón.

50 años después las desigualdades sociales y raciales que denunciaban Kennedy y King son las mismas. Con algunos factores propios de estos tiempos: aunque, tras la Gran Recesión iniciada en 2008 hubo la racha de crecimiento económico y creación de empleo más larga de la historia desde 1959, la realidad es que aquellas desigualdades estaban, como la inflación subyacente, presentes, pero bajo la mesa. El coronavirus, que ha costado el empleo a 40 millones de estadounidenses, ha sacado del armario las quejas de los negros y de los homeless de Seattle y Nueva York.

Y, además, hay realidades paralelas, como en Matrix. El 29 de julio testificaban ante el Congreso los presidentes de las Big-Tech, Apple, Google, Facebook y Amazon, acusados de dominar el mercado, matar la competencia, controlar toda la publicidad online, no respetar la privacidad… En Washington y en los medios de comunicación no se hablaba de otra cosa. Y, un día después, seguían hablando de esas empresas, pero por otro motivo: presentaron resultados trimestrales récord en facturación y beneficios (con la excepción de Alphabet-Google, que no aumentó como se esperaba sus ingresos por publicidad). Y sus valores subieron en bolsa, aupando al Nasdaq, con levísimas bajadas de Dow Jones y SP-500.

La América que arde por las desigualdades es compatible con la de las cuatro empresas más valoradas del mundo.

Mientras tanto, Trump ha vuelto a salir por peteneras, sugiriendo posponer las elecciones presidenciales del 3 de noviembre, porque teme fraude en el voto por correo en el mismo momento en que Biden le supera en las encuestas… Peregrina idea del presidente, que ni siquiera los suyos han apoyado.

Esta es la América que encontraré en California, Florida, Michigan, Nevada, Nueva York y Washington, este agosto… A ver en Memphis...

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