Al elaborar el informe semestral, transparencia contra el Covid-19

Los estados financieros serán más complejos y menos resumidos que nunca en un entorno lleno de interrogantes

Al elaborar el informe semestral, transparencia contra el Covid-19

Si la información semestral que los emisores de valores reportan al mercado siempre interesa para conocer cómo está siendo el ejercicio, este año cobra una relevancia especial para los grupos de interés porque recoge por primera vez los efectos en las cifras que haya podido producir el Covid-19 en la actividad de cada empresa, especialmente durante el segundo trimestre de 2020.

Los estados financieros de un cierre intermedio tienen un contenido resumido o condensado, en aplicación de la norma IFRS (NIC 34), que implica mencionar los hechos importantes acaecidos en el periodo, remitiéndose para todo lo demás al último cierre anual. Es decir, asumen que “todo sigue igual”. Lo que ocurre es que habrá pocos periodos intermedios en que de forma generalizada esta frase no pueda ser menos cierta y esto requiera realizar estimaciones adicionales y por tanto realizar más desgloses en unos estados financieros que serán menos resumidos que nunca en un entorno macroeconómico, operativo, e incluso sanitario, con varias interrogantes e incertidumbres.

Los supervisores no han sido ajenos a esta compleja situación y han trasladado las expectativas que esperan encontrar en los informes semestrales.

El ESMA (European Securities and Markets Authority) ha puesto el acento en la necesidad de asegurar la transparencia y consistencia en la información emitida al mercado sobre los efectos del Covid-19. ¿Y cuál es la expectativa? Identifica como aspectos clave: a) el análisis del eventual deterioro de activos no financieros y registro de otros efectos contables, b) desgloses ampliados en las cuentas intermedias y en el informe de gestión intermedio y c) presentación transparente de los efectos en la cuenta de resultados y en las medidas alternativas del rendimiento (MAR).

1. Deterioro de activos no financieros y contabilización de otros efectos. La estimación que mayores quebraderos de cabeza puede generar ahora es la de determinar si los activos no financieros se han deteriorado. En los balances de muchas compañías se contabilizan fondos de comercio por adquisiciones cuya recuperación y valor viene marcado por la estimación de la caja que van a generar esos negocios.

La norma contable exige actualizar las estimaciones si hay indicadores de que esta caja futura puede haber variado. Este ejercicio se suele realizar una vez al año coincidiendo con el cierre de cuentas, pero los efectos de la pandemia pueden llevar a muchas compañías a enfrentarse ahora a un ejercicio complejo de estimación del futuro, por las incertidumbres y la enorme dificultad de prever qué efectos se producirán en 2020 y cómo será la recuperación. Esto se aplica también a otros activos no financieros y a los créditos fiscales, ya que las estimaciones deben ser consistentes.

Asimismo, dependiendo del sector, la parada de actividad genera impactos en el cierre semestral como, por ejemplo, el deterioro de activos financieros (cuentas a cobrar), el valor neto de realización de los activos; el reconocimiento de ingresos, especialmente si se registran por grado de avance; estimaciones por los compromisos con los empleados, o los cambios en arrendamientos, entre otros. En definitiva, es importante asegurar que se capturan de forma adecuada todos los efectos contables derivados del Covid que van más allá del deterioro.

2. Desgloses ampliados en las cuentas intermedias y en el informe de gestión intermedio. La necesidad de realizar estimaciones para reflejar los impactos mencionados traslada a los desgloses una mayor relevancia para que los usuarios de la información financiera puedan entender bajo qué premisas se han realizado y el grado de incertidumbre asociadas. En algunos casos, estos desgloses deberán ser similares a los que se detallarían en una memoria anual.

3. Respecto al informe de gestión, el ESMA requiere que se desglosen los efectos de la pandemia en la estrategia, operaciones, evolución financiera y flujos de efectivo, así como las medidas adoptadas para afrontar y mitigar los efectos de la pandemia en las operaciones.

Asimismo, se insiste en una presentación transparente de los efectos en la cuenta de resultados y en las medidas alternativas del rendimiento (MAR o APMs). Puede existir la tentación, en aras a la transparencia, de completar las cifras financieras con medidas alternativas del rendimiento que traten de eliminar los efectos del Covid-19. La recomendación del supervisor es mantener tanto la estructura de cuenta de resultados como las medidas alternativas del rendimiento, y proporcionar desgloses cualitativos y cuantitativos que permitan entender mejor los efectos sobre las cifras.

Por supuesto, lo primero que debe evaluarse por las compañías de forma realista es la capacidad para continuar como empresa en funcionamiento y atender a las necesidades de tesorería con normalidad. De este primer análisis derivan todos los demás y es crítico el desglose de los factores que han podido causar dudas sobre la aplicación de este principio, así como los aspectos que se han considerado mitigantes de dichas dudas y las incertidumbres asociadas.

En definitiva, este proceso de cierre supone un reto y una alta complejidad a la que los profesionales de los preparadores, supervisores y revisores de la información financiera nos vamos a enfrentar, cada uno desde su rol.

Sin duda, las compañías dedican grandes esfuerzos para explicar lo que está detrás de los números, y esta es una buena ocasión de redoblar ese esfuerzo y compromiso con la transparencia y tratar de utilizar un lenguaje lo más comprensible posible para reforzar la confianza en la información financiera que se publica y que contribuye de forma decisiva al funcionamiento del mercado de capitales, y con ello a la generación de actividad, empleo y bienestar.

 Borja Guinea es socio responsable de Auditoría de KPMG en España